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COMUNICACIÓN Y GOBERNANZA PARA DETENER EL COVID 19 Dr. Mario H. Concha Vergara PhD. Docente en TEW-Chile

Tribuna

 

Dr. Mario H. Concha Vergara PhD. Docente en TEW-Chile

La ética comunicacional y la gobernanza se han puesto en un alto relieve a propósito del Covid-19 a pesar que durante o por más de 25 años la salud pública ha traspasado los límites de la privacidad de los pacientes y la falta de respuesta de algunos gobiernos referente a la salud pública.

Las funciones básicas de la salud pública, en la actualidad, se centran en la detección de casos de coronavirus, en la localización de contactos, aislamiento,  y cuarentena, y castigo, a quienes infringen las cuarentenas contagiando criminalmente a los seres sanos.

En este trabajo queremos iniciar una especie de exploración comunicacional, sobre la ética existente, si es que hay alguna, de las tecnologías digitales (TIC) (Teoría de la Información y Comunicación) y la gobernanza empleada por los gobiernos para asegurar la vigilancia de la salud pública durante no solo esta epidemia sino sobre todas las epidemias y pandemias que azotan al mundo pues, pandemia no es una palabra que debe tomarse a la ligera.

Durante lo que va de este siglo hemos vivido, por ejemplo, el VIH / SIDA que apareció en los años 80 del siglo pasado y estimándose que han sucumbido unos 32 millones de personas; El SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), apareció en China y mató a 774 personas y fue controlado con una vacuna pero, aún está latente. La Gripe Aviar (H5N1) aún está actuando, ha sido controlada por medio de una vacuna pero no se sabe si está controlada  o no, ni cuántos muertos ha producido. Estas enfermedades fueron en parte controladas porque se encontraron vacunas a tiempo o porque los sistemas de salud pudieron informar acertadamente la manera de combatirlas, lo cual no ha sucedido con el Covid-19.

Los problemas que se encuentran en la lucha contra la pandemia es que no hay nadie inmune a la enfermedad y que los casos más contagiados se encuentran entre los 25 años de edad y los 40 años; el otro problema es que aproximadamente el 70% de las personas son asintomáticas de acuerdo al Ministerio de la Salud Pública de Chile. Esto significa que la gobernanza debe estar dirigida hacia leyes o normas más duras que no permitan a los irresponsables (que los hay en todo el mundo), no sean quienes se transforman en aliados del virus. Éticamente es necesario que las cuarentenas decretadas por los gobiernos inteligentes, tengan algunas compensaciones para la gente más necesitada; también es necesario que los gobiernos sepan usar los medios de comunicación para informar a sus pueblos.

Lo anterior significa que las medidas a usar en contra de la pandemia son mixtas pues las TIC deben ser usadas conjuntamente y centradas en la implementación de medidas de salud pública como el aislamiento y la cuarentena lo cual lastimosamente no ocurre en todo el mundo pues, al parecer, nadie toma en cuenta, ni considera la importancia de los expertos en comunicación, existiendo maestrías y doctorados al respecto. Por otra parte, en muchos países, lamentablemente no hay acceso a Internet ni a sus fuentes comunicacionales. Sin embargo, a pesar de ello, existe un potencial creciente para utilizar el aprendizaje automático y los grandes datos para pronosticar la propagación de enfermedades y priorizar a las personas para las pruebas o las limitaciones en el movimiento.

Por ejemplo, los chinos que al parecer han aprendido mucho de las últimas plagas virales han creado una aplicación durante el brote de COVID-19 y ha sido el requisito del gobierno que los ciudadanos de más de 200 ciudades instalen una aplicación Alipay en sus teléfonos inteligentes que asigne un código de riesgo a cada persona que indique en qué medida se les permite moverse por la comunidad. “Según los informes, el algoritmo de codificación incorpora información sobre el tiempo pasado en ubicaciones de riesgo y la frecuencia de contacto con otras personas”. [1]

Los analistas de la importante revista Sciencie, Michelle M. Mello y C. Jason Wang plantean que “los gobiernos tienen enormes cantidades de datos personales de los ciudadanos a su disposición que pueden usarse para identificar a las personas con mayor riesgo de infección y priorizarlas para que las investiguen los funcionarios de salud”. Esto no deja de ser cierto pero debemos recordar que algunos Estados como la mayoría de los africanos con excepción del Reino de Marruecos y la República de Sudáfrica y tal vez Egipto, tienen una gobernanza muy compleja y además existe  poca gobernabilidad y falta de recursos económicos, comunicacionales y culturales para lograr dicho control. En América existe el mismo problema con países como Haití, Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela.

Por ejemplo, dice Sciencie, el “gobierno taiwanés vinculó los datos de inmigración y aduanas de los viajeros (en archivos por lotes, después de eliminar el historial de viaje irrelevante) a los datos del Seguro Nacional de Salud en las visitas al hospital y a la clínica para identificar a las personas cuyos síntomas podrían deberse a contraer el nuevo coronavirus durante el viaje a un área afectada.” Esa información, totalmente relevante fue compartida con los servicios de salud para ser usada en tomar decisiones durante las visitas de los pacientes, como solicitar un historial adicional de la enfermedad actual y solicitar una prueba COVID-19.

