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CPLATAM Pandemia de coronavirus: Crónica de una muerte anunciada Por Clara Riveros*

Anàlisis

*Clara Riveros es politóloga, consultora, analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

El coronavirus o covid-19 —y su propagación en el mundo— excede la crisis sanitaria, también es una cuestión de transparencia, de Estado de derecho y de libertades.

«El mundo vive la angustia de sucumbir ante una pandemia. La emergencia en hospitales, la escasez de suministros y equipos médicos, los peligros que enfrenta el personal de salud, incluso, en los países más poderosos del mundo; el temor al contagio de la población y la paralización económica que augura una recesión global sin precedentes, nos ha puesto frente a la mayor crisis que ha vivido el planeta desde la Segunda Guerra Mundial. Lo insólito es que estábamos avisados. Basta mirar hacia dónde comenzó todo». Este es un extracto del extenso reportaje de Patricia Janiot titulado «Disculpas póstumas».

Janiot viaja en el tiempo y retoma los estudios de 2007 —realizados por especialistas en enfermedades infecciosas de la Universidad de Hong Kong— que advirtieron que «la presencia de grandes depósitos de virus como SARS-CoV en murciélagos de herradura, junto con la cultura de comer mamíferos exóticos en el sur de China, es una bomba de tiempo. La posibilidad de un resurgimiento del SARS y otro virus nuevo de animales o de laboratorios y la necesidad de estar preparados, no debería ser ignorada».

Transcurrieron trece años desde entonces. En el camino, expertos y científicos continuaron alertando acerca del riesgo. El médico Larry Brilliant ha insistido en la necesidad de un sistema de alerta global y abierto que no dependa de la burocracia y de la falta de transparencia de algunos gobiernos. Un sistema que permita identificar las enfermedades a tiempo para evitar una epidemia. Hace más de un año, durante el primer trimestre de 2019, epidemiólogos chinos alertaron que era «altamente posible que futuros brotes de coronavirus como SARS o MERS» tuvieran su origen en murciélagos, así como la «creciente probabilidad de que el brote [ocurriera] en China».

Las voces que intentaron advertir de la epidemia en China fueron silenciadas

Al menos tres periodistas que cuestionaron el pésimo manejo de la crisis sanitaria fueron detenidos y el médico Li Wenliang que intentó advertir sobre la inminente epidemia falleció, aparentemente a causa del virus. Este hecho evidenció, nuevamente, el carácter totalitario del régimen chino y la falta de libertades —libertad de información, prensa y expresión— en la China comunista. «Es innegable que el hermetismo y la censura del Partido Comunista chino, específicamente en la etapa crucial del inicio del brote, nos ha costado miles de vidas humanas», observa Janiot. Y es que el debate que se ha suscitado en estos meses sobre la pandemia del coronavirus o covid-19 excede la crisis sanitaria, también es una cuestión de transparencia, de Estado de derecho y de libertades.

China ocultó información al mundo durante varias semanas y en ese periodo se dedicó a hacer propaganda para distraer y evitar el pánico de la población, restó importancia a la epidemia y en la ciudad de Wuhan, epicentro del brote, se organizaron eventos multitudinarios. La dictadura comunista prohibió a varios laboratorios divulgar los resultados de las muestras de varios pacientes que desde diciembre de 2019 padecían de una inexplicable neumonía viral. El gobierno de ese país esperó hasta el 20 de enero para admitir que el virus se transmitía de persona a persona. Fue hasta ese momento que las autoridades declararon la emergencia e informaron públicamente a la Organización Mundial de la Salud. Habían pasado 21 días desde que el doctor Li alertara de la situación, según reconstruye Janiot.

China es responsable de perder días cruciales para la toma de medidas que permitieran contener la propagación del virus. «Por su irresponsabilidad y absoluta negligencia han puesto en riesgo la vida de millones de personas en 188 países y territorios del globo terráqueo». «¿Qué hubiese pasado si China, al conocerse los primeros casos, hubiera tomado las medidas que adoptó varias semanas después cuando ya estaba desbordaba la epidemia?». «¿Por qué hasta ahora China ha sido tratada con guantes de seda por organismos multilaterales y la comunidad internacional cuando tiene una responsabilidad directa en el inicio de la pandemia del coronavirus y su correspondiente debacle económica?».

Propaganda, diplomacia y relaciones públicas

China ha ejecutado una vasta campaña de propaganda, diplomacia y relaciones públicas tanto para revertir el daño a su imagen como para distraer acerca de su responsabilidad en la pandemia. El régimen ha enviado a decenas de países millones de mascarillas, suministros médicos y cientos de respiradores. Ayuda humanitaria que rinde frutos diplomáticos y comunicativos. Tras las donaciones hechas por la dictadura tiende a matizarse y hasta olvidarse su responsabilidad en la crisis actual. La epidemia devino en pandemia, el virus se propagó a todas las regiones y continentes. Más de 10 millones de personas en el mundo han resultado contagiadas y los fallecidos superan el medio millón. La OMS —que ya estaba afectada por el recorte de fondos para el sistema de respuesta rápida por parte de la Casa Blanca y ahora lo estará más con el reciente anuncio del presidente Trump de poner fin a la relación de Estados Unidos con la Organización Mundial de la Salud— se ha visto cuestionada severamente en su credibilidad por su alineamiento con Beijing. Nótese que la credibilidad de los organismos internacionales se ha visto muy comprometida en estos años por la influencia que sobre los mismos ejercen distintas dictaduras y regímenes totalitarios.

