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Cataluña: ¿Y de verdad todo sigue igual? Imrani Idrissi Hamid

  • Y de nuevo volvemos a la casilla de salida. Todo está igual que después de celebrarse el declarado ilegal Referéndum del 1 de Octubre, bajo las redadas en busca de urnas y papeletas por parte de las fuerzas de orden público y sus autorizadas respuestas violentas  con la intención de que no se celebrase.

    Todo sigue igual tras activarse un artículo que la Constitución Española reservaba para la ocasión excepcional en que alguna comunidad autónoma  incumpliese sus obligaciones con la Carta Magna o atentase gravemente contra el interés general de España, el coercitivo 155. Todo sigue igual tras el control por parte del Gobierno Central de conselleries, la disolución del Parlament, la destitución de cargos de la administración y la orden de entrada a prisión de representantes políticos y culturales independentistas. Todo sigue igual tras el exilio del President Catalán a Bélgica con algunos de sus consellers. Todo sigue igual tras los abruptos comicios del 21-D, ganados con mayoría absoluta por el bloque independentista.
    ¿Y de verdad todo sigue igual?
    En aplicación de las medidas adoptadas al amparo del artículo 155, la legislatura del Parlament de Cataluña no ha sido convocada por un presidente de la Generalitat sino por el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y se ha desarrollado hace escasos días, el pasado miércoles 17. En ella, algunos de los asientos permanecían vacíos pero señalados con grandes lazos amarillos. Como comentábamos al principio, sus ocupantes estaban en la cárcel o en el exilio.  Se han elegido los siete miembros de la Mesa del nuevo Parlament: presidente, dos vicepresidentes y cuatro secretarios.
    Ha sido proclamado presidente el joven diputado de Ezquerra Republicana de Cataluña, el gerundense Roger Torrent.  La anécdota: el voto en blanco surgido del clan de los constitucionalistas, del que nadie ha querido responsabilizarse,  y que anulaba por completo la posibilidad de conseguir la victoria del candidato de Ciudadanos, que repite como vicepresidente segundo, José María Espejo-Saavedra.  En esta mesa no tendrán representación  ni el PP, ni CUP ni Catalunya en Comú-Podem.
    Oriol Junqueras, el ex vicepresidente que desde el 2 de noviembre permanece encarcelado por delitos de rebelión, sedición y malversación, habría solicitado al Tribunal Supremo la  autorización a salir para su participación en los comicios del 21 de Diciembre, pero no fue autorizado, al igual que sus compañeros presos. Tampoco  han sido aprobadas sus salidas para personarse en la constitución de la cámara este 17 de enero y para la investidura del futuro President, que se prevé como máximo para el 31 del mes. 
    El principal candidato y con las mayores opciones para convertirse de nuevo en President de la Generalitat, Carles Puigdemont, sigue exiliado en Bruselas  y sobre el que pesa la orden de captura inmediata si pisara suelo español , quien ha declarado ayer mismo: “Desde Bruselas se puede gobernar, pero desde la cárcel no”. Puigdemont sabe que el reglamento del Parlament permite su investidura y que podría ser presidente haciendo uso de las nuevas tecnologías.
    No olvidemos que el partido del gobierno central está sentado en el gallinero del grupo mixto, porque  aunque haya  hecho intentos para que el partido falangista Ciudadanos le preste dos diputados para integrarse con ellos y formar grupo, éste no ha cedido.
    Por supuesto que no todo sigue igual.
    Hemos visto como el Partido Popular ha judicializado cada una de sus actuaciones, dejando sus poderes políticos en los tribunales mientras que se negaban en redondo a cualquier encuentro basado en el diálogo que se espera de los dirigentes de un país democrático,  que debieran crecer en el desencuentro con madurez y responsabilidad para bien de toda la nación. Muy al contrario, con su actuación, han favorecido cada día una mayor radicalización de posturas entre la ciudadanía.
    Y hasta en estos momentos, siguen siendo los jueces los que tienen el poder de decidir sobre el futuro de Cataluña, pues son ellos los que pueden o no excarcelar a los principales actores del panorama político catalán y son ellos los que tienen el poder de permitir o no el retorno de los exiliados, entre ellos su líder.
    Claro que no todo sigue igual.
    Hemos presenciado el ataque violento y desproporcionado a población civil que, sin entrar en juicios de valor sobre legalidades o ilegalidades, pretendían manifestar libremente su opinión en las urnas.  Y aparte de los números en ciudadanos heridos de diversa consideración, agreguemos los costes económicos del despliegue policial autorizada que ha costado a los españoles  87 millones de euros sólo en lo concerniente a dietas, gastos de alojamiento y manutención, productividades y desplazamientos de las fuerzas de seguridad nacional, policía y guardia civil, de septiembre a diciembre del anterior año, todo ello sin contar los destrozos materiales ocasionados en colegios y otros puntos de enfrentamiento. Sin contar los 1000 millones de euros con los que se cuantifica la deceleración de la economía catalana y la bajada importantísima de turismo a la zona desde que comenzó el conflicto. Curiosa cita al compararla con la hace poco anunciada: los pensionistas españoles verán incrementadas sus pensiones para el 2018 en un 0,25%. ¿Le damos a un “me divierte” o “me asombra” o “me entristece”?
    Para nada todo sigue igual.
    Hemos asistido a la fractura social de todo un país, emocionalmente dañados por las críticas y los posicionamientos encontrados, un desgarro interno entre vecinos y compañeros de trabajo, avivado aún más por los embistes de los radicales de uno y otro bando y permitido por la clase política que miraba de soslayo.
    Determinados eslóganes como el “a por ellos” deberían haber sido duramente censurados.  Ni la derecha, por supuesto, ni la izquierda, por esperado, han sabido o querido cortar con severidad con tan viles discursos, pero sí prohibían luces amarillas en las plazas catalanas por considerar que hacían apología del independentismo.
    Evidentemente, nada sigue igual. 
    Jugando con las palabras, el mismo Puigdemont señalaba: « Entre ser ‘president’ y ser presidiario, escojo lo primero porque creo que puedo servir mejor al país”
    El candidato de Junts per Catalunya, podría ser envestido por vía telemática o delegada si fuera reelegido como President de la Generalitat  y nada seguiría igual porque podríamos ver la llegada del primer gobierno del mundo dirigido por whatsapp.

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