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Cinco poemas que debes leer de Federico García Lorca

Canal Sur

El poeta es reconocido como uno de los más leídos de todos los tiempos, con una lírica mítica y simbólica que homenajea la canción popular.

1- Cazador

¡Alto pinar! Cuatro palomas por el aire van. Cuatro palomas vuelan y tornan. Llevan heridas sus cuatro sombras. ¡Bajo pinar! Cuatro palomas en la tierra están.

2. Encuentro

Ni tú ni yo estamos en disposición de encontrarnos. Tú... por lo que ya sabes. ¡Yo la he querido tanto! Sigue esa veredita. En las manos tengo los agujeros de los clavos. ¿No ves cómo me estoy desangrando? No mires nunca atrás, vete despacio y reza como yo a San Cayetano, que ni tú ni yo estamos en disposición de encontrarnos.

Ni tú ni yo estamos
en disposición
de encontrarnos.
Tú… por lo que ya sabes.
¡Yo la he querido tanto!

Sigue esa veredita.
En las manos
tengo los agujeros
de los clavos.
¿No ves cómo me estoy
desangrando?

No mires nunca atrás,
vete despacio
y reza como yo
a San Cayetano,
que ni tú ni yo estamos
en disposición
de encontrarnos.

3. Al oído de una muchacha

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No quise. No quise decirte nada. Vi en tus ojos dos arbolitos locos. De brisa, de risa y de oro. Se meneaban. No quise. No quise decirte nada.

4. Alba

Mi corazón oprimidoSiente junto a la alboradaEl dolor de sus amoresY el sueño de las distancias.La luz de la aurora llevaSemilleros de nostalgiasY la tristeza sin ojosDe la médula del alma.La gran tumba de la nocheSu negro velo levantaPara ocultar con el díaLa inmensa cumbre estrellada.¡Qué haré yo sobre estos camposCogiendo nidos y ramasRodeado de la auroraY llena de noche el alma!¡Qué haré si tienes tus ojosMuertos a las luces clarasY no ha de sentir mi carneEl calor de tus miradas!¿Por qué te perdí por siempreEn aquella tarde clara?Hoy mi pecho está resecoComo una estrella apagada.

Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.

5. La sombra de mi alma

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