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Circulo Universal Embajadores Paz: CORREO SIN ESTAMPILLAS, De nuestro embajador Guillermo Alfonso Bazan BECERRA Peru

Por/Para la Paz

La paz es flor y fruto que nace y fructifica en el Jardín del Alma, cultivado principalmente con el amor paterno y el aire que se respira en el hogar desde nuestro primer día de vida y sólo cuando sus raíces han penetrado en la conciencia misma es que podemos entregarnos en cuerpo y alma al mundo que nos rodea, haciéndolo incondicionalmente.

Pero es algo que tiene que abonarse  -¡cómo no!-  con jornadas en que tenemos que beber del cáliz que la vida nos proporciona en la ruta que recorremos, siendo así que vamos revalorándola cada vez mejor porque es un regalo parecido al que Jesús nos entregó en cada segundo de su Pasión. Siendo así, es posible relacionar la paz que hemos podido saborear con ese primer amor, verdadero fuego que nos transtornó y nos transformó, para tomarlo como referencia de lo que ansiábamos del futuro, aún sin imaginar si podríamos o no llegar a lucir las arrugas en el rostro ni las canas. En ese sentido, permítame y disculpe mi osadía al incluir uno de esos poemas que al paso del tiempo toma el hálito de algo muy pasado e inalcanzable, cuando en verdad siempre habrá alguien que pueda cogerlo y aunque en su fuero interno estuviera una guerra en pugna de emociones y amarguras… podrá ser un posible remanso para ayudar a reencontrar la paz y seguir…

CORREO SIN ESTAMPILLAS

Hoy en la era digital a nuestro correo extraño:
todos los meses del año, por muy lejos que yo estaba,
llenabas lo que faltaba en mi vida aún sin sabor:
tú le dabas el color… como una linda estampilla,

tú eras mi altar de capilla, mi virgen particular…
¡Mujer espectacular, aun siendo adolescente!
Además de inteligente eras artista y poeta;
yo era como un cometa cuyo hilo manejabas…

¡Era porque tú me amabas por ser yo tu amor certero!
Por eso nuestro cartero celebraba tus cartitas,
se alegraba de las cuitas que le conté en confianza,
porque eras la esperanza de mi futuro total…

Hoy recuerdo en especial tus cartas siempre adornadas,
con figuritas pintadas por tus manos suavecitas,
sé que en muchas nochecitas ya ni siquiera dormías
pensando qué escribirías para hacerme más feliz:

perdonarme algún desliz o algún ansia obsesiva…
Traviesa, no posesiva, adorable en tu ternura,
escribiendo en tu premura a que tus padres no sientan,
ni sospechen, ni presientan que mi amor te conquistó…

Y el correo completó el lazo que nos unía:
¡Sabías que te quería! ¡Nuestro amor colmaba todo,
no tenía nada de lodo, porque ahí estaba Dios…!
¡Él nos unió a los dos y nos hizo muy felices!

No comimos las perdices que el cuento nos relataba.
La enfermedad te mataba… ¡y ni nos dábamos cuenta!
Mi alma siempre lamenta que ese tiempo tan fugaz
se haya quedado atrás y tus cartas sean la herencia

de lo que fue mi querencia soñada y ambicionada…
Hoy, lo ves, no queda nada; ni siquiera una silla,
ni un sobre, ni una estampilla que me hablen en presente…
¡Eres ya la eterna ausente! Mi correo es la oración:

Te escribe mi corazón al Paraíso Bendito…
Sabes que te necesito, aunque me doblen los años.
Sin ti hallé sólo desengaños, traiciones e ingratitudes,
no porque no haya virtudes sino porque comparé…

nunca más me pararé a hurgar en el buzón.
Quizá pierda la razón por dolor de soledad:
tú miras hoy mi orfandad y acaso aún me acaricias…
¡En mis sueños… las primicias sólo tienen tu sabor!

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