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COVID-19 Y DECADENCIA *Dr. Mario H Concha Vergara

Tribuna infomarruecos.ma

 

Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD –Docente-Chile

“Todo pasa y todo queda. Pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo camino. Caminos sobre la mar. Caminante no hay camino el camino se hace al andar” (Antonio Machado)

En estos días en que la pandemia creada por el Covid-19 (Coronavirus) la humanidad se debate entre seres inteligentes, obtusos y tarados con relación a cómo enfrentar el virus, tenemos que pensar que debe haber algún tipo de solución para que no desaparezcamos del orbe. La pregunta clave, que debemos hacernos, en términos puramente filosóficos no es si la sociedad mundial o la civilización pueden salvarse, sino si lo merecen.

Yo caigo en un pesimismo cultural al ver, oír, y sentir como en Norteamérica,  Latinoamérica, en Europa, En Asia, Oceanía y África, existen grupos que no entienden la fortaleza del virus el cual no tiene hasta el momento, ninguna vacuna que lo pueda detener. El pesimismo cultural, no solo mío sino que en general, está obviamente, influido por Friedrich Nietzsche y su condena general a la sociedad europea a la cual tildó de “enferma y decadente”; obviamente el filósofo, en su época, no veía más allá de Europa debido al conservatismo filosófico que imperaba. Él planteaba algo muy cierto para hoy: “Hay un elemento de decadencia en todo aquello  que caracteriza al hombre moderno”. Para sus discípulos Heidegger, (el filósofo de Hitler), Marcuse, y otros, quienes planteaban, en el fondo, una importante interrogante del futuro que no es si la civilización occidental sobrevira sino qué la reemplazará. Aquí podemos observar que siempre se habla de occidental no como sinónimos de ubicación geográfica sino como sinónimo de cultura única, lo cual es un gran error para decir lo menos de estos “grades filósofos”.

Obviamente estos filósofos mayormente influenciados por el cristianismo (léase catolicismo, protestantismo, y otros), se olvidaron de la filosofía asiática, africana, del oriente medio y otros lugares geográficos que mucho tuvieron que ver con la creación de los que ellos llaman “occidente”. Lo importante de esto es que hay que considerar que toda teoría del progreso contiene una teoría de la decadencia “pues las leyes histórica pueden funcionar en ambos sentidos” (Arthur Herman, 1998).

Podemos recordar como la civilización humana sufrió, durante el siglo XX, dos grandes guerras mundiales que dejaron decenas de millones  de muertos, una guerra fría, que produjo importantes guerras locales en Asia, guerras que fueron aprovechadas por las llamadas “potencias” para dar un salto cualitativo y cuantitativo en el invento y avances científicos que más que nada han sido usados como armas olvidándose totalmente en la ciencia de la salud pues durante siglos la humanidad siempre ha sido atacada por enfermedades mortíferas (no mortales).Esto me recuerda a filósofo hindú  Kali Yaga quien acusaba a “los fuertes, los astutos, los imprudentes y los temerarios” terminan gobernando al mundo. En América tenemos a individuos como Trump, Bolsonaro, Ortega, y Díaz-Canel; en Asia tenemos a la familia Kim en Corea del Norte, China, con el PCCh., y otras 17; en África con Argelia a la cabeza las dictaduras son no menos de 16 las naciones con fuertes dictaduras, siendo solamente Marruecos y Sudáfrica las naciones con democracias más estables en el continente.

Ahora bien, el dilema que se nos presenta desde el punto de vista ético y moral es si el capitalismo o el llamado socialismo real son las salidas para que la humanidad pueda tener una salida a sus problemas. La auténtica felicidad de los seres humanos, según mi creencia, no está en integrarse a la sociedad normal, sino liberarse de ella; pero dicha liberación tiene que ser consensual y pacífica. Debemos considerar que el ser humano nace libre y la libertad personal ayuda  al progreso humano. El progreso, según Hegel, “es el impulso ilimitado del espíritu del mundo, el objetivo de su ímpetu irresistible”. Lamentablemente, hemos visto, a través de la historia, que estos “impulsos ilimitados” pueden llevar a la humanidad al desastre.

