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Circulo Universal Embajadores Paz de nuestro embajador Adrián N. Escudero – Escritor Argentina

Se habla...

  “Vivimos en una época en la que se habla mucho de armonía y paz interior. Sin embargo, pocos mencionan que una de las mejores formas de alcanzar estos ideales es mediante el espíritu de servicio hacia los demás. La paz es el fruto de saber escuchar, de entender y atender las necesidades ajenas antes que las propias. / Vivir la fraternidad y la armonía entre los seres humanos son los ideales de paz que más se predican, en contraposición al desastre, a la guerra y a todo género de conflictos. Pero la paz no comienza desde fuera, sino desde dentro. No depende de las decisiones de altos funcionarios, sino de lo que llevamos en el interior. (…) / Vivir en paz con los demás radica en nuestra forma de expresarnos. En algunos momentos, tenemos el impulso de hacer notar los errores de nuestros interlocutores sin saber todo lo que tienen que decir, provocando discusiones y resentimientos. Expresar nuestro punto de vista en el momento oportuno, facilita la comunicación y aumenta las posibilidades de superar las dificultades, pues ambas partes se sienten escuchadas. / (…) Por eso, es importante pensar con serenidad antes de tomar cartas en el asunto. (…) / La paz interior surge como un producto del conocimiento propio y profundo: “Allí donde el agua alcanza su mayor profundidad”, dice Shakespeare, “se mantiene más en calma”. Gracias a este bien de (…) frutos sanos y sabrosos, somos capaces de aprender a dominar nuestro egoísmo y el deseo de tener siempre la razón. (…) Cuando esto ocurre, conciliamos la paz con nosotros mismos y con nuestros semejantes”.

Pero, al cabo de abonar en general lo expuesto, me he preguntado no obstante, si el deseo de tener siempre la razón es malo en sí mismo, o depende de las bases que sustentan nuestro juicio precediendo a la dicha razón. Por cuanto la verdad, que es luz, salida fuera como tal, ilumina, “Y no tiene remedio” (Poeta J. M. Serrat). Aunque haya diplomáticas razones para aseverar también que, si esa luz se coloca frente mismo de los ojos de un ocasional interlocutor, más que iluminar, encandilará… En tal sentido, a dichos pensadores falacistas, le diría que cuando alguien se encandila o es encandilado con o por algo, con o por alguien, tiende a dar un instantáneo paso hacia atrás para enfocar bien lo que tiene por delante… Excepto que sea ciego… Y ya sabemos que, en este mundo, hay muchos ciegos que guían a ciegos… Así que el encandilamiento (que es propio, por ejemplo, en las primeras etapas de una energía que se presuma amor), no debe desviarnos del eje, sino, por el contrario, reconocer que toda luz verdadera tiene un eje al que conocer y respetar.

Veamos, y con la licencia de usted, amable lector, nuestra particular visión “Acerca de los Ideales de la Paz y las Humanas Paradojas”, y por las que un día rendiremos cuenta.

« Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría
y en tu boca la acción de gracias »
(San Pedro Damián, Obispo y Doctor de la Iglesia)

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