Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Campamentos de Tinduf ¡Suspense!

El despertar!

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Unos menos que otros, nadie en estos tristes campamentos argelinos de Tinduf sabe exactamente lo que pueda aportar el mañana.

No obstante, unos más que otros saben pertinentemente que los tiempos de los milagros son remotos.

Unos y otros saben que la solución existe. El problema también. Sin valor, sin perspicacia, sin sentido común y sin realismo no se iría a ningún lado y que, en el mejor o peor caso se vivirían otros 46 años de tragedia, de privación y de exclusión.

En su encarnizada guerra contra la autonomía, el Polisario cava su propia fosa. Sus intereses y los de Argelia y entre ellos la gran pregunta: ¿A quién representa aun el Polisario? Ni los saharauis marroquíes lo aceptan por estar impuesto por el mentor argelino cuando los representantes de los saharauis en el Sahara marroquí pasan por las urnas, ni por sus rehenes en los campamentos por considerarlos usurpadores de una representatividad y autoridades usurpadas.

La mentalidad en Tinduf evoluciona con la velocidad de la laz y conforme a realidades y verdades.

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