Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Covid-19 en los campamentos de Tinduf: Los muertos no hablan 

Nadie debe saber

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

Nadie o casi nadie en este gulag argelino de Tinduf cree lo que canta el Polisario. Hoy, más que nunca la diarrea informativa del Polisario y su mentor argelino producen produce carcajadas e ironía.

Desde los “territorios liberados”, hasta los congresos bajo el paragua argelino, pasando por la malversación y robo de la ayuda humanitaria y los diferentes tráficos y, ahora, con sádicos a nuncios del número de infectados en los campamentos, los cuentos del Polisario hacen de él el hazme reír de la población. “Casi todos sabemos cómo los dirigentes del Frente han llegado a este campamento y en qué se han transformado. De descalzos o con vetusta sandalia, a hábitos de 1000 hasta 5000 euros. Por algo algunos canarios se solidarizan con la ‘causa’”. Suilem MOI sabe lo que dice. El viejo es testigo ocular de más de 300 casos de infección, la mayoría de los cuales “nunca han vuelto a sus tiendas de campaña”.

“¿Misión de tres meses?” se preguntaba una mujer, cuyos dos hijos y una hija, infectados fueron llevados por los “servicios sanitarios”. Nunca han vuelto. Le dicen que “están en misión”.

El régimen argelino lo sabe, pero, desde hace meses, se limita a prohibir el acceso a su territorio a la “gente de los campamentos de Tinduf” o bajo una impresionante pila de medidas preventivas y cautelarías.

Nunca antes en nuestra historia, ni siquiera bajo la tutela colonial española, los sahrauies fuimos tan ultrajados y humillados. Pero vendrá el momento de ajustar nuestras cuentas con Argelia y su Polisario.

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