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CHILE: PLEBISCITO DE SALIDA, EL JUEGO FINAL Narcotráfico, Corrupción Política y Convención Constitucional Por *CRISTIAN GUZMAN ZUMARAN

Tribuna infomarruecos.ma

El estallido social ha terminado, en realidad terminó con los mutilados oculares de la revuelta, con la estrategia de control social aplicada por el gobierno de Chile y ejecutada por la policía uniformada de forma inédita en América Latina en contra de los “revoltosos”, víctimas de la represión política que habrían sido “marcados” como “blancos” de los organismos de seguridad para ser “neutralizados”, la palabra técnica usada en la jerga de inteligencia para eliminar objetivos seleccionados por su contratante y jefe político, por haber marcado el nivel de amenaza establecido como intolerable para la estabilidad del régimen de turno y como un instrumento necesario de disuasión general, la seguridad pública y para bajar la intensidad de las manifestaciones por medio del uso del “terror de estado” en contra de la población, específicamente aquellos que salían a las calles a manifestarse. La táctica de control social hubiera funcionado perfectamente, excepto por un pequeño detalle: la élite no vio más allá de sus narices y pensó que aún Chile estaba en la era colonial y que a nadie le importaría más allá de la cordillera de los Andes lo que pasa en estas tierras.

Aun cuando todos los días hay algún grupo que sale a las calles a manifestarse y enfrentarse a al policía uniformada, estos eventos, que en su mayoría ocurren en zonas y barriadas periféricas ya no son recogidos como algo sistemático por la prensa formal y oficial, quedando relegados estos informes a las redes sociales que cada vez son menos libres y están más intervenidas por empresas que controlan las tendencias y seleccionan qué tipo de información y que noticias le llega a cada usuario. Si se quiere conocer una noticia hay que participar de aquella, recibirla por amigos o suscripciones o buscarla específicamente.

Al inicio de la revuelta pensé que el “estallido social” era a lo menos un germen de revolución, ahora los hechos me inducen a pensar que es algo distinto. La elite chilena se ha defendido en el campo de batalla que más conoce y le acomoda, las instituciones que ella misma ha creado para perpetuarse en el poder. Es cierto que en un principio se defendió como siempre lo había hecho y era su estilo, con fuerza bruta, lo hizo porque es lo único que sabía hacer y porque toda la institucionalidad de seguridad pública y de defensa esta diseñada para proteger a una clase social en particular, a la dominante, la dueña del capital, la dueña de todo. Pero luego de ver los desastrosos efectos políticos que permearon incluso a una parte importante de su propia gente (El APRUEBO por la constitución obtuvo el 60% de los votos en las tres comunas mas ricas de Chile), la que por medio de la exposición pública de los mutilados, ciegos, muertos y saqueados, el desabastecimiento alimenticio y de servicios básicos, amplificados por el efecto de la pandemia mundial, quedaron incluso horrorizados con la idea de ser repudiados y “atacados” en sus ciudades y negocios por la turba que había tomado conciencia de su identidad de clase y así fue como la élite política y económica, aconsejada por las instituciones de defensa y seguridad se replegó y desistió de seguir usando las tácticas que implicaban una violación  sistemáticas de los derechos humanos. Las decenas de querellas en los tribunales internos, los informes de agencias internacionales y nacionales de derechos humanos y las acciones legales internacionales de carácter preparatorio para la persecución internacional de los responsables fue el disuasivo que finalmente logró el cese en algunos casos y la atenuación notoria en otros de las acciones violentas por parte de los organismos de seguridad del estado. Al menos su exposición pública por los medios masivos de comunicación.

Con todo, la élite chilena, por lo señalado anteriormente parece haber comprendido que en las calles no podía ganarle al estallido social, tampoco podía ganarle desde el gobierno con políticas de restricción económica, ya que la revuelta tuvo un aliado fundamental, los políticos en el congreso, promoviendo retiros sucesivos de fondos previsionales, bajo la amenaza cumplida de exponer el fraude previsional, que le ha costado nominalmente a las AFP un 20% de los fondos, lo que en realidad y considerando que han acumulado capital y extraído ganancias sin ningún control por unas 50 veces esa cantidad en 40 años. Esta “devolución” que han realizado no debiera causar más allá de una pequeña comezón a los bolsillos de los operadores del sistema previsional chileno.

La élite chilena luego de comprobar que había perdido en tres de los frentes de batalla en donde los ciudadanos mejor se desempeñan, optó, una vez que comprobó que “el chileno” sigue creyendo y sometiéndose a la misma institucionalidad que pretendía renovar, por enfocar sus esfuerzos en tomar el control de la nueva fórmula institucional.

