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CPLATAM: Una mirada crítica y propositiva para el Magreb desde el norte de África Por Mohamed Bendriss Alami 

Anàlisis

Mohamed Bendriss Alami (Magreb)

Tras el desmonte del orden bipolar, muchos reajustes geopolíticos, mutaciones y trasformaciones políticas, económicas, sociales, culturales e ideológicas han tenido lugar.

Muchas cosas han cambiado desde la caída del Muro de Berlín, el final de la Guerra Fría y el desplome del modelo soviético…

 No obstante, la intensidad y el alcance de esos cambios fueron desiguales, como lo eran las capacidades intrínsecas de los Estados y la eficacia de sus redes de alianzas. De todas formas, diferentes países han experimentado, de algún modo, un reacomodo en sus sistemas políticos y económicos para hacerlos más compatibles y dinámicos en relación con las exigencias de un mundo globalizado. Todo esto ha posibilitado y ha redundado en la emergencia de nuevos liderazgos y de nuevas potencias. ¿Cuál ha sido la contracara de esta oleada transformadora? La persistencia de algunos sistemas políticos que, cegados por la ideología ‘transmitida’, enfrentan severos déficits democráticos e insisten en pelear estérilmente con la realidad, prolongando su inamovilidad, se niegan a los cambios que impuso la transformación global. Las sociedades bajo estos regímenes políticos manifiestan carencias ostensibles en materia de derechos y de libertades, de condiciones y de garantías, que permitirían que la ciudadanía avance en su legítima realización individual y como sociedad.

África: descolonización, ideología y tensión bipolar prolongada

A finales de los años cincuenta y en la primera década de los años sesenta tuvo lugar la irrupción de las ideas socialistas en los países colonizados que, en aquel entonces, encontraron conveniente el discurso y el contenido de esta corriente ideológica. Las poblaciones se involucraron en reivindicaciones independistas, revoluciones y guerras para ser «dueños» de sí mismos. Para conseguir su independencia muchos países se afiliaron a redes y a bloques regionales de solidaridad con el fin de reforzar su autodefensa. Estas redes y alianzas, animadas por intereses declarados y no declarados, desarrollaron diferentes formas y modelos de apoyo y de asistencia (incluida la militar). Es cierto que los Estados africanos lograron sus independencias. Sin embargo, transcurrido más de medio siglo de las naciones independientes, la democracia todavía tiene dificultades para asentarse de manera sostenida en este continente. Tampoco las barreras y los muros ideológicos han sido derribados y superados cabalmente.

Estas décadas en África han registrado dictaduras, golpes de Estado, guerras civiles causando desplazamientos de la población, pero también algunos procesos de transición hacia la democratización. Ha habido un destacable auge económico, ingentes recursos y riqueza que no ha llegado a redundar en el bienestar de los africanos de forma satisfactoria e inclusiva, debido en buena medida a la corrupción y al nepotismo de los gobernantes, pero también a la fragilidad institucional y, en algunos casos, a la ausencia total de Estado de Derecho. Ciudadanos africanos a menudo se ven expuestos a la miseria, a la pobreza, a las enfermedades, al autoritarismo de los gobernantes, sin instituciones sólidas y sin políticas de Estado eficientes y en consonancia con las necesidades de este siglo. De manera incomprensible algunos regímenes siguen utilizando la afinidad ideológica para justificar su incompetencia, populismo y, en el peor de los casos, la barbarie. No obstante, en un continente tan vasto, hay una diversidad de modelos, donde se pueden ver Estados que han ido avanzando en su apertura, mediante una transición y una consolidación democrática. Estos Estados generan esperanza y expectativas y están enviando señales al mundo de que África está cambiando y que ese cambio merece respeto y consideración.

Fidel Castro habla con Muamar el Gadafi durante la Cumbre de Países No Alineados (04/09/1986, Harare, Zimbabwe). Dominique Faget/AFP

El rol solidario de las dictaduras comunistas a la conflictividad magrebí

En el año 1963 Marruecos tuvo una guerra de fronteras con Argelia, conocida como la Guerra de las Arenas, en la cual tomaron parte los cubanos de Castro y los egipcios de Nasser en favor de Argel[1]. La oposición a Rabat se debía a que los aliados socialistas veían en Marruecos a un firme aliado del capitalismo y de Occidente, mientras que Argelia, un país geográficamente extenso en el continente africano que salió de la guerra de la independencia contra Francia con un balance de un millón de mártires, es un país rico en hidrocarburos y un adepto efervescente y fervoroso del bloque socialista.

