CPLATAM Del hiyab, el burka y el niqāb en los países del Magreb (… y en el sistema de medios español) Por Clara Riveros*

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Fotografía de Mediterráneo Sur

«Aunque para el inexperto, la diferencia entre ambas prendas es escasa, la sociedad magrebí distingue entre el paño tradicional, frecuente en las zonas rurales —que la mujer se puede quitar sin ofender a Dios— y el ‘hiyab’, que exterioriza el fervor religioso.

Parece hilar muy fino, pero tiene sentido: quien lleva el velo señala a su entorno que ha optado por unas normas distintas a las del resto de la sociedad…»
“El velo que divide el islam”. Mediterráneo sur. Noviembre, 20
Corresponsales de diferentes medios españoles informaron, en los primeros días de 2017, de la prohibición hecha por las autoridades marroquíes, por razones de seguridad, para la fabricación y venta del burka, una prenda de origen afgano y pakistaní. La prohibición también se extendió al niqāb, originario de los países del golfo Pérsico. El rechazo contra la medida gubernamental, por considerarla un “atentado contra la libertad”, provino de militantes salafistas. Según recogió El País, el militante salafista Abdellá Hamzaoui expresó en el semanario Telquel que el niqāb “forma parte de nuestra cultura y que lo llevaban nuestras abuelas”. El corresponsal de El País concluyó que “En Marruecos no es muy frecuente el uso del burka, pero no es raro cruzarse con mujeres que portan niqab. En cualquier caso, de momento, la orden no afecta al uso del burka sino a su producción y comercialización”.
Beatriz Mesa documentó el hecho en El Periódico. La periodista indicó que la prohibición de la venta de burkas en Marruecos se enmarca en la lucha contra el extremismo religioso. Mesa documentó que: “La mujer conservadora en Marruecos suele llevar ropas austeras, una mayoría usa el velo, pero tiende a enseñar manos y cara”. La periodista reseñó que el burka y el niqāb no han sido prendas de uso característico de la mujer marroquí, en tanto que el hiyab si lo es. “Lo que viene caracterizando a la mujer marroquí no es ni mucho menos el burka o el niqab -la prenda de los países del Golfo que deja al descubierto los ojos- sino el hijab, que representa la identidad islámica y se entiende como un mandato divino de protección de la mujer, además de definir su lugar en la sociedad”, destacó. Ciudadanos, intelectuales y académicos marroquíes, no obstante, tienen opiniones diferentes a las difundidas en el sistema de medios español, tanto del hiyab como del velo integral.

 

