“Cosas de nuestros vecinos”    “LA DISCAPACIDAD FANTASMA” José Antonio Carbonell Consuelo Blanco

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 Ana es una madre trabajadora como tantas hay en nuestro país y Luis Miguel es su hijo, un adolescente de trece años como millones de jóvenes hay en España. La diferencia es que el joven padece TDAH, un trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

Se trata de un trastorno neurobiológico, originado en la infancia que implica un patrón de impulsividad, junto a otros trastornos de desarrollo, emociones y otros sin identificar.
Seis años tardaron en diagnosticarle al muchacho esta enfermedad. Se movían de un sitio a otro como marionetas hasta que un psiquiatra de Atención Primaria, le puso nombre a todo el trasiego vivido hasta el momento.
Luis Miguel está en su quinto colegio. Ha ido pasando por diferentes centros, siendo siempre expulsado por su “conducta”.
Ana, está desesperada porque ninguno de los colegios por los que el niño pasa, le ofrece la atención que su hijo necesita. Ni el personal docente, ni dirección, ni tampoco el gabinete psicológico cubren sus necesidades, provocando que esta madre no vea ni un ápice de luz en toda la oscuridad que cubre su día a día.
Las Administraciones, en lugar de tender puentes, sólo ponen zancadillas y problemas a esta madre que, ha estado muy cerca de perder el trabajo en varias ocasiones y ya no sabe a qué puerta llamar.
A nivel nacional, se cree que entre el 3 y el 7% de niños, sufre el TDAH, lo cual equivale a uno o dos niños por aula, suponiendo una transformación en sus vidas y la de sus familias de un modo trágico, ya que el apoyo y el alivio son inexistentes, a nivel sanitario ni educativo.
Nuestra sanidad pública ofrece prestaciones a nivel integral (eso dice la Ley General de Sanidad), pero los Centros de Día que, podrían ayudar a Luis Miguel, no disponen de plazas suficientes para ayudarlo y ni siquiera el informe del psiquiatra ayuda a que el joven pueda acceder a esta prestación pública.
A nivel europeo, la Resolución 2042/2015 de marzo, la Asamblea dice:
-La capacitación sea adecuada de los profesionales de la salud y el manejo adecuado del TDAH.
-Que se siga un enfoque integral para el tratamiento del TDAH y que los medicamentos psicoestimulantes se utilicen como último recurso y siempre en combinación con otros tratamientos con prioridad para las intervenciones y el apoyo académico.
-Aumentar la conciencia, en particular educando a padres y maestros sobre diagnóstico y tratamiento.

Después de todo lo escrito, nos preguntamos por qué está madre, cada vez que tiene que realizar un movimiento en beneficio para su hijo, se encuentra con tantas trabas y se lo ponen tan difícil.
Tal vez aún, a día de hoy en pleno siglo XXI, un niño que no muestra signos de discapacidad, en su rostro o cuerpo y tenga un comportamiento diferente a los demás, la ignorancia les haga pensar que, ese niño simplemente es “malo”. El desconocimiento tan grande, sobre las muchas enfermedades y trastornos mentales hacen que estos jóvenes que, lo único que quieren es integrarse en la sociedad, sean rechazados y estén mal mirados por el resto, desconociendo que con profesionales y personal adecuados, detectados a tiempo, podrán llevar sus vidas dentro de la normalidad.

 
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