Ceuta en el discurso europeo: ¿respaldo a España o presión sobre Sánchez? Por Dr. Lahoucine Bekkar Sbaaï. 

Fronteras, migración y autonomía estratégica.

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  • Ceuta, entre la solidaridad europea y las tensiones políticas.

Las declaraciones atribuidas a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sobre la ciudad de Ceuta y España revelan dimensiones que van más allá de la cuestión de la tradicional solidaridad europea con Madrid y sitúan el asunto de la migración y las fronteras en el centro de las transformaciones políticas y de seguridad que está experimentando la Unión Europea. La afirmación de que las fronteras de Ceuta constituyen fronteras europeas no puede interpretarse únicamente como una expresión de apoyo a España, sino también como una confirmación por parte de Bruselas de la inclusión de la ciudad, bajo soberanía española, dentro del espacio político y de seguridad europeo. Esto implica, por tanto, transformar cualquier crisis relacionada con Ceuta de una cuestión bilateral entre Marruecos y España en un asunto con repercusiones europeas directas.

En este mismo contexto, la propuesta de crear un marco europeo de respuesta ante situaciones de emergencia y episodios de migración masiva, paralelamente al refuerzo del papel de la Agencia Frontex y a la aceleración de los procesos de retorno, refleja una tendencia europea hacia la adopción de un enfoque más restrictivo en la gestión de la migración. Aunque estas medidas se presentan como mecanismos necesarios para hacer frente a las presiones derivadas de la migración irregular y de las llegadas masivas, también abren un amplio debate sobre la ampliación de las competencias de las instituciones europeas de seguridad y sobre el equilibrio entre las consideraciones de seguridad, por un lado, y las consideraciones humanitarias y sociales que deberían constituir una parte esencial de la política migratoria europea, por otro.

Los mensajes europeos dirigidos a Marruecos tampoco parecen desvinculados de un proceso de redistribución de funciones dentro del sistema europeo. Bruselas necesita la cooperación de Rabat en ámbitos como el control de fronteras, la alerta temprana y la gestión de los flujos migratorios, mientras que España depende en gran medida de la cooperación directa de Marruecos para evitar la repetición de crisis en Ceuta y Melilla. Sin embargo, convertir a Marruecos en una primera línea de defensa de la Unión Europea plantea, a su vez, cuestiones políticas y éticas sobre la naturaleza de esta asociación y sobre si se basará en una cooperación equilibrada y en un reparto de responsabilidades, o si terminará convirtiéndose en un mecanismo para trasladar a los países vecinos parte de las cargas derivadas de la política europea en materia de migración y fronteras.

En cuanto al apoyo financiero anunciado para España, no debería interpretarse necesariamente como una expresión de solidaridad europea exclusivamente con Madrid, sino que también puede entenderse en el marco de la inversión destinada a proteger las fronteras exteriores de la Unión Europea. España, debido a su posición geográfica, soporta una parte importante de los costes asociados a las políticas europeas en materia migratoria. Por ello, la financiación destinada a España puede convertirse en un instrumento para preservar la cohesión del sistema europeo y gestionar sus fronteras exteriores, al tiempo que representa una expresión de solidaridad con el Gobierno español.

Desde esta perspectiva, puede entenderse la tesis según la cual Pedro Sánchez sería uno de los destinatarios políticos de los mensajes europeos dirigidos a Marruecos. El apoyo anunciado a España puede parecer, en apariencia, un respaldo al Gobierno español y a sus instituciones, pero al mismo tiempo puede tener implicaciones relacionadas con la reducción del margen de maniobra que Sánchez ha tratado de preservar en varios asuntos sensibles, entre ellos la migración, las relaciones con Marruecos, la política social y la posición de España dentro de la Unión Europea.

Cuanto más opte Madrid por adoptar enfoques más independientes en determinados asuntos respecto de algunas de las orientaciones europeas y atlánticas predominantes, mayor será la sensibilidad de las fuerzas conservadoras hacia su experiencia política, especialmente en el contexto de una disputa más amplia sobre el futuro del modelo político, social y económico de Europa.

No obstante, reducir el escenario europeo a una confrontación directa entre Sánchez y la derecha europea podría simplificar una realidad mucho más compleja. Estados Unidos no es el único actor que influye en la toma de decisiones europea, y la propia Unión Europea tampoco constituye un bloque político homogéneo. Se trata, más bien, de un espacio en el que convergen los intereses de los Gobiernos nacionales, las posiciones de las instituciones europeas, el ascenso de las corrientes de derecha y la influencia de las grandes empresas, además de las presiones y compromisos estadounidenses y atlánticos.