Desde luego, la ideología socialista también tenía militantes notables en Marruecos que aspiraban a instaurar un sistema socialista popular con una fuerte dimensión social y una economía centralizada llegando a tomar medidas que afectaban tanto a los intereses de la burguesía nacional como a los intereses de las grandes potencias[2]. Esta bipolaridad ideológica en el país llegó a plantear la eventualidad de deponer la monarquía para instaurar una república popular semejante y/o al estilo argelino. El socialismo fue la fuente de la que bebieron gradualmente los partidos políticos de la oposición marroquí que contestaban la línea política, para algunos de inclinación liberal, del rey Hassan II. El monarca respondió a sus opositores con represión, violencia y exclusión. Este periodo se conoce como los Años de plomo. El régimen marroquí, en las décadas de 1960 y 1970, puso tras las rejas a cientos de detractores, críticos y disidentes, desapareció y eliminó físicamente a opositores y marginó ciertas regiones del país como una forma de castigo colectivo.

En materia de política exterior Marruecos no intervino en otros países ni se inmiscuyó en asuntos internos de otros países. Pertenecía al Movimiento de Países No Alineados. También era miembro activo y fundador de instancias regionales como la Liga de Estados Árabes y la Organización para la Unidad Africana y estaba presente en las instituciones internacionales y multilaterales. Rabat mantuvo relaciones diplomáticas cordiales con Estados y regímenes de corrientes ideológicas opuestas. Cuba es un buen ejemplo de lo referido. Sin embargo, cuando el régimen comunista de La Habana se posicionó de manera hostil a Marruecos, primero sosteniendo y apoyando al Frente Polisario, desde 1977 y, después, reconociendo a la autodenominada RASD, en 1980, Rabat optó por romper relaciones con el régimen de Fidel Castro[3]. La Cuba castrista aportó asistencia militar algunas veces combinada con asistencia médica en diferentes países, especialmente de África y de América Latina. Véanse los casos de Angola, de República Democrática del Congo o de Guinea Ecuatorial en la época de Macías Nguema[4].

Cuando el Frente Polisario tomó las armas contra Marruecos, tras la Marcha Verde (1975), muchas cohortes del Polisario fueron entrenadas en Guinea Ecuatorial, con la ayuda de los instructores extranjeros que se encontraba en ese país, aprovechando que varios de sus miembros hablaban español. No se ahondará aquí en el ejemplo del legendario Che Guevara y sus aventuras guerrilleras en África y en América Latina con complicidad y apoyo de Fidel Castro. Pero si merece destacarse la capacitación militar que brindaron algunos países comunistas a los miembros del Frente Polisario, en español, en la periferia de la ciudad ecuatoguineana de Bata, la capital de la región continental de Guinea Ecuatorial[5]. La idea era formar y entrenar a los miembros del Polisario en las técnicas y en las estrategias de la lucha de guerrillas para enfrentar a un ejército regular en ese espacio extenso y descubierto que es el desierto. La guerra contra Marruecos y sus Fuerzas Armadas Reales fue alimentada con fondos argelinos y libios[6]. Por su parte, el presidente Macías Nguema fue un enemigo obstinado y feroz de Marruecos[7]. Gran agitador en las esferas internacionales y regionales, apoyado por otros dictadores comunistas del continente, entre ellos el presidente Methieu Kéréku de Benín[8].

Entre tanto Argelia compensaba y recompensaba a sus amigos el apoyo político con petrodólares. Este grupo de dictadores africanos, con la complicidad del togolés Edem Kodjo, secretario general de la Organización para la Unidad Africana (OUA), hizo que en la XX Cumbre de la OUA, celebrada en Adís Abeba (Etiopía) el 12 de noviembre de 1984, se admitiera a la autoproclamada RASD (1976), república virtual del Frente Polisario, como miembro de la organización y en franca contradicción con el reglamento interno de la OUA que establecía para la admisión que solamente ingresaban los Estados reconocidos. Esa violación de los principios de la OUA, por los miembros de la OUA, hizo que Marruecos se retirara de la organización, pese a ser uno de sus miembros fundadores (1963).

