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Cir.Univ de Embajadores de la Paz de nuestro embajador Antonio Garcia Pereyra España

                                             MANIFIESTO A LA PAZ

Hoy, sintiéndome en el deber como Embajador Universal de la Paz en España, debo recordar que el 21 de septiembre se celebra el día internacional de la Paz. La Paz es un sentimiento, un estado, un deseo, un camino, que contrariamente a como debería ser, cada vez nos cuesta más alcanzar. Recordando las palabras de Gandhi: No hay camino para la Paz; la Paz es el camino.

Afortunadamente, no he vivido en territorios conflictivos, no he visto morir a niños hambrientos, no he presenciado el dolor que se siente ante la pérdida de seres queridos en atentados terroristas, no he visto a gente huyendo de su propio país, no he respirado el olor a inmundicia y a derrota; por tanto… no puedo explicar con meras palabras el dolor tan hondo e incalificable que invade a esas personas, pero sí estoy convencido que todas ellas, al igual que yo, ansían lo mismo: La Paz. Partiendo de ese punto en común, se pueden hacer muchas cosas, todas constructivas.
Aparentemente, el mundo se rige por la ley del más fuerte, del más poderoso, del más rico; pero no creo que siempre sea así. No siempre el más fuerte es el más poderoso o el más rico. De hecho, ahí tenemos de nuevo el ejemplo de Gandhi, que sin armas, de manera pacífica, reivindicó la independencia de la India con huelgas de hambre; ésta es una de las tantas muestras que evidencia que el pacifismo puede ser un arma muy poderosa, un arma que es gratuita y está al alcance de todos nosotros.
Podría condenar muchas cosas, muchos actos, a muchas personas: al que asesina sin escrúpulos, o al que adiestra a inocentes para combatir en nombre de un Dios, o a los explotadores del tercer mundo, o a quienes se lucran comercializando armas; pero, si hubiera que condenar, también habría que condenar de forma moral al impasible, al que calla por miedo, al que prefiere mirar hacia otro lado, al que ve el tercer mundo como parte de otro mundo ajeno al suyo, al que mira a un musulmán con recelo cuando pasa por su lado, o al que considera que su religión, y no otra, es la verdadera. Pero no soy quién para condenar a nadie, puesto que hay un algo, que es la conciencia, que es el juez más justo para con uno mismo. Hay quien asevera que no todo el mundo tiene conciencia. Yo soy uno de ellos. La conciencia bien podría definirse como el conocimiento que alguien tiene de sí mismo y de su entorno. ¿Creéis realmente que un pobre inocente, al que adiestran siendo casi un niño para matar, o para inmolarse, o para sobrevivir con los medios que le han enseñado, tiene conciencia propia? No, no podemos ser tan injustos y condenar, así sin más, al que ya de por sí es víctima de una existencia injusta por el simple hecho de no tener conciencia. Sí, es lógico que la Justicia, pues es su labor, debe actuar en consecuencia y ser implacable en su aplicación, pero en la moral de cada uno también está el deber de alimentar la capacidad de perdonar. Sé que muchos no estarán de acuerdo con perdonar actos tan atroces, pero, si queremos La Paz, ¿creéis que no es necesario el perdón? ¿Es que acaso alguien está exento de culpa de las injusticias que suceden en este mundo, que es el mundo de todos? ¿Creéis que se puede alcanzar la Paz manteniendo el rencor en nuestras venas?
Hay que perdonar, puesto que el perdón asegura la carencia del rencor y la renuncia a la sed de venganza, aspecto que consolida la Paz y la creación de conciencia. De forma análoga, es necesario crear conciencia para así aprender a perdonar. Sin duda, la conciencia es la mayor apuesta para alcanzar una solidaridad afectiva.
Desde mi punto de vista, y hablo sólo desde el ámbito que conozco, que es la Cultura, abogo por eso, por crear conciencia, por el diálogo, por la expansión de la palabra, por la enseñanza, la educación y la formación… tanto aquí -en España-, como en los países más necesitados, puesto que la formación abre los ojos, abre una esperanza, abre las puertas al conocimiento más allá de las fronteras: abre paso a la comunicación, que es el arma más provechosa que hay que esgrimir para combatir la injusticia mundana.
Ahí es donde todos podemos colaborar, creando conciencia, inculcando valores, evitando el silencio, y, por supuesto, defendiendo la libertad de expresión y la diversidad cultural y religiosa, privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo, ni al relativismo. Especialmente, hago un llamamiento al mundo de la Cultura y del Arte (en general), porque ellos, con sus escritos, con sus pinturas, con sus voces, son idóneos para transmitir mensajes más allá de las fronteras que nos acotan.
Para terminar, y haciendo hincapié en el fomento de la conciencia, quiero reseñar las palabras del escritor suizo Henry F. Hamiel: Si existe algún conflicto entre el mundo natural y el moral, entre la realidad y la conciencia, la conciencia es la que debe llevar la razón.
¡Viva la Paz!
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