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Circulo Universal Embajadores Paz, Coronavirus por: embajador Carlos Palma (Uruguay)

Todos y todas tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos

Creo que el universo tiene su manera de devolver el equilibrio a las cosas según sus propias leyes, cuando estas se ven alteradas.

Los tiempos que estamos viviendo, llenos de anomalías y paradojas, dan que pensar …

En una era en la cual el cambio climático esta llegando a niveles preocupantes por los desastres naturales que se están sucediendo, en China en primer lugar, y a otros países a continuación, se les obliga al bloqueo; la economía se colapsa, pero la contaminación baja de manera considerable.

La calidad del aire que respiramos mejora, usamos máscaras, peri sin embargo continuamos respirando…

En un momento histórico en el cual ciertas ideologías y políticas discriminatorias, con fuertes reclamos a un pasado vergonzoso, están apareciendo en todo el mundo, aoarece un virus que nos hace experimentar que, en un cerrar de ojos, podemos convertirnos en los discriminados, los segregados, aquellos a los cuales no se les permite atravesar la frontera, aquellos que trasmiten enfermedades. Incluso si no tenemos la culpa. Incluso si somos blancos, occidentales y con todo tipo de lujos económicos a nuestro alcance.

En una sociedad basada en la productividad y el consumo, en la que todos corremos 14 horas al día, persiguiendo no sabemos exactamente qué, sin sábados o domingos, sin descanso, sin pausa, de repente se nos impone una parada forzada.

Quietos en casa, días tras días, a contar las horas de un tiempo al cual le hemos perdido valor, porque solo lo medimos en retribución de algún tipo, o en dinero.

¿Todavía sabemos cómo usar nuestro tiempo sin un fin especifico?

En una época en la cual la crianza de los hijospor razones mayores se delega a menudo a otras personas e instituciones, el coronavirus obliga a cerrar las escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a volver a poner a papa’ y a mama’ con los propios hijos. Nos obliga a volver a ser familia.

En una dimensión en la cual las relaciones interpersonales, la comunicación y la socialización se realiza en el (no) espacio virtual de las redes sociales, dándonos la falsa ilusión de la proximidad, este virus nos quita la verdadera proximidad, la real: que nadie se toque, que nadie se bese, que nadie se abrace, todo se tiene que hacer a distancia, en la frialdad de la ausencia de contacto.

¿Cuánto hemos dado por sentado estos gestos y su significado?

En una fase social en la cual pensar en uno mismo se ha vuelto la norma, este virus nos envía un mensaje claro: la única de salir de esta es la reciprocidad, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de una manera mayor sobre lo que significa ser responsables y que esto a su vez se responsabilice hacia nosotros.

La corresponsabilidad: sentir que de tus acciones depende la suerte de los cuales te rodean y que tu dependes de ellos y de ellas.

Entonces, si dejamos de buscar culpables y de preguntarnos porque ha pasado esto, y empecemos a pensar en que podemos aprender de todo esto.

Todos y todas tenemos mucho sobre lo que reflexionar y esforzarnos.

Parece que con el universo y sus leyes la humanidad ya esta bastante en deuda, aunque nos lo tenga que venir a explicar esta pandemia, a un precio caro.

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