Por otra parte, países como Nueva Zelanda, Tailandia y Taiwán utilizan datos de los teléfonos móviles para monitorear el movimiento de las personas contagiadas sujetas a confinamiento o aislamiento. En países como Chile existe también un sistema de rastreo de los infractores quienes están sujetos a millonarias multas que pueden llegar a más de 40 mil dólares si no cumplen con las ordenanzas. China, Polonia y Rusia han utilizan software de reconocimiento facial para monitorear el cumplimiento de las órdenes. Son medidas intrusivas que van en beneficio de los afectados y de a población en general; los teléfonos celulares y aplicaciones de redes sociales también pueden ser usados para controlar el cumplimiento de la población de las órdenes de distanciamiento social

Las TIC son útiles, además para apoyar a las personas confinadas para su trabajo, diversión, estudios, etcétera. El monitoreo remoto a través de teléfonos inteligentes mejora las posibilidades de aislar y poner en cuarentena a las personas en el hogar en lugar de usar  instalaciones especiales, como se hace en Chile. Los termómetros digitales de los teléfonos y los videos, permiten a los trabajadores  de la salud controlar regularmente las necesidades de las personas sin exponerse al riesgo de transmisión pues ya son miles los médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud que han muerto contagiados en el mundo. Los vecinos, si tienen los teléfonos de cada uno también pueden movilizarse para ayudar a las personas confinadas en el hogar, como está ocurriendo en los Estados Unidos a través de la aplicación de redes sociales del vecindario NextDoor en muchas de las vecindades chilenas.

Chile y Marruecos tienen varias cosas en común respecto al coronavirus. Estos países, uno en el norte de África otro en el sur de América ha decidido poner sendas cuarentenas a sus habitantes para evitar los contagios. En ambos casos hay que reconocer que ni siquiera China hizo lo mismo en su vasto territorio nacional. En ambos casos las economías serán afectadas y a pesar de eso se cree que el crecimiento económico de ambos países no será negativo. En marruecos país mayoritariamente musulmán cerró sus mezquitas; Chile mayoritariamente católico cerró sus Iglesias para evitar los contagios.  Para que las personas vayan a sus trabajos (preferenciales, como salud, industrias procesadoras, pesca, etcétera) requieren en ambos países un salvoconducto especial y si la policía los encuentra sin ellos los pueden llevar detenidos y multarlos.

Para quienes somos comunicadores creemos que hay serias dudas en el uso de los métodos tradicionales de rastreo de contactos contagiados con el coronavirus o con la pandemias que venga en el futuro pues una cosa es cierta, la gobernanza debe centrarse y acostumbrarse, en especial, a dos cosas: 1.- la salud pública, 2.- las políticas sociales. Para sistematizar los rastreos del contagio viral se deben procesar métodos algorítmicos a través de los teléfonos inteligentes u otros sistemas operativos que estén en funciones; no hay que olvidar que en los tiempos actuales la evolución de los sistemas virtuales avanza con gran velocidad.

En Singapur se acaba de establecer un experimento mediante el cual el gobierno pidió  a sus ciudadanos que instalen una aplicación de teléfono inteligente desarrollada por el propio gobierno llamada TraceTogether. Esta  aplicación utiliza la tecnología Bluetooth para intercambiar números de identificación con los teléfonos de otros usuarios de TraceTogether a menos de 6 pies del usuario, compartiendo datos con el gobierno solo si el usuario está sujeto al rastreo de contactos debido a un diagnóstico COVID-19. (Sciencie, 2020). Una treintena de países ha logrado implementar este tipo de aplicaciones a fines de abril de este año, y también existe un esfuerzo similar y  de alto perfil por parte de Google y Apple para desarrollar este tipo de rastreo virtual.

El gobierno israelí ha sido menos democrático que el de Singapur obligando a sus súbditos  a usar los datos de ubicación a las personas infectadas en sus celulares con un enfoque que envía mensajes de texto a personas que entran en contacto con casos conocidos de COVID-19 para informarles que deben ponerse en cuarentena inmediatamente durante 14 días.

Corea del Sur también utiliza  los datos de geolocalización sin buscar el consentimiento de sus enfermos. Además, publica a todos la información sobre dónde viajaron las personas infectadas en los días previos a su diagnóstico en función de los datos de ubicación del teléfono celular, los registros de la tarjeta de crédito y el video de vigilancia, lo cual para muchos es antiéticos pero para la mayoría no, pues se hace con la finalidad de salvar vidas.

El problema para muchos es que estos sistemas de comunicación avanzada no estarían respetando la privacidad de los individuos ni la autonomía de ellos; pero, hay que entender que el avance científico de las comunicaciones ayuda, sin lugar a dudas,  a que el virus del Covid-19 no se expanda y acabe con otros miles de vida como hasta ahora. Por otra parte los científicos de la comunicación debemos ser considerados por los distintos gobiernos para proveer la ayuda necesaria en el combate a esta pandemia. También, la gobernanza debe incluir en sus acciones políticas las ideas de los cambios que se están produciendo en las sociedades modernas en beneficio de sus habitantes…

E-mail:conchamh@gmail.com

[1]https://science.sciencemag.org/content/early/2020/05/11/science.abb9045?utm_campaign=fr_sci_2020-05-14&et_rid=681688988&et_cid=3326744

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