Los años demostraron que la decisión marroquí de abandonar la OUA no fue nada estratégica. Los detractores de Marruecos aprovecharon la ausencia marroquí del foro africano para descubrir sus maniobras y tácticas de manipulación. La «silla vacía» no era la manera efectiva de defender los derechos y la integridad territorial de Marruecos. De todas formas, Marruecos mantuvo relaciones bilaterales con diferentes Estados africanos y fue profundizando sus vínculos en estas décadas particularmente tras la accesión al trono del rey Mohamed VI. Entre 1956 y 1999 se firmaron unos 515 acuerdos en materia de educación, formación y relaciones comerciales. Tras 46 visitas del monarca marroquí a 25 países africanos se alcanzaron unos 949 acuerdos, entre 2000 y 2017. Los acuerdos apuestan a mejorar sustancialmente los aspectos relacionados con el desarrollo humano a la vez que apuntan a un enfoque ganador-ganador, ofreciendo oportunidades para rehabilitar y reestructurar las economías, favoreciendo la seguridad alimentaria, la modernización de las infraestructuras básicas, las inversiones en diferentes sectores, el intercambio comercial, el transporte de bienes y de personas, el medio ambiente y/o las energías renovables, etc. El rey de Marruecos, el 31 de enero de 2017, asistió a la XXVIII Cumbre de la UA que tuvo lugar en Adís Abeba marcando el regreso con un discurso histórico, que empezó destacando lo siguiente: «Es maravilloso el día cuando se vuelve a casa después de una larga ausencia, es maravilloso el día cuando se porta el corazón hacia el lugar querido, África es nuestro continente y mi casa». Dicho esto, Marruecos retomó su lugar entre sus hermanos africanos.

Los dislates de Argelia

En 1963 Rabat ya había inscrito el territorio del Sahara en la agenda de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Marruecos venía solicitándole a España la retrocesión de los territorios de Ifni y Sahara. En aquel entonces el Frente Polisario no existía. De hecho, aquellos que años más tarde serían los líderes de ese movimiento, en ese momento se beneficiaban de las becas del gobierno marroquí.

En la cumbre de la OUA de 1972, que tuvo lugar en Rabat, el difunto presidente argelino Houari Boumédiène, preguntó si era necesario volver a insistir sobre «nuestro apoyo a Marruecos para recuperar sus territorios ocupados por España». En la Cumbre Árabe de 1974 que se celebró en la capital marroquí, Boumédiène nuevamente hizo declaraciones en ese sentido, apoyó la reivindicación de Rabat para la recuperación de los territorios ocupados por España. Pese a las declaraciones previas en favor de Marruecos, Argelia decidió darle vuelta a su posición en la que fue una fuga hacia adelante, Argel necesitaba hacerse de un enemigo externo con el cual distraer sobre su ineficiencia e incapacidad de construir un sistema político democrático y con argumentos espurios cohesionar internamente a partir de la creación de un enemigo externo, aspecto característico de los regímenes populistas.

El régimen de Argelia quiso ocultar sus problemas internos desde el momento mismo de su independencia, así que le venía bien la externalización sostenida para cubrir sus fracasos acumulados y costosos como la adopción de políticas económicas inviables, la dilapidación de los recursos económicos de la nación o la apuesta por proyectos ambiciosos sin ninguna visión estratégica y la toma de decisiones erróneas e irreflexivas. Todo ello da cuenta del fracaso casi total del Estado y del régimen de partido único instaurado por el FLN (Frente de Liberación Nacional) que dominó la vida política durante décadas y cuya imagen ha tratado de matizar al permitir la entrada en escena de otros grupos políticos pero sin garantizar una verdadera competencia política y electoral. Los argelinos tenían razones de sobra cuando decidieron echarse a la calle, hace más de un año, pidiendo cambios. Los hechos acaecidos hablan de un país que desea que ese régimen desaparezca de sus vidas para que pueda abrirse el camino a un sistema político democrático y participativo que no insulte la inteligencia de los ciudadanos.

