CPlatam: El Sahara como postconflicto. Con la Constitución de Marruecos Por Clara Riveros y José María Lizundia

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Nos interesa, desde una perspectiva crítica, la sociedad tradicional saharaui, que no llegó a constituirse como pueblo, nación o Estado. España creó y extendió el concepto “pueblo saharaui” que, por sí solo, no determina su existencia. Incluso, los españoles que simpatizan con la causa, no lo emplean para sí mismos, designándose como parecería lógico “pueblo español”. Ellos si son ciudadanos. El “pueblo saharaui”, no obstante, no es más que una creación eurocéntrica y, si se quiere, españolizante, consideremos que ninguna otra sociedad de Europa ha llegado a volcarse en activismo por esa causa como lo hizo la española que precisa satisfacer su necesidad de exotismo, paternalismo y hasta sed de religiosidad al pretenderse redentora de los más necesitados […] O, si empezamos a plantearnos que todas las minorías con unas características comunes ejerzan la autodeterminación habrá que proceder a la desintegración de los Estados y al retorno del tribalismo para que cada grupo tenga su pequeño Estado y hermético país, libre del contagio y la contaminación que suponen el pluralismo y la diversidad de los Estados modernos.

Clara Rivero
Posterior al Coloquio Internacional “Entre las dos orillas”, celebrado en abril (2018) en la ciudad de Laâyoune; así como durante el recorrido por Smara y Dakhla; y, principalmente, en el marco de las presentaciones del libro El Sáhara, el declive del totalitarismo, en las que ambos participamos, los firmantes de este documento mantuvimos un diálogo franco y directo respecto al Sahara en sus múltiples dimensiones y consideramos o coincidimos en que los enfoques propuestos hasta ahora resultan limitados e insuficientes y, a menudo, los excede la realidad del Sahara y la actualidad de la población de esa región.
Parece curiosa la coincidencia entre una colombiana y un español respecto al contencioso del Sahara, tanto en el diagnóstico como en la necesidad de formular una nueva perspectiva para el análisis, pero quizá no lo es tanto si se consideran los temas de interés, reflexión e investigación que abordamos en los años recientes.
Estamos persuadidos de que, por el lado del Frente Polisario y su ficción estatal de Tinduf, no cabe esperar muchas novedades, tampoco de sus amigos y tratadistas españoles, reducto de izquierda empecinado en agitar el separatismo, que insisten en dar vueltas sobre el mismo eje. Resulta estéril y aburrido descender a rebatir mitos y propaganda. La deconstrucción del relato parte de la realidad, la historia, la cultura, la política y la legalidad. Aunque la legalidad internacional sea dúctil, cambiante, contradictoria, práctica y oportunista. Es todo menos un texto sagrado, fijo e indoblegable a las nuevas circunstancias. Se atiene a ellas, aunque sus viejas resoluciones no sean explícitamente derogadas. Es, justamente, esa flexibilidad la que permite a Naciones Unidas lograr soluciones siempre relativas a los problemas internacionales y de paso se libera de ellos.
Nos interesa, desde una perspectiva crítica, la sociedad tradicional saharaui, que no llegó a constituirse como pueblo, nación o Estado. España creó y extendió el concepto “pueblo saharaui” que, por sí solo, no determina su existencia. Incluso, los españoles que simpatizan con la causa, no lo emplean para sí mismos, designándose como parecería lógico “pueblo español”. Ellos si son ciudadanos. El “pueblo saharaui”, no obstante, no es más que una creación eurocéntrica y, si se quiere, españolizante, consideremos que ninguna otra sociedad de Europa ha llegado a volcarse en activismo por esa causa como lo hizo la española que precisa satisfacer su necesidad de exotismo, paternalismo y hasta sed de religiosidad al pretenderse redentora de los más necesitados.
Más decorosos resultan los términos utilizados por el Tribunal Internacional de Justicia y Naciones Unidas, a saber: poblaciones saharianas, pueblo del Sahara o poblaciones del Sahara. Nos interesan esas poblaciones, minorías, a efectos de análisis únicamente, ya que corresponden a una sociedad tradicional conformada por tribus, fracciones, subfracciones, unidas por lealtades y con vínculos consagrados a través de usos y costumbres inmemoriales, por las que se rigen cuestiones de familia, de derecho civil en general, de autoridad y de resolución de conflictos entre sus miembros. Por tanto, sustraídas a la legalidad común nacional. Nótese que las poblaciones, dada su pluralidad, no ejercen el derecho de autodeterminación que exige un solo sujeto. O, si empezamos a plantearnos que todas las minorías con unas características comunes ejerzan la autodeterminación habrá que proceder a la desintegración de los Estados y al retorno del tribalismo para que cada grupo tenga su pequeño Estado y hermético país, libre del contagio y la contaminación que suponen el pluralismo y la diversidad de los Estados modernos.
