Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.
Acorralados por el mentor, abandonados por los “aliados” y olvidados por los “socios”, los miembros de la cúpula del Polisario parecen no saber sobre qué pie deben bailar.
El mal que por bien venga… no pocos miembros de esta cúpula se han enterado, después de 43 años de la capacidad y las posibilidades de unas milicias, de la diferencia entre el hecho y el dicho y lo que deben hacer y no hicieron en 43 años.
Arden los campamentos… Muchos fueron contactados por sus familiares en el Sahara marroquí, extremadamente inquietos por su triste destino, trasmitiéndoles la extrema preocupación de Marruecos y sus autoridades ante el inmoral abandono del mentor a los rehenes de los campamentos.
Contactos y compasión. Ni Marruecos es lo que pinta el Polisario ni es como muchos lo han creído… Hoy es una gran ocasión de desmantelar este gulag y de derribar el telón de acero. Hoy es una gran oportunidad de reflexionar hondamente, olvidar lo que divide, recordar lo que une y pasar la esponja sobre 43 años de creer el espejismo y de imponer el calvario a miles de inocentes.
Hoy es una obligación de saber quién es nuestro y quién ajeno.
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