Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Campamentos de Tinduf: “¡Libertad… libertad!”

Se esperaba y ha llegado...

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

Es lo que más teme Argelia y su Polisario. La gente comienza a hablar de libertad. ¿Libertad de qué y por qué?

Libertad de dejar de ser lo que son, desde hace 43 años: rehenes y objeto de escaparate para la mendicidad. Libertad de ser lo que habían sido: verdaderos saharauis con dignidad y orgullo al servicio de su país y no de miuras hegemonistas de otro. Libertad a decir su destino.

Libertad, una palabra que asusta a la cúpula del Polisario, acostumbrada al miedo a la represalia y a la indiferencia para salvar lo que se puede salvar.

Libertad la palabra vedada durante decenios que vuelve a hacer flote. La gente que va descubriendo la realidad: ¿Dónde estaba, donde está y donde puede quedarse de no levantarse contra la tiranía?

Algo se mueve en estos tristes campamentos, donde la tristeza va eclipsándose ante la esperanza de poder llegar, un día no muy lejano, al otro lado del telón de acero argelino-polisarista.

Las informaciones aportadas por la quinta columna en Layun o Dajla ya no las creen ni los caciques del Polisario. Argelia tiene razón en esto: son una banda de inútiles que no sirven para nada… ni siquiera a la traición de su país y de su gente.

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