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Circulo Universal Embajadores Paz, embajador Adriàn Néstor Escudero (La Argentina)

Aegato en favor de la Paz y la Fraternidad Universal

Sólo una cuestión por aclarar. Entiendo que no es misión del Arte salvar al mundo, sino reflejarlo en sus dones y antivalores, alentando a los unos y desechando a los otros, respectivamente.

Es misión del Arte, sí, revelarnos las esencias de la bondad, la belleza y la verdad de lo creado. Entonces, me peguntarán, sino es misión del Arte en sí mismo, salvar al mundo, para qué sirve.

Pues bien, sirve como medio para que un corazón de buena voluntad, conmovido y transformado por  las esencias que nutren al Arte de su poder creativo, sí pueda hacerlo.

El Arte aparece claramente entonces no como un fin sino como un medio: medio que, como tal, no resultaría ni bueno ni malo, prima facie, ya que su axiología implícita depende de los valores (o antivalores) del hombre o artista que lo emplea… Porque hasta lo malo puede ser divulgado y persuadido por medio de aparentes bellas y buenas y verdaderas palabras… Una materia que dominan muy bien los lobos disfrazados de corderos, y sus arrolladores y concupiscentes secuaces.

Entonces, ¿cómo preservar a las esencias de bondad, belleza y verdad, de su verdadero cometido en el Arte como vinculación o relación humana biunívoca y subjetiva del hombre con la realidad (la visión del mundo a través de un temperamento, según E. Zola)?

Para ello hay que comprender que el hombre ha recibido, como todo su ser, el don de la Palabra: un don que lo distingue y eleva entre las especies vivientes del Universo. O del planeta, si queremos ser más humildes.

Y entender además que, la Palabra, no es propiedad del hombre sino Gracia, gratuidad de Aquél que ha lo creado y sustentado  como ser viviente, con inteligencia, libertad y voluntad, por cuanto en el Principio era el Verbo y el Verbo era Dios…

… Un Hacedor que confiere a su criatura, dignificada y divinizada en el transcurso del espacio-tiempo o Historia Humana, por su propia y directa intervención Personal y Encarnada en la redentora Persona de su Primogénito: Jesucristo, Señor de la Historia; y entablando a partir de esta maravillosa Nueva Alianza de lo Divino con lo Humano, un diálogo hipostático con el  Hombre; un diálogo donde al Hombre se le confiere ya no la calificación de criatura sino de Hijo (pues su carne ha sido divinizada y su espíritu encarnado), y, de ese modo, y por medio de la Palabra dada,el rol de Administrador de los Bienes Creadores, ergo, de la dicha Palabra agraciada en plenitud y trascendencia.

Estas consideraciones hicieron que un día escribiera una MIRADA sobre la POESÍA y su Misión: la de sacralizar al Mundo. Pues sólo de este modo, opino, será eficaz (eficiente y económico) medio en manos del hombre de buena voluntad; hombre capaz de  pensar, sentir y obra con pureza de corazón y rectitud de intención… Y hacer del Arte un instrumento para reconciliar al Mundo con Dios  y consigo mismo.

A continuación, les ofrezco entonces dicha MIRADA, que ojalá contribuya a los nobles fines y objetivos del CERCLE AMBASSADEURS DE LA PAIX (France/Suisse), en favor de la Paz y la Fraternidad Humanas:

MIRADAS…

LA POESÍA: SANGRE Y LUZ DEL VERBO

Dicen que “LA VIDA SE VA COMO EL VIENTO… DIFERENTES AROMAS DEJAREMOS A NUESTRO PASO. EL POETA DERRAMA TAÑIDOS Y ÉSTOS SUBEN A LOS CAMPANARIOS…”

(Poeta Hilda Schiavoni – UNILETRAS – Febrero 2016).  

La poesía, cuando es latido, canto, susurro, suspiro, grito o súplica del corazón del hombre inquieto ante el devenir de la trama de la existencia humana, tiene -por ser parte, sangre del Verbo Creador, Redentor y Santificador del universo todo-, poder de sanación, de salvación…

Una vez que el alma descarga a tierra de Misericordia sus afanes y perplejidades, sus anhelos y esperanzas, sus pasos y contrapasos, sus derrapes y alzadas, sus curvas y atajos, sus dudas y compromisos, sus temores y pesadillas, sus promesas y discursos…, vuelve con nuevos ojos encendidos desde lo Alto a propulsar los pies peregrinos sobre su propio polvo; y también, con renovados bríos y brotes augurales –al alba, siempre al alba, después del conjuro irrefrenable de la noche- a alistarse, una y otra vez, para librar el buen combate que nos ofrece la vida para alcanzar la Vida.

Por eso, la Poeta colombiana Cecilia Lamprea de Guzmán (N. 1933, Bogotá), al interpretar el párrafo antecedente, expresará en inolvidable síntesis de la phoesis: “Siempre el poeta, será un renovador de amaneceres sobre el polvo de su propia angustia”.

No es un juego. Es un combate. Una lucha ora cruenta, ora incruenta entre la luz y la sombra, entre la fe y la impiedad, entre la esperanza y la locura.  Y si la palabra combate y lucha no deja de ajeneizarnos de una auténtica axiología humanizante, troquemos esos verbos por otros más adecuados: y hablemos no de combate, sino de SERVICIO; no de lucha, sino de ESFUERZOS Y SACRIFICIOS…

… Y dejemos, agraciados como somos, misioneros del Maná de la Palabra, que ésta emprenda su marcha por el derrotero de ominosas, oscuras quebradas… Porque ningún mal temeremos.

Es que la Poesía no es una niña ingenua, imberbe y temerosa. Es una mujer valiente, lúcida y traslúcida. De su mano tersa, suave y firme ningún mal temeré. Es el consuelo de todo un Dios, Amor Ofrenda, con nosotros. Entonces, si Ella y Él con nosotros, sangre sacrificial del Verbo humanizado: ¿quién contra nosotros? Ni siquiera el astuto, tenebroso, suspicaz Padre de la Mentira…

Muchos han tratado de definirla. Incluso “poéticamente” como Gustavo Adolfo Bécquer (“Poesía… eres tú”) o Rabindranath Tagore (“La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”). Y más recientemente, un colega venezolano (Rafael Vicente Padrón Ruíz) tambiénha aproximado su propia mirada de tan grande Misterio, expresando: “El mundo es un libro, nosotros un poema y la vida entera es poesía”. Una mirada cercana al enfoque trascendente de la vida guiada por una espiritualidad de lo humano, nos aproximará sin más a la poesía de ser y estar en el mundo, aunque no seamos del mundo.

Resumiendo: Cuando un alma piensa, siente y dice poesía, es porque el Verbo, todo Luz, habita en ella. Y la Poesía resulta la formalización del Verbo encarnado en dicha mirada, en las esencias de bondad, belleza y verdad. O, en otras palabras, la poesía es como una estrella… A cada cual toca alguno de sus rayos… Pero es siempre el mismo rayo de luz. Y en una sola partícula de luz se hallan condensadas todas las propiedades de la Fuente de Luz.

Gracias y bendiciones al Poeta que la Nombra. Gracias y bendiciones por el temblor de su Voz, la del ciervo sediento que va en busca del agua…

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