Abdelkader Chaui, escritor marroqui
“El hiyab y sus derivados (burka, niqāb), no son una tradición de los países del Magreb”, sostuvo el escritor Abdelkader Chaui. El uso de estas prendas tendría que ver con el arraigo de una moda foránea (wahabismo), sustentada en al menos dos razones, en criterio del escritor: por un lado, en la interpretación del islam y la promoción del movimiento islámico; y, por el otro, en una cuestión mística asociada a orientaciones y principios religiosos que rechazan la modernidad. Chaui explicó que en Marruecos, después de la independencia, muchas mujeres adoptaron un estilo moderno y occidental inspiradas en la princesa Lala Aicha, hija del rey Mohamed V. Observó que durante los años sesenta y setenta, muchas mujeres marroquíes, profesionales y militantes en los movimientos de izquierda y en los grupos marxistas-leninistas, como muchas mujeres en el mundo, llevaban jeans y/o minifaldas, no iban con hiyab, burka o niqāb, prendas que habrían comenzado a arraigar en los países del Magreb a partir de la década de 1980, según puntualizó el escritor marroquí.
Una postura similar a la de Chaui fue la expresada por el jurista Jamal Mechbal, quien sugirió que: “en los primeros años de la independencia, quitarse el velo fue para muchas mujeres marroquíes sinónimo de esa libertad recién conquistada en el país”. Para Mechbal, fueron muchas las mujeres de la sociedad civil marroquí que se quitaron el velo, tras la independencia, con o sin militancia partidista, recordó también a las militantes de la izquierda marroquí y a las mujeres modernas que militaban en otros partidos políticos incluso en épocas del protectorado, como el Istiqlal y el Partido de la Democracia y la Independencia (PDI), entre otras que se vincularon a diferentes partidos políticos tras la independencia del país.
La tendencia, luego de la independencia, se dirigía a la desaparición paulatina del uso del velo, quedando limitado a las mujeres de la tercera edad. El hiyab, el burka y el niqāb son producto de la expansión del wahabismo que se dedicó a propagar las ideas más reaccionarias desde tiempos remotos, hasta tiempos recientes apoyados en los petrodólares […] Así se expandió el uso del velo […] y de la barba como islamismo externo y artificial, pero con intención de lograr la islamización sociológica en cada aspecto de la vida de los musulmanes (J. Mechbal, octubre 29, 2018).
El jurista marroquí invitó a comparar la apariencia de las mujeres en las décadas anteriores para corroborar la decadencia actual que expandieron los “petrodólares” de los Estados musulmanes reaccionarios por una doble vía: “con los mulás o mollah que se hicieron con el poder en Irán en 1979 y con Arabia Saudí, que desempeñó un papel importante en la guerra de Afganistán en la misma época, creando el talibán”.
Irán y Arabia Saudí, dos países ricos gracias a los petrodólares, entraron a competir entre sí por el liderazgo estratégico del mundo islámico. En manos de estos islamistas, caras opuestas de la misma moneda, los musulmanes retrógrados, apoyados en sus fortunas, en las parabólicas, en los recursos tecnológicos y en los viajes a bajo coste a la Meca, en el caso de Arabia Saudí, han fomentado el obscurantismo, creado un nuevo estándar del musulmán y sobre todo de la mujer musulmana: una mujer encarcelada en el hiyab, en el burka y en el niqāb en pleno siglo XXI (J. Mechbal, octubre 29, 2018).
Vanessa Pellegrin, feminista y cineasta franco-marroquí
Vanessa Pellegrin, feminista y cineasta franco-marroquí radicada en Londres, señaló que la prohibición de la venta del burka fue una medida positiva porque “los islamistas quieren reducir el país a la edad de piedra […] No quiero que mi país sea Egipto o Arabia Saudí. Nada me da más rabia que oír a una europea diciendo que el burka y el niqāb hacen parte de la cultura marroquí”, comentó Pellegrin. Nótese que, el pasado diciembre (2017), la periodista y corresponsal española en Rabat, Sonia Moreno, realizó un ejercicio que, según ella, consistió en ponerse en la “piel del otro” a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, es decir, tanto en Marruecos como en España. “Tras pasear por Rabat y Madrid vestida con un niqab y contar la experiencia en un reportaje en @elespanolcom en diciembre, me llamaron de @TEDxVGasteiz para participar en la edición ‘Switch on the light’ en abril”, publicó Moreno en su cuenta de Twitter el pasado abril.

Sonia Moreno@sonietamb

Tras pasear por Rabat y Madrid vestida con un niqab y contar la experiencia en un reportaje en @elespanolcom en diciembre, me llamaron de @TEDxVGasteiz para participar en la edición ‘Switch on the light’ en abril. el vídeo de mi charla https://www.youtube.com/watch?v=AuVHHMKJz74&sns=tw Al consultar con algunas ciudadanas marroquíes (dentro y fuera del país) sus impresiones sobre el contenido/experiencia difundido por la periodista española, mostraron desconcierto y, a veces, indignación. Mimunt Hamido, activista y feminista, fue concluyente en sus observaciones:

