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Campamentos de Tinduf/Preguntas indiscretas: La estrategia de la impotencia

Tiempo de alzar la voz

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

La población de este gulag argelino de Tinduf de hoy no es la de ayer. Su concepción de Argelia y de su milicia del Polisario ha dado un giro de 180 grados.

La gente pregunta y quiere saber: 47 años después ¿Qué territorios hemos “liberado”? O lo que casi igual: “Dentro de otro medio siglo ¿Qué territorios vamos a poder “liberar”? Argelia está sin aliento. Sus coletazos no convencen. La gente quiere gritar que la humillante actitud de los miembros de la cúpula de su milicia del Polisario es su problema y no de todos.

La gente pregunta y quiere saber: En 47 años ¿Qué hemos hecho, que podemos hacer? ¿Dónde estamos y donde podemos estar?

Luego te viene el centinela de Changriha para decirte que “la cuestión saharaui atraviesa dificultades”. ¿De quién es la responsabilidad, del mentor o el doméstico o de ambos?

La gente quiere saber hacia dónde se dirige, hacia donde la han dirigido y qué milagro puede ocurrir que no haya ocurrido en casi medio siglo. Misma impotencia, mismas mentiras, mismas promesas, mismas fanfarronadas, mismos cuentos y la mismísima realidad de incapacidad. 47 años después estamos aún en el punto de partida o peor. ¿Cuántos se fueron, cuantos se quedan y cuantos han dicho no a la impostura?

Preguntas… preguntas… preguntas. La gente quiere saber. De hecho, la gente sabe.

Entre otros temas de Khalil R’Guibi en infomarruecos.ma

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