Descubrí, a través de lecturas, enseñanzas, autoanálisis y otras fuentes, cómo buscar la Paz.
También entendí que la Paz es un estado de ánimo, algo profundo, obtenido por el deber cumplido con la conciencia y el universo. Que esto solo es posible haciendo el bien constantemente, es decir, luchando a diario contra nuestro mayor enemigo: nuestras imperfecciones.
Trabajamos en las actitudes externas para obtener el tesoro interno, que es una conciencia tranquila.
Un consejo importante; no insista en lograrlo, la paz, como se dice, es un logro diario e incesante.
Nuestra Tierra es un crisol perfecto para nuestra purificación y una escuela bendita. Aquí tenemos todo lo que necesitamos y todas las situaciones para generar las experiencias necesarias para nuestro crecimiento.
Nos engañamos a nosotros mismos al querer apaciguar al mundo y a los demás, mientras que nosotros mismos todavía estamos en una confusión interior.
Sorprendentemente, la guerra no siempre es algo totalmente innecesario, pero es el resultado de nuestra necesidad de llevar el duro caparazón de la ignorancia y el mal a través del sufrimiento.
La Paz Verdadera solo se logrará si me pacifico, me convierto en ejemplo, entiendo al prójimo y le transmito lo que puedo hacer que es bueno. Es la lucha individual de cada ser que habita este hermoso planeta.
No existe una fórmula mágica, ni una ley impuesta por el hombre, que pueda generar la paz en su pureza, pero hay un camino a seguir: el conocimiento libre y la voluntad individual.
Volviendo al comienzo de este capítulo, estoy eternamente agradecido con Dios por ponerme aquí en este terreno. Solo tengo que agradecer y luchar para merecer este regalo. – ¿Quieres paz? – ¡Distribuye el amor!
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