Sin duda, es un tema que nos ocupa y preocupa, somos conscientes de la fuerza que ejerce la sociedad tradicional con el peso de sus autorregulaciones, tanto en el micro Estado fallido del Polisario, coexistiendo con un régimen literalmente totalitario, como en el Sahara marroquí, donde el poder tribal también se reserva parcelas de autoridad en materia de matrimonio, familia, moral y costumbres y, en el nivel político, mina los esfuerzos de democratización que adelanta Marruecos para garantizar la representación política, toda vez que, como llegan a conceder con cierto placer algunos líderes locales, los partidos no son definitivos y son las tribus poderosas las que definen elecciones. Sin embargo, sin partidos políticos no hay democracia. Lo anterior consolida el caciquismo político por razones tribales. Aunque no son poderes ni funciones establecidas en la Constitución marroquí de 2011, son poderes reales que existen en la sombra.
El totalitarismo y la arbitrariedad que rigen en los campamentos argelinos ocupados por el Polisario, hacen natural que el pseudo Estado levantado en los campamentos pueda convivir con usos y costumbres primitivos que niegan y violan las libertades fundamentales y los derechos humanos. Al ser todo “Estado” o régimen y carecer de sociedad civil, solo establecieron escalones en una estructura vertical centralizada. En esas circunstancias les resulta funcional y compatible dejar zonas oscuras en su propia regulación siempre que no interfieran con el control y el poder políticos en la estructura del Polisario. La sociedad tradicional solo puede prosperar y mantenerse donde el yugo político absorbe y somete cualquier actividad pública. Relegar la regulación de materias de derecho civil a las tribus les es conveniente. Se las saca del “Estado” y con ello sus eventuales conflictos.
Si lo que es natural en un territorio sin estructuras democráticas no lo es para el Sahara marroquí en el que sus ciudadanos libres e iguales están sometidos a la legalidad por vía constitucional y además se garantiza la participación y representación política justa, legal y legítima, con competencia entre partidos y reuniendo todas las exigencias del juego democrático, entonces, Marruecos debe avanzar en dos campos:
Primero: no debe haber ninguna diferencia legal ni práctica entre los ciudadanos marroquíes por su procedencia regional, sean autóctonos o producto de las migraciones internas entre las diferentes regiones del país. Las autoridades marroquíes deben hacer valer el principio de igualdad que consagra la Constitución de 2011. La concesión de privilegios a un grupo, por razones de origen, excluye a los demás ciudadanos del país y comporta una situación de apartheid para la mayoría de ciudadanos marroquíes.
Segundo: todos los ciudadanos del Sahara están en pleno derecho de sustraerse de los usos, costumbres y dictados de sus tribus de pertenencia invocando y reclamando su condición de ciudadanos marroquíes protegidos y obligados por la Constitución nacional. Todos los marroquíes son libres e iguales ante la ley. Sus libertades públicas y derechos fundamentales están reconocidos en la Constitución de Marruecos.
Se entiende que la Constitución marroquí puede reformarse en el tiempo, en relación con el reconocimiento de nuevos derechos y libertades ciudadanas y, también, respecto a la regionalización avanzada y la eventual autonomía del Sahara, tendentes a la descentralización política y a la descongestión administrativa como a la solución política del diferendo territorial, pero, esta última, no garantiza que la comunidad del Sahara no se haga más hermética.
Por lo anterior, expresamos y reiteramos que, para efectos del análisis, investigación y reflexión sobre el Sahara, tomaremos como piedra angular la Constitución marroquí. La Carta política fundamental, excede la propuesta de autonomía, y corresponde a las aspiraciones de la emergente generación del Sahara que no está interesada en perpetuar la sujeción a la tribu como principal pertenencia identitaria, sino que desea asegurar su individualidad y ciudadanía marroquí. Por tanto, nuestro interés parte del constitucionalismo marroquí para el desarrollo y consolidación de la ciudadanía que garantiza la igualdad ante la ley, los derechos y las libertades individuales de todos los marroquíes y, por ende, de la minoría denominada saharaui.
Hablamos, claro está, desde la realidad constatada en terreno, considerando las aspiraciones y preocupaciones transmitidas por individuos en las provincias del sur, pertinentes y necesarias frente a la absorción que pretende el grupo, así como las inquietudes expresadas por individuos en otras regiones del país y en algunas universidades que no comprenden que todos sean marroquíes, pero qué los marroquíes del sur deban gozar de mayores privilegios o excepciones.
Sin demeritar el valor de las reflexiones y el intercambio intelectual de las jornadas de abril en el sur de Marruecos, consideramos la relevancia práctica de inaugurar y formalizar una perspectiva analítica y conceptual diferente, con ángulos y problemáticas inexplorados en Marruecos, menos todavía en España, en relación con la cuestión del Sahara y que, por lo mismo, puede generar inicialmente reticencias y escepticismo. Por supuesto, estamos proponiendo un enfoque novedoso: el Sahara como postconflicto. Con la Constitución de Marruecos.
Clara Riveros es politóloga. Consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos.
José María Lizundia es escritor español, acaba de publicar su cuarto libro sobre el Sahara, es miembro de número del Instituto de Estudios Canarios y columnista en ELDIA.es
CPLATAM -Análisis Político en América Latina-