Sonia Moreno lleva unos cuantos años en Marruecos, pero oyéndola nadie diría que eso es cierto. El nicab, como el burka están prohibidos en Marruecos, como ella bien dice, ¿se ven mujeres con nicab? Sí, se ven. Ella dice que no quiere meterse en juicios de valor, pero juzga todo el tiempo. Oyéndola cualquiera diría que ponerse un nicab es la séptima maravilla porque así los hombres no te miran, por supuesto, el objetivo en la vida de una mujer debe ser ese, ¿no? Conseguir que los hombres no te miren y que te den sus bendiciones precisamente por llevar una prenda que nos invisibiliza y que a ellos les da poder, y Sonia parece encontrarse muy a gusto con eso.
Se escandaliza de que en Europa, España en este caso, la gente se escandalice o se asuste. ¿Te asustarías tú si al abrirse el ascensor te encontrases a un hombre tapado de esa manera? ¿Te escandalizaría que en el siglo en el que estamos una mujer se someta a llevar esa prenda por temor a incitar el deseo de los hombres? El video de Sonia me indigna y me entristece. Todas tenemos una historia, la mujer que ella representa no la tiene, sencillamente, porque no existe para los demás. Escandalizarse porque las mujeres aquí [España] se escandalicen es, sencillamente, tremendo. ¿Qué han logrado siglos de lucha para obtener la igualdad? Nada. En los países musulmanes nada porque gente como Sonia piensa que lo que ella llama “nuestra cultura” está por encima de nuestros derechos, de la igualdad de hombres y mujeres y, por supuesto, como bárbaros musulmanes que somos no nos merecemos ni avanzar democráticamente ni socialmente.
Ese es el mensaje que da en este video terrible creyendo […] que conoce y sabe algo de nosotros porque un día se puso un nicab. ¡Señora! Las musulmanas en Marruecos empezamos a usar hiyab cuando el hiyab nos colonizó allá a finales de los 80, por esa corriente wahabi que tantos males está ocasionando… pero eso ella y otros muchos no quieren saberlo (M. Hamido, octubre 24, 2018).
Aunque la corresponsal española habría buscado, a través de su ejercicio, promover una postura condescendiente e incluso tolerante, en términos analíticos y conceptuales el contenido de su presentación tiene falencias considerables y no permite comprender la complejidad que entraña el uso del velo integral. No basta con ponerse un velo unas cuantas horas o minutos, pavonearse y pasearse por la calle para estar en la “piel del otro”. Las mujeres marroquíes consultadas sobre este contenido audiovisual mostraron su desacuerdo respecto al tratamiento hecho por Moreno. Una de las razones que causó más molestia y desazón fue el hecho de que Moreno mostrase a Marruecos como el país del niqāb y/o habituado al uso del niqāb que, salvo para la militancia salafista, es un atuendo foráneo que no hace parte de la tradición marroquí.
Más allá del llamado a la tolerancia que se extrae del discurso de Moreno, quedan algunas inquietudes: ¿Por qué burlar la ley marroquí que prohíbe la venta (compra) del niqāb? ¿Cuál es la imagen que presenta, produce y reproduce la periodista sobre Marruecos? ¿Fue apropiada la elección del niqāb para referir a Marruecos? ¿Por qué no optar por una chilaba si asumía que estaba en la “piel del otro”, del otro lado del Estrecho? ¿La periodista conoce o comprende la implicación, el significado y las limitaciones que entraña el uso del niqāb para la vida, el desarrollo y la realización individual de una mujer musulmana?
Habría que ver cuántas de las mujeres que usan el niqāb y el burka lo hacen por decisión y convicción individual y cuántas por imposición grupal o familiar, donde el velo integral, puede ser, muchas veces, un mecanismo de ocultamiento de los signos de violencia física y de violencia doméstica que enfrentan las mujeres en sus hogares. ¿Puede ponerse la corresponsal española en el lugar y en la piel de la mujer que lleva un niqāb pegado a su piel y para quien el niqāb es el signo de la islamización de cada aspecto de su vida, como sugirió Mechbal?
La periodista se inclinó hacia una posición de tolerancia y de respeto de la diferencia, pero ignoró completamente que las minorías, comunidades o individuos se definen, muchas veces, como musulmanes porque asumen su confesionalidad religiosa (islam) como parte integrante de su identidad. Es decir, asumen el islam como una pertenencia identitaria y, en ese sentido, el hiyab, el niqāb y el burka son signos visibles de esa identidad. Por tanto, puede entenderse que un grupo o ciudadana no se sienta necesariamente señalada o discriminada sí, llevando un niqāb, se le llama musulmana.
La otra cuestión que Moreno no refirió en su presentación tiene que ver con el hecho de que, muchas veces, los inmigrantes que asumen la religión como pertenencia identitaria, establecen diferencias claras frente a las otras comunidades, limitando su integración en el país y en la sociedad de acogida. Incluso, lo que puede ocurrir es que la minoría ponga en riesgo los derechos y las libertades individuales que consagra el Estado de Derecho cuando el grupo decide imponer a los miembros de su comunidad el cumplimiento estricto de algunas tradiciones con base en una rígida interpretación del islam y pretendiendo que (la minoría) está por encima de la ley y de la constitución nacional del país que acoge a la comunidad[1].