La élite simbolizada en este caso por la derecha y ultraderecha política perdió cuantitativamente los escaños en la Convención Constitucional, obteniendo incluso menos electos que el mínimo para generar un veto y obstruir internamente el proceso constituyente. Sin embargo, ese no fue un obstáculo para su reorganización y entendiendo que este es un torneo de muchos partidos o enfrentamientos y que en definitiva acá no gana el que hace más goles o marca más puntos, ya que curiosamente en esta justa nacional no gana el que vence en más batallas, sino que vencerá el que GANE LA ÚLTIMA BATALLA y esa batalla será en el plebiscito de salida de la nueva Constitución. Esa será la GRAN BATALLA FINAL, EL JUEGO DEFINITIVO. Incluso está por verse una batalla previa a la definitiva, las elecciones presidenciales en noviembre. La presidencial será el último gran acto preparatorio en que veremos todo el despliegue sanguinario de los partidos y coaliciones antes del plebiscito de salida de la Constitución. Porque en Chile, no es la presidencial lo que importa, que ya es casi un  hecho que el periodo de gobierno se acortará a solo dos años para el próximo presidente, lo que está en juego es mucho más grande y trascendente, es el tipo de país y el modelo económico y social que regirá nuestro país hasta el final del siglo 21, incluyendo el tipo de instituciones que van a crearse y reformarse, como las Policías y las Fuerzas Armadas.

Lo que estamos presenciando en estos días son los actos preparatorios para esa gran batalla final, se está despejando la cancha, limpiando el tablero, debilitando a los rivales políticos y se están usando todas las fórmulas y todas las tácticas que existen sin excepción, estamos presenciando la política en su máxima expresión, cruda, sin velos, estamos viendo la maquinaria desnuda, « cómo se hacen en realidad las salchichas”, estamos dentro del matadero, viendo en directo como se faenan los animales, la carne que llega perfectamente envasada y sin sangre a las góndolas del supermercado y desde allí, hasta la mesa de los comensales. Por primera vez la gente está viendo en tiempo real que cuando se trata de mantener el poder, los políticos no tienen escrúpulos en ensuciarse las manos, usar y destruir, si es necesario, todas las vidas de personas inocentes o no, amigos o enemigos que tengan que destruir para lograr su único y final objetivo: mantener o incrementar el poder y los privilegios que ya tienen. En estos tiempos, la política es en realidad la continuación de la guerra por otros medios y esos medios son tan violentos o más que los usados en la guerra tradicional.

Por esa razón, estamos siendo testigos todos los días de quiebres al interior de las coaliciones que formaron originalmente la convención constitucional. 

La derecha se ha reorganizado y ésta haciendo uso de todos sus recursos para exponer las debilidades de los convencionales. Algunas de esas pequeñas operaciones políticas salen a la luz otras quedan en la oscuridad, porque el propósito no es sacar a todos los adversarios de sus puestos, el objetivo es debilitarlos y someterlos a la voluntad propia, porque el proceso no puede caerse, ni debilitarse, no puede deslegitimarse porque existe la necesidad política de que “el proceso constituyente” como institucionalidad tiene que permanecer y prosperar, dar su fruto, tiene que estar revestido de la legitimidad necesaria para llegar a su conclusión ya que el resultado final va a definir el Chile de los próximos 50 años o más.

Por esta razón la lucha política es al interior de la institucionalidad, es al interior de la Convención Constitucional y vemos día a día los esfuerzos comunicacionales por sus dirigentes de explicar a la ciudadanía los sucesivos problemas e intentar justificar los desaguisados de algunos de sus miembros que se ven involucrados en escándalos de corrupción.

Una de las fórmulas más usadas para sacar a un adversario político del camino o someterlo a la voluntad propia, es debilitando su credibilidad por medio de su exposición moral deficiente. Exponiendo públicamente sus “pecados”, de cualquier naturaleza, especialmente cuando han llegado a sus cargos por medio de prácticas delictivas, como financiamiento ilegal de sus campañas, abusos de autoridad, acoso laboral o sexual, vinculaciones con grupos criminales, conductas públicas o privadas inmorales, consumo de drogas, malversaciones de dineros públicos o fraudes privados y como en los últimos casos, falseando documentos para postular al cargo público, falsificando diagnósticos por enfermedades catastróficas y cobrando bonos o subsidios estatales de salud por enfermedades y tratamientos inexistentes, etc., y utilizando una supuesta vulnerabilidad para obtener mayor simpatía popular o un cupo preferencial en la lista por minoría protegida. Pero una vez que estos personajes son expuestos públicamente, es poco lo que se puede hacer por ellos y para reparar los daños. Una infidelidad matrimonial, o incluso una conducta indebida en un restaurant puede perdonarse, sin embargo, no será lo mismo si por ejemplo detrás de esas revelaciones hay conductas sexuales impropias que comprometen a terceras personas importantes, menores de edad, tráfico de personas o se trata de fraudes financieros que con cuyos productos se pagan sendas campañas políticas. Incluso el cohecho o soborno puede ser perdonado entre los pares del partido y como en el clero, obligarles solo al cambio de circunscripción; y borrón y cuenta nueva. Eso hacen los grupos políticos con experiencia y apoyo económico, en cambio los grupos nuevos, los que ingresan a la política diciendo que “no son políticos”, esos pagan el precio de su inexperiencia y pagan caro su osadía. A ellos les cuesta la credibilidad con sus fans o seguidores idealistas y de todos los que sin ser “militantes” creían en ellos en una etapa de formación en que se estaba recién comenzando a construir su capital político cuya base es la credibilidad y la confianza pública. Ninguna organización política (aunque ella misma no se llame o reconozca como tal) puede sobrevivir sin credibilidad y sin la confianza pública. En política “el fin sí justifica los medios”, aunque esa frase nunca fue dicha ni escrita por N. Maquiavelo, se desprende de la conducta observada por el escritor en todos los gobernantes de los regímenes que analizó y describe en sus obras. Y esas conductas de gobernanza no han cambiado una coma en miles de años. El proceso y el objetivo sigue siendo el mismo. Mantener el poder por cualquier medio.

