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Campamentos de Tinduf: ¡Silencio en Tinduf… es la calma que precede la tormenta!

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar.

Los campamentos están vacíos… de los “dirigentes”. O no tienen nada más que hacer por aquí o no soportan estar lejos de los hoteles de cinco estrellas de Las Palmas otros puntos del archipiélago canario. “Será por el mar”, ironiza el viejo Mahfud para quien se trata de un indicio más de la agonía de la banda.

En todas partes y a todos los niveles es el “vuelve mañana”. No están. ¿Y qué van a hacer aquí si n o hay nada que hacer”? Desconcertado y, como siempre neurótico, Ghali trata de calmar a los que cree impactantes entre la gente y entre las tribus, muchos de los cuales preparan discretamente maletas.

A lo “¿Qué pasa? Se contesta “nada… o casi nada”. En efecto, no pasa nada. Desde hace mucho tiempo no pasa nada. El temporal no pasa y, a todas luces, no va a pasar. Entre la realidad y la ficción, la gente se despierta de la pesadilla. “! Hartos de hacer interminables colas para una bolsa de arroz, cuando el ultimo colaborador de Ghali se gasta el equivalente de 50 000 bolsas de arroz en un día en Canarias”.

Los discursos cubanizados y las promesas argelinas con perfume de intereses propios, han dejado de hipnotizar a la gente.

¡Silencio en Tinduf… es la calma que precede la tormenta!

 

 

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