Para Moreno tampoco es claro que en Occidente se separó la identidad de la religión y es un proceso que incide en que a los ciudadanos no se les llame “cristianos”. Un individuo, en los diferentes países occidentales, no asume, a menudo, su confesionalidad (si la tiene o no) como parte de su identidad. De hecho, la práctica y la creencia religiosa es, en la mayoría de los casos, un asunto privado e individual que no concierne al grupo y/o minoría y, salvo en los diferentes grupos y comunidades religiosas, los ciudadanos y ciudadanas no sienten la necesidad de llevar una sotana, una toca, cofia o velo para exteriorizar su fe. El análisis del escritor libanés Amin Maalouf (Identidades asesinas. Madrid: Alianza Editorial, 2002), es ilustrativo respecto a los riesgos que supone asumir la religión como pertenencia identitaria excluyente. Y, en cuanto al uso del velo y sus “antinomias”, una exposición teórico-conceptual, pertinente y lúcida, es la que hace el sociólogo del género, la sexualidad y la religión, Abdessamad Dialmy (2008).
El académico marroquí observa el significado de portar el velo en los diferentes momentos de la historia (era islámica y pre-islámica); como observancia del islam y prescripción e interpretación religiosa. En un momento determinado el velo llegó a tener una lógica endogámica en la aristocracia urbana y se erigió como un signo de clase, que fue abandonado paulatinamente. Actualmente, el uso del velo puede ser una señal visible (incluyente) de los “desheredados”, de los sectores marginados. El velo también puede ser un instrumento insigne que evidencia un enfrentamiento cultural-identitario. El velo puede ser tanto un símbolo de subordinación de la mujer como una señal de un feminismo (islamista) diferenciado y específico a través del cual algunas mujeres han logrado su emancipación, respecto al grupo social y familiar, mediante la reivindicación exterior de su fe. Por último, Dialmy analiza el uso del velo desde la dimensión de la mística sufí y la adopción de un camino islamista espiritual y anti-materialista. El uso del velo, según el académico marroquí, refiere todos estos significados, sucesivos y, a veces, simultáneos y contradictorios. De ahí la necesidad y preeminencia de abordar la cuestión del velo, en perspectiva teórica y conceptual, en términos de “polisemia plural y, especialmente, antinómica” (Dialmy. « Les antinomies du port du voile ». 2008).
*Clara Riveros es analista política
CPLATAM -Análisis Político en América Latina-
Octubre, 2018
Notas
Jamal Mechbal, jurista marroquí
 [1] Respecto a las dificultades para la integración efectiva de los inmigrantes en los países receptores, tema que precisa un análisis exhaustivo y exclusivo, el jurista Jamal Mechbal aproxima que: “en España, donde la comunidad musulmana no disponía de mezquitas y no recibían ayudas estatales para tal fin, la comunidad se encontró con la “generosidad” de los saudíes que construyeron las principales mezquitas y sufragaron sus gastos, incluso sus embajadas pagaron a los imanes que se encargaron de impartir la doctrina más retrógrada. Así se expandió el uso del velo: hiyab, niqāb y burka” en una comunidad donde algunos de sus miembros se cierran más que integrarse al país de acogida. La cuestión de fondo, para Mechbal, tiene que ver con el hecho de que los países receptores de inmigrantes no han logrado la integración efectiva de grupos específicos de inmigrantes, en una situación que ha llevado a potenciar la segregación social, económica y cultural del inmigrante que le llevaría a cerrarse más sobre sus especificidades culturales y religiosas donde se siente integrado e incluido. “Para el país receptor de la inmigración el problema es mucho más grave, sutil y complejo porque los inmigrantes han sido contemplados, la mayoría de las veces, como mano de obra barata, músculos que se traen desde el extranjero para producir, sin tener en cuenta que sus historias, experiencias y conocimientos pueden ser benéficos para el mismo país de acogida. Lo que sucedió fue que en países receptores de inmigrantes se crearon programas para la integración, sin preocuparse de indagar y de procurar que la sociedad en su conjunto tuviera la disposición de integrar a los inmigrantes. En Francia, por ejemplo, la integración segregó a los inmigrantes que fueron creando guetos, ciudades-dormitorios a las afueras. Emergió así una nueva clase social que sustituyó al proletariado francés, devenido en pequeña burguesía. Estos inmigrantes, siguiendo la denominación de Jean-Paul Sartre, fueron los nuevos “les sous-hommes” (sub hombres), quedando relegados y segregados, no llegaron a integrarse plena ni efectivamente en el país de acogida” (J. Mechbal, octubre 29, 20