Todas las crisis tienen la misma estructura o configuración y se comportan de la misma forma, es por eso que se pueden sistematizar, estudiar, modelar y solucionar. El problema no es su solución, sino cuál de las categorías posibles de soluciones será la que se elija:

SOLUCIÓN INDIVIDUAL

– Renuncia o expulsión del grupo por parte de los elementos nefastos

– Pedir perdón y redención para seguir perteneciendo al grupo

– Reformar a los miembros caídos en desgracia

– Permitirles un re fichaje en otra agrupación política

SOLUCIÓN CORPORATIVA

– Optar por disolver al grupo político

– Dividir al grupo y formar sub grupos

– Crear una nueva coalición con los sub grupos formados

– Crear un nuevo pacto con otras coaliciones

– Utilizar la crisis como una oportunidad para fortalecer su credibilidad. Es la solución más inteligente por qué es la permite continuidad. El control de daños será elevado en costos, pero necesario para la permanecía y reorganización.

Esta es la solución más arriesgada y de mayor costo político, siempre y cuando no se trate de crimen organizado y narcotráfico.

SOLUCIÓN EXTRA CORPORATIVA

– Entregar a los elementos contaminados a la justicia

(Requiere control de daños más intensivo y de mayor costo económico). Es la menos recomendable si no se controlan “las variables” exógenas de las cuales depende el resultado.

Cualquiera sea la categoría elegida, el control de daños debe ser exhaustivo y abarcará una seria de costos políticos, en imagen y financieros. Cualquier organización política por muy nueva que sea tendrá siempre una fórmula para resolver la crisis, de lo contrario deberá extinguirse y desaparecer.

Un proceso tan desordenado y poco prolijo en su formación como el proceso constituyente chileno es una olla de cultivo y una enorme oportunidad para el crimen organizado y la corrupción política y empresarial. Infiltrar agentes desde las bases políticas electorales es demasiado tentador y fácil para los grupos interesados. Un partido que está en entredicho por las vinculaciones de sus dirigentes con un cartel de narcotráfico puede aprovechar la oportunidad de financiar candidaturas y alterar incluso los resultados si dispone de los medios directos para hacerlo. Se crean avatares de coaliciones políticas que están en una racha de baja popularidad o comprometidos por investigaciones criminales y se contratan agentes nuevos o famosos para reforzarla. De mayor utilidad resulta reclutar miembros para las candidaturas con o sin conocimiento de las fuentes de financiamiento y realizar extorsiones, cohecho o sobornos a miembros electos, quizá no por su incidencia en las votaciones directas sino porque su mayor utilidad práctica es el conocimiento del hecho ilícito y las pruebas que se tienen de los partisanos involucrados en la trama y el grupo en el que operan; y en esa misma línea de análisis están las policías, organismos de seguridad y los fiscales que pudieran conocer esos hechos por las evidencias en las carpetas secretas que constan en audios y documentos de investigaciones relacionadas y obtener eventuales ventajas institucionales para algunos de sus integrantes y dirigentes. Es ahí donde está el verdadero poder de negociación de los agentes políticos para obtener ventaja, ya sea sobre sus procesos personales o sobre alguna necesidad más importante como la intervención en el proceso principal constituyente usando la información recolectada como una moneda de cambio en las negociaciones que realmente importan. Si, así funciona la política, así ha operado siempre y todo indica que así seguirá funcionando.

Los tiempos actuales son “líquidos”, inestables, inciertos, movedizos, incluso impredecibles, cualquier cosa puede pasar de un momento a otro, las fuerzas políticas y sociales están en permanente movimiento, el escenario se ve brumoso, por momentos oscuro y a veces muy oscuro. Bajo estas circunstancias la intuición es el mejor consejero y la intuición se alimenta de la experiencia y el conocimiento previo acumulado, de aciertos, logros y fracasos, despreciar la intuición, es despreciar el capital más valioso que tiene el ser humano en tiempos de crisis, su capacidad de supervivencia ante la adversidad que lo ha dotado de prevalencia sobre todas las otras especies.//

Por CRISTIAN GUZMAN ZUMARAN

ABOGADO

MAGISTER EN CIENCIAS POLÍTICAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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