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 Circulo Universal Embajadores Paz: Bonanza…Paz… ¿Utopías? De nuestra embajadora: María Sánchez Fernández (España)

Utopias

Es muy difícil, en mi opinión, disertar sobre la bonanza y la paz.

En estos momentos que estamos viviendo con la amenaza mundial de una pandemia, de un enemigo invisible que está segando miles de vidas, que no se puede combatir con armas físicas como en todas las contiendas, sino con la paciencia y el desaliento, fundidos en esperanza, de verlo o sentirlo algún día  desaparecer en tiempo muy cercano. Es una auténtica guerra contra los fenómenos de la química, sólo  queda  recluirnos en nosotros mismos y llamar a la bonanza y a la paz de espíritu.

 Las teorías de Heráclito, el gran filósofo griego, confirmaban “que todo lo creado está en continuo movimiento” que “la guerra es la madre de todas las cosas, pues donde hay desacuerdos hay una generación de cambio”.

Por eso la bonanza sigue a la tempestad y la paz  sigue a la guerra. La vida lleva a la muerte y esta también genera vida pues la materia nunca muere; siempre permanece. Este movimiento es continuo en todas las cosas.

Pues bien, en los últimos tiempos que vivimos tan aciagos; tan desesperantes; estamos inmersos en estos cambios de la naturaleza que tiene a toda la humanidad angustiada, y simultáneamente, también estamos sufriendo el comportamiento del ser humano en su lucha por la ambición de poder contra los derechos de dignidad e igualdad que toda persona ha de tener.

Nada quiere estarse quieto, hasta los ejes de la tierra se remueven inquietos produciendo cataclismos. El mar se levanta como un monstruo rugiendo y arrasando; los huracanes, con hermosos nombres de mujer, (bonita paradoja), no se dan tregua los unos de los otros, pasan destruyendo, anegando. Los bosques y los campos son aniquilados por el fuego ( ¡extraña criatura poderosa! ) , que con sus largas y mortíferas lenguas, lame  todo lo que encuentra a su paso dejando sin hogar a miles de especies vivientes. La geografía terrestre cambia su imagen continuamente y nuestro mundo es un auténtico puzzle. Claro, este fenómeno ocurre desde que el planeta Tierra es una mínima partícula del cosmos. Nuca se ha de estar quieta.

¿Y qué ocurre en la guerra y en la paz? Pues en la guerra y en la paz ocurre desde que el hombre es hombre.

Y el hombre llora al ver llorar al hombre. Sufre por él, se inquieta por él, pues todos somos uno solo bajo el cielo que nos cubre. Todos somos  hermanos, sin señalar razas y culturas. Todos tenemos la misma fe, la creencia y la esperanza en  un  Ser Supremo y Especial que nos cubre y nos protege. ¿Será también una utopía? No, vivimos con esta fe y con la esperanza de un mundo mejor donde reine por siempre el amor, la concordia y la paz. Todos somos hermanos. Vivamos como hermanos.

Hermanos, ¡ qué hermosa palabra!

¡Qué hermoso sería que el mundo fuera una gran familia en la que reinara el amor, la concordia y la alegría. En la que no hubiera ni odios ni rencillas. En la que los “egos” no existieran. ¿Será esto posible algún día o será sólo una utopía?

La imagen diaria que tenemos en los medios informativos es muerte, desolación, lágrimas que mueven a la piedad infinita. La sociedad humana se mueve y responde, pero también se resquebraja con mil temores ante la amenaza por el peligro nuclear, la economía mundial y por el medio ambiente que cada día está más amenazado por estos constantes ciclos.

Llamemos a voz en grito a la esperanza y a la ilusión y tapemos con todas nuestras fuerzas esos pozos oscuros que tratan de arrastrarnos a sus negras profundidades.

Invoquemos con alegría a las ganas de vivir, invoquemos a la música, a la poesía, al amor, a la bonanza eterna de los campos, de las flores, del sol y de la luna que cada día nos acompañan. En todos ellos encontraremos la inmensa paz del cuerpo y del alma.  Hay mucha belleza en este ancho  mundo, el hogar de todo ser viviente, que tenemos que gozar con los ojos de la ilusión y de la fe.

La esperanza está en el amanecer de cada día. En el sol que sale para todos nosotros, en el viento y la lluvia que nos azotan la cara para decirnos que despertemos, que seamos conscientes de que estamos vivos. Que tenemos un amplio y luminoso horizonte que nos espera. Que tenemos una tarea que realizar: el trabajo vivificador de ganarnos el pan y el de ayudar con entusiasmo al que nos pide ayuda.

Pero como todo está en continuo movimiento, como decía el sabio griego, tengamos esperanza de que pronto, en vez de llorar podamos reír. Dejémonos de utopías y cantemos en voz en grito a la esperanza un  himno de bonanza y de paz imperecedero.

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