Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Consecuencia de productos caducos de ayuda humanitaria: Los voceros del Polisario deliran

No potable

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna pueda llegar.

 

A unos divierten, a otros escandalizan, a todos inquietan: son los productos caducados de la ayuda humanitaria internacional que “se tragan” los polisaristas, entre ellos sus payasos que juegan la prensa y la comunicación.

“Lo que sea, como sea y cuando sea” … a condición que sea contra Marruecos y su vertiginoso avance en todos los dominios. Como diría A.Ould B “con lo que cobran los pobres… unas cuantas  bolsas de arroz, cinco hasta diez raciones de los no menos pobres secuestrados”.

Es cuando la información se convierte en comics, en dibujos animados en arma que dispara contra si… ¡un ridículo! Y el mentor argelino que no encuentra mejor, se consola reconociendo que, en Argelia, sus polpotianos propagandistas no son mejores.

La prensa y la comunicación tiene sus hombres y mujeres, sus reglas y sus bases.

Tal señor, tal doméstico. Ni uno ni otro acierta a mancillar la sólida e inoxidable imagen de Marruecos que crece mientras que la de otros decrece y retrocede.

Es exactamente la diferencia entre la realidad y la impostura.

¡Prensa… cuanta desfachatez se comete en tu nombre!

 

 

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