De otra parte, es menester indicar que resulta inadmisible, incomprensible e intolerable que dos países vecinos que comparten una historia común mantengan sus fronteras cerradas desde hace más de 25 años porque Argelia así lo quiso. Esta es la constatación de la incompetencia política y diplomática del régimen. Una diplomacia estéril con enorme incapacidad para discutir y para negociar poniendo sus cartas sobre la mesa, como lo han hecho a lo largo y ancho de la tierra diferentes países, gobiernos y Estados. No se trata de una invención, Marruecos en múltiples ocasiones ha llamado a Argelia a dialogar y a discutir, lo hizo por última vez en 2019. En esa ocasión Mohamed VI propuso la creación de un mecanismo de diálogo para discutir y resolver los problemas bilaterales pendientes entre los dos países. Sin embargo, Argelia no mostró mayor interés en la propuesta marroquí.

El comportamiento del régimen argelino hacia Marruecos y particularmente la realidad del Frente Polisario han llevado a que diferentes Estados africanos y latinoamericanos evalúen y revisen su posición respecto al conflicto del Sahara y a que tomen decisiones en consonancia. Cada vez más Estados han cancelado o suspendido su reconocimiento a la RASD para evitar entorpecer el proceso político del que se ocupa el Consejo de Seguridad y han suspendido toda invitación de esa república virtual a eventos internacionales y regionales. Añádase a lo anterior la apertura de nuevas embajadas en Rabat y, últimamente, la apertura de consulados generales de Estados africanos en las ciudades del Sahara, Dakhla y Laâyoune.

Los argelinos, relegados por su propio gobierno, merecen decidir su destino y elegir su futuro en procesos con democracia y transparencia reales. Lo sucedido hasta ahora evidencia que el régimen argelino se ha burlado de las esperanzas de sus ciudadanos, vaciando de sentido y de contenido los procesos electorales y la democracia en sí misma. Tras las elecciones de 2019, las protestas y la movilización social continuaron este año. Ahora se han visto suspendidas por la pandemia del coronavirus o covid-19, una coyuntura inmejorable de la que se han servido populistas y autócratas para vaciar las calles y silenciar temporalmente a los ciudadanos en diferentes lugares del mundo y, desde luego, también en Argelia.

El rey de Marruecos, Mohamed VI y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante la quinta Cumbre Unión Europea-Unión Africana que se celebró en Abiyán, capital económica de Costa de Marfil, a finales de noviembre de 2017

La viabilidad de la propuesta marroquí para dirimir un conflicto artificial

Los argelinos están hartos del régimen, pero también lo están de que el país haya asumido e inventado un conflicto con Marruecos y de que mantenga todavía hoy a un movimiento subversivo en su territorio violando incluso la Constitución argelina. Lo anterior lleva a suponer que la democratización de Argelia redundará en el final del conflicto del Sahara. Argelia hoy debe remar en aguas que no le son favorables para su apetencia expansionista sobre el Sahara. Las posiciones de los Estados africanos en este asunto cada vez parecen más pragmáticas y liberadas ya de ideologías caducas.

Marruecos volvió a su familia institucional africana en 2017. Su retorno a la UA le ha valido avances pertinentes. Logró que el foro africano apoye y no entorpezca los esfuerzos de las Naciones Unidas para resolver la cuestión del Sahara exclusivamente en ese escenario. Además, Rabat se ha asegurado el respaldo creciente de los Estados africanos a su propuesta de autonomía para el Sahara (2007) para dirimir esa controversia territorial. La propuesta de autonomía, dicho sea de paso, ha sido reconocida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y por la comunidad internacional como seria y creíble.

El rey Mohamed VI ha impulsado una serie de medidas en aras de una solución inclusiva y justa a ese diferendo. Marruecos, más que nadie, está interesado en superar definitivamente este asunto que ha lastrado durante décadas el fortalecimiento y la cooperación magrebí. Superar esta cuestión permitiría que tanto Marruecos como Argelia pudieran dedicarse de lleno a los retos actuales y a los desafíos que impone el contexto global. Además, superar esa tirantez que opone a los países magrebíes podría coadyuvar a un Magreb fuerte, moderno, desarrollado y democrático convirtiéndolo en el bloque atractivo del mundo árabe-musulmán, siendo también un puerto de anclaje de los países de América Latina en la orilla occidental del Atlántico. El Magreb está llamado a jalonar el desarrollo africano pero también a ser ese socio natural de la Unión Europea.

