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CARTA A LOS LECTORES CORRUPCIÓN II “Impunidad Angustiosa”, Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Opinión

“La impunidad vuelve valientes a los cobardes y osados a los pusilánimes, y el día en que cobardes y pusilánimes alcanzan el poder sus sucias babas lo aniquilan todo”

              Hay, sin dudas, una alarmante proliferación del delito, y por ende de la corrupción. La actual generación está en deuda con el derecho. A través de los siglos se han ideado formas de controlarlo que han dado resultados más o menos satisfactorios. En la actualidad no se sabe, no sabemos, cómo se habrá de combatirlo para reducir su alarmante peligro sin crear un estado policial ni afectar el derecho a la defensa y a la presunción de inocencia que protege, a los criminales. La sociedad adopta criterios permisivos, rechaza la censura, favorece el hedonismo, abandona los altos ideales como programas de vida, se ríe de la pureza, sé farsa de lo sublime, desconfía de los heroísmos, desecha los esfuerzos, se inclina hacia el jolgorio, elige lo fácil. Tomamos esas posturas porque se nos da la gana, porque estamos en nuestro derecho de hacerlo, porque cada cual tiene su criterio para elegir el camino hacia su felicidad. Pero no debe resultar sorprendente que en la medida en que la humanidad desprecie las virtudes, proliferen los vicios, los delitos y aumente la impunidad. Existe sin duda una enorme falta de confianza en los tres poderes del estado.  A la justicia ordinaria muchas veces no se la teme, se la supone inocua (todo el mundo “confía en la justicia”; muchos, en realidad, confían en su torpeza). Basta entrar en las cavernas de la información y nos encontramos nuevamente con el mundo de los bolsones, resabios de anteriores y recientes elecciones  que se mantienen en el tiempo, con organizaciones perfectamente acicaladas que regentean los alimentos de los pobres y de quienes más lo necesitan. Pero pareciera que las autoridades vienen de martes y quienes deben combatirla nada  saben sobre los lugares de ventas. Como las drogas que se la encuentran en cada esquina.   Mientras los allanamientos y aprehensiones de la Justicia proliferan y llenamos las cárceles (comisarías) con los “perejiles” y los verdaderos personajes intelectuales del negocio están libres e incluso ostentan su riqueza. El tiempo pasa y florece la indemnidad. Nuevamente el silencio de muchos. Es que cuando las inmoralidades o presuntos delitos se denuncian, se verifican y el Estado da vuelta la cara como que “nada tengo que ver con esto » es, en la práctica, lo mismo que patrocinar , promover, apadrinar la inmoralidad, que queda expuesta ante la ciudadanía sin que nada la evite, la corrija ni, menos aún, la castigue. Lo que es peor, el grado de resignación, de tolerancia y hasta de paciente aceptación con el que se la ve en estos días ante tan alarmante impunidad sobre el origen y el destino de los alimentos de quienes más lo necesitan. Nihil novi sub solé (no hay nada nuevo bajo el sol). Hay quizás demasiada pobreza, una pobreza acompañada de la desesperanza de conseguir un trabajo digno. La pobreza, la penuria extrema, el hambre que pueden llevar al robo, a ese tipo de robo que es plenamente justificado cuando tiene como objeto la supervivencia. Pero la ola  delictual que se advierte en la actualidad,  no parece responder a esas extremas necesidades sino a la desaprensión, a la desvergüenza, a la falta de normas, al extravío, a la droga a la mafia. Una convención interamericana, aprobada por ley nacional, impone a los gobiernos su deber de adoptar las medidas para detectar, sancionar y erradicar la corrupción. No se dice que se deba combatir el delito, pues cae de maduro que los países aceptan la obligación de poner en vigencia su legislación, y todos tienen sus códigos penales para que se cumplan, no para adorno de bibliotecas. Los tucumanos en estos momentos, estamos ante la evidencia de organizaciones que extiendan su poderío hasta ciertos despachos que debieran mantenerse inconmovibles. La ausencia del Estado no anticipa ni presagia un cambio favorable sino al contrario el florecimiento de los negocios espurios en donde el autor intelectual siempre será ajeno. Todavía recuerdo el “panorama tucumano” de hace muchísimos años en el diario “la Gaceta” en donde el periodista Federico Van Mameren, publicaba en un editorial bajo el Titulo “A puro Verso” y recordaba a Enrique Santos Discépolo que murió en 1951. Sus versos o aquellas reflexiones bajo el seudónimo de “Mordisquito” encajan perfectamente en ese Tucumán contemporáneo que alguna vez recibió el mote de “Macondo” y todavía le cuesta sacárselo. Es que da lo mismo que sea cura/colchonero, Rey de basto/ caradura o polizón. Señora de ojos vendados/ que estás en los tribunales/Sin ver a los abogados/ baja de tu pedestal/Quítate la venda y mira/, cantó alguna vez María Elena Walsh. Qué paradoja estamos en Enero del 2024 y pareciera que nada ha cambiado.-  

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