Esto nos lleva a pensar que si hay un progreso histórico. Los griegos nos mostraron la democracia pero desde un punto de vista muy especial pues tenían esclavos; los romanos crearon un imperio global también con esclavos; en otras palabras la historia a cambiado de esclavitud en esclavitud con la diferencia que actualmente los esclavos son más educados, ilustrados y mejor asalariados y se les permite razonar por lo que el Estado llama un bien común, haciéndoles creer que el poder del Estado es el logro de todos”. Marx, el filósofo de los inadaptados solo creía que el progreso sería el hombre que dejaría de ser el esclavo de sus propias ideas para transformarse en amo de su propio desarrollo social, lo cual, terminó en fracaso en los mal llamados países comunistas; ejemplos de estos fracasos son, Nicaragua, y la propia China en la cual gobierna el Partido Comunista y administra una sociedad capitalista, y ellos, en China, plantean que el progreso humano en los ámbitos políticos, sociales, económicos, morales e intelectuales son posible, solamente, al ser inseparables del progreso material.

Lo anterior se manifiesta cuando el hombre adquiere su libertad de pensar y hacer. Pero, el hombre tiene libertad para hacer todo lo que desee, siempre que no atente en contra de la misma libertad a cualquier otro hombre. La pregunta clave, que debemos hacernos, en términos puramente filosóficos no es si la sociedad mundial o la civilización pueden salvarse, sino si lo merecen, pues como vemos, día  a día, el hombre, es incapaz de respetar a sus igual, y aparentemente siguen las teorías de Darwin de que “debe existir “la supervivencia del más apto”. Estas ideas de Darwin se deben a que el planteaba que el hombre no estaba por encima de la naturaleza sino que forma parte de ella. Sin embargo, es meridianamente claro que el hombre (como dicen los filósofos) no solo no cree ser parte de la naturaleza sino que la destruye diariamente en pos del vil dinero.

En la actualidad, al parecer, gran parte de la humanidad está perpleja. La filosofía se presenta como una perplejidad. La perplejidad es un no saber qué camino tomar, porque no se ve claro, y el problema de la mayoría de los humanos es hacia dónde ir. Wittgenstein dice, nociones decisivas para las políticas modernas como las de igualdad, libertad y democracia, están construidas sobre la base de la exigencia de fraternización del género humano, y orientada por la figura imaginaria del amigo y la exclusión del enemigo, al cual le serían imputables todas las faltas a los ideales fraternales de los amigos. Esto al parecer es un sueño.

Como decíamos un problema filosófico es la perplejidad: « no sé qué camino seguir ». La perplejidad, la confusión y los malentendidos que aparecen en el filosofar no son producto del azar, o de un paso en falso, sino que son consecuencia directa de la actitud filosófica. Igual que en la política ». ¿Hacia dónde vamos? » No hay caminos, aunque el camino se hace al andar, del punto cero que señaló Maurice Blanchot[1]. Debemos cuidarnos en caer en filosofías fascistas las cuales están muy de moda en la actualidad, en especial, para justificar el combate al Coronavirus en circunstancias de que existen gobiernos realmente comprometidos con los cambios y ayuda a los ciudadanos como el de Marruecos en África y el de Chile en América. Por todo esto debemos preguntarnos hacia dónde vamos y qué hacemos.

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[1] Maurice Blanchot fue un escritor, crítico literario e intelectual francés. Fue amigo de Lévinas, Bataille, y más tarde de Derrida. Han escrito, sobre él, Jean-Paul Sartre y Roland Barthes, además de haber inspirado algunas ideas en Gilles Deleuze y Michel Foucault

*Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD –Docente-Chile

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