Por tanto, el conflicto en torno a España no se refiere únicamente a la figura de Pedro Sánchez, sino que también está relacionado con el modelo político que representa su Gobierno. Este modelo apuesta, en distintos grados, por ampliar el alcance de la protección social, reforzar el papel del Estado en determinados ámbitos económicos y sociales e intentar alcanzar cierto equilibrio entre los compromisos atlánticos y los intereses nacionales y europeos.

Por otro lado, las fuerzas de derecha europeas están recurriendo cada vez más a la cuestión migratoria como uno de los principales asuntos políticos y mediáticos del continente. Esto ocurre en un contexto marcado por crisis más profundas, entre ellas la pérdida de competitividad europea, el aumento de los niveles de endeudamiento, la crisis energética, el deterioro de una parte de la clase media, así como las dificultades relacionadas con la construcción de una política europea de defensa y económica más independiente.

En este contexto, los migrantes se han convertido en un objetivo fácil dentro del discurso político y mediático europeo para explicar algunas de las crisis acumuladas, mientras que las causas estructurales vinculadas al modelo económico, las políticas fiscales, la crisis energética, los desafíos productivos y la dependencia estratégica tienen una presencia mucho menor en el debate público en comparación con la magnitud de su impacto real.

Asimismo, el recurso a la narrativa de la amenaza rusa o china no elimina la cuestión de fondo relacionada con la capacidad de la Unión Europea para formular una estrategia geopolítica independiente. La Unión dispone de una considerable fuerza económica y normativa, pero transformar ese poder en una plena autonomía geopolítica sigue siendo un desafío. Las sanciones impuestas a Rusia e Irán, junto con el amplio alineamiento con diversas políticas estadounidenses, ponen de manifiesto la persistencia de la tensión entre los intereses específicos europeos y los compromisos atlánticos, que ejercen una influencia considerable en el proceso de toma de decisiones europeo.

En este complejo entorno, España intenta presentarse como un Estado europeo que no rechaza la solidaridad en materia de seguridad ni elude sus responsabilidades dentro de la Unión, pero que, al mismo tiempo, no quiere convertirse en un mero instrumento para ejecutar políticas fronterizas o económicas definidas fuera del ámbito de sus intereses nacionales.

De ahí la importancia política de las posiciones de Sánchez, no necesariamente porque representen una ruptura completa con el sistema europeo o atlántico, sino porque reflejan un intento de renegociar la posición de España dentro de la Unión y la naturaleza del equilibrio entre los compromisos europeos y atlánticos, por un lado, y los intereses nacionales y sociales españoles, por otro.

En consecuencia, el mensaje de von der Leyen a Marruecos puede interpretarse en dos niveles interrelacionados. El primero es explícito y directo, y se refiere a la protección de las fronteras europeas, al refuerzo de la cooperación en materia migratoria y al apoyo a España frente a las presiones relacionadas con su posición geográfica. El segundo es de carácter político más amplio y está relacionado con la disputa sobre la dirección que debería tomar la Unión Europea en la próxima etapa, la naturaleza de la relación entre seguridad y migración, entre los intereses nacionales y el proyecto europeo, y entre los compromisos atlánticos y los intentos de construir un mayor grado de autonomía estratégica.

Si Sánchez es considerado representante de una trayectoria política que podría limitar la hegemonía de la derecha europea y la lógica del mercado sin restricciones, y que, en distintos grados, busca otorgar un mayor espacio a los intereses sociales y nacionales dentro de un proyecto europeo que afronta múltiples crisis, el futuro de esta disputa no dependerá únicamente de las declaraciones políticas o de los enfrentamientos mediáticos. También dependerá de la capacidad de España para transformar su discurso político en alianzas europeas concretas, construir acuerdos dentro de las instituciones de la Unión y evitar limitarse a gestionar sus diferencias con sus adversarios en el ámbito mediático y político.

De este modo, la cuestión de Ceuta no parece ser simplemente un asunto fronterizo o de seguridad de alcance limitado, sino que se ha convertido en parte de un debate europeo más amplio sobre la migración, la seguridad fronteriza, las relaciones con los países vecinos, el futuro de la solidaridad europea y los límites de la autonomía estratégica de la Unión. En este contexto, sigue planteándose una cuestión fundamental: ¿constituye el discurso europeo sobre Ceuta una expresión de solidaridad efectiva con España ante los desafíos fronterizos y migratorios, o representa al mismo tiempo un instrumento de presión política destinado a reajustar el margen de maniobra que Madrid, y en particular el Gobierno de Sánchez, intenta preservar dentro del escenario europeo?

Traducido del árabe por :Abdessamad Benyaich

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