Patricia Janiot tiene razón: «Esta tragedia global nos ha dejado una importantísima lección. Es imperativo que los gobiernos y los ciudadanos condenemos a las dictaduras y su repudiable censura, que en este caso ha tenido un costo incalculable en vidas humanas y daños económicos para todo el mundo. El futuro y los sueños de millones de seres humanos han quedado en el limbo […] La falta de transparencia en asuntos de salud pública tendría que ser un crimen de lesa humanidad. Esto nos demuestra que los regímenes autoritarios y herméticos son un peligro para la salud y la paz mundial […] La crisis nos debería dejar otra enseñanza: terminar de una vez con nuestra dependencia de la manufactura china barata, de la que, incluso, depende una buena parte de la industria farmacéutica. Esta epidemia en China puso en peligro la respuesta hospitalaria y de salud a nivel mundial al no contar con suficientes suministros básicos que, en gran medida, son elaborados en China […] Hay que repensar si la fórmula de libre comercio con el gigante asiático es la mejor manera de hacer negocios sin restricciones, sobre todo con un socio tan poco confiable, tal como quedó demostrado en el manejo de la crisis del coronavirus. Hoy constatamos con horror cómo el modelo chino de apertura económica, por un lado, pero de totalitarismo, por el otro, nos ha conducido a una crisis sanitaria global cuyos efectos aún son impredecibles. Los países deben exigirle a China transparencia en términos de flujo de información, libertad y democracia».

Las dictaduras no piden perdón por sus abusos, autoritarismo, arbitrariedades y oscurantismo. China «ha empujado a la Humanidad al borde del colapso». ¿Habrá consecuencias para Beijing? El gobierno de Xi Jinping le debe explicaciones al mundo. Y, todavía más, la comunidad internacional debe pedir explicaciones a China y no favorecer su impunidad. China es uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Diplomacia y negocios no son sinónimo de filantropía

¿La exportación de misiones médicas cubanas o el envío de tapabocas e insumos médicos —Made in China— pueden minimizar el carácter dictatorial de los regímenes de La Habana y Beijing? ¿Existe una tarifa estándar por cada médico que Cuba exporta o el régimen castrista cobra según la cara del comprador?

Argelia, por ejemplo, paga más de seis mil euros por cada médico cubano en su territorio y, además, asume entre otros gastos los traslados desde el Caribe al norte de África y el retorno del personal a la Isla. Argel le pagó a La Habana 65 millones de euros por concepto de 890 cubanos desplegados en Argelia. ¿Será que un profesional médico argelino llega a cobrar en su país unos 6.086 euros mensuales? Esa sería la suma que paga el régimen argelino al régimen cubano por cada profesional sanitario. Algunos sugieren que un médico en Argelia no llega a recibir ni siquiera un salario de 500 euros mensuales.

«En un lapidario informe de la Relatoría Especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud y de la Relatoría de Trata de Personas de la ONU se dejó constancia de la preocupación de esos estamentos de Naciones Unidas por los trabajos forzados, las «diversas formas de esclavitud modernas» y la persecución permanente que sufren los profesionales de la salud que Cuba suma para sus misiones especiales que envía el régimen castrista al exterior». El régimen castrista se queda hasta con el 90% del salario que cobra por cada médico que exporta. En las misiones médicas cubanas, como han documentado diferentes investigadores, no todo el personal se limita a prestar servicios sanitarios, también hay espionaje, propaganda, adoctrinamiento y otras actividades. Las misiones médicas cubanas —no son filantropía— son diplomacia, negocios, inteligencia y venta temporaria de médicos esclavos. Dirá el castrismo que lo que sea que le cobre a Argelia es poco por la invaluable ayuda que le ha brindado a Argel, histórico socio y gran amigo, en el asunto del Sahara Occidental. Entre tanto, la diplomacia cubana aprovecha para alardear y exhibir cifras: Cuba habría enviado unos 2.500 profesionales médicos a diferentes países en el marco de la actual coyuntura. El embajador de Cuba en Argelia, Armando Vergara, aleccionaba en Twitter sobre «el triunfo de la vida sobre la muerte, la solidaridad sobre el egoísmo, el idealismo socialista sobre el mito del mercado». ¡Filantropía pura, señor embajador!

Evítese caer en la trampa. No hay dictaduras menos malas. Una dictadura es una dictadura. La libertad no es un accesorio prescindible frente al autoritarismo eficiente que muestran los dictadores. Las libertades, la democracia, la transparencia y las instituciones hoy son más necesarias que nunca. La emoción manifiesta de una joven periodista magrebí que sintió su piel estremecerse al ver la «solidaridad» comunista es producto del adoctrinamiento cubano y argelino que han recibido durante décadas argelinos y saharauis. Esta joven, como muchos otros inmigrantes residentes en España, decide ignorar que no son el altruismo y la filantropía las características que definen y alientan a las dictaduras comunistas. No obstante, no deja de ser paradójico que los ciudadanos que buscan por diferentes medios salir de Argelia y llegar a Europa —países con democracia y libertades—, aunque no elijan emigrar a Cuba alaban el castrismo. Una dosis de realidad no les vendría mal a estos soñadores incautos.

*Clara Riveros es politóloga, consultora, analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

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