Este escenario prospectivo para el Magreb debiera servir de aliciente y acicate a quienes todavía parecen reticentes a una salida razonable y pragmática para el diferendo territorial del Sahara, salida que supera el enfoque tradicional de vencedores y vencidos y que permitiría los mejores resultados posibles a todas las partes implicadas en la controversia, particularmente daría solución a la situación humanitaria de los saharauis, tanto a los retenidos como a los convencidos, que padecen las condiciones adversas de Tinduf. Argelia tiene mucho más que ganar si optase por respetar a su vecino, su historia y su gente. Ni los argelinos ni los marroquíes pueden cambiar su geografía. No tiene sentido insultar al futuro, los dos países están condenados a vivir juntos, por lo mismo habría que hacer todo cuanto sea posible para que puedan llevarse mejor e iniciar una fase de entendimiento mutuo pensando en la inevitabilidad del futuro común.

Notas

[1] El presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser (1954-1970), después de la Guerra del Canal de Suez (1956), fue el precursor del socialismo árabe en Egipto y en el resto del mundo árabe. Bajo el lema del nacionalismo árabe y la defensa de la causa palestina, tras el expolio israelí (1948), apoyó a Argelia en su guerra de fronteras contra Marruecos (1963), envió tropas militares y pilotos, entre ellos al piloto Hosni Mubarak quien fue capturado por los militares marroquíes y devuelto al presidente Nasser por el rey Hassan II. Años más tarde Mubarak sería presidente de Egipto. Falleció recientemente.
[2] En 1956, justo después de la independencia, Marruecos empezó a recuperar las tierras retenidas por los colonos y a distribuirlas en favor de los pequeños agricultores. Esa operación se prolongó hasta 1970 con la creación de cooperativas agrícolas de auto-gestión. De otra parte, no hay que olvidar que, entre 1945 y 1963, la presencia militar americana en Marruecos fijó en su punto de mira y como objetivo primordial al comunismo en el Mediterráneo. Sin embargo, dicha presencia cesó, al menos temporalmente, en 1963, tras la exigencia de la oposición marroquí de terminar con toda presencia militar extranjera en el país.
[3] Diferentes revolucionarios visitaron Marruecos en la década de 1960. Algunos de estos fueron el Che Guevara, Nelson Mandela y Fidel Castro. Nelson Mandela lo hizo buscando apoyo, Che Guevara acudió por invitación del primer ministro marroquí Abdallah Ibrahim y Fidel Castro solicitó reunirse con el rey Hassan II. En 1961, Mandela hizo una gira por varios países africanos y europeos. Mandela estuvo en Argelia y en Marruecos. De hecho, el sudafricano se habría instalado en Marruecos entre 1960 y 1962 donde colaboró con Abdelkrim El Khatib, Ministro Delegado para Asuntos Africanos. En Oujda, ciudad del noroeste marroquí, Mandela mantuvo encuentros con el Frente de Liberación Nacional (FLN), un partido político socialista argelino. En ese momento, el reino de Marruecos era un refugio para figuras de la resistencia en África, según reconstruye Latifa Babas en Yabiladi. Diferentes líderes fueron a Marruecos inspirados por el rey Mohammed V y por los líderes de los movimientos nacionalistas marroquíes como Allal El Fassi, Mehdi Ben Barka y Mohamed El Basri. Por su parte, al Che Guevara le habría inspirado el líder rifeño Abdelkrim El Khattabi a quien conoció en una recepción en la Embajada de Marruecos en El Cairo (enero, 1959), dialogaron en español durante horas. En la celebración estaba presente el primer ministro marroquí, Abdallah Ibrahim, quien invitó a Guevara a Marruecos. Guevara arribó a Marruecos ocho meses después. Finalmente, Fidel Castro aterrizó en Rabat en 1963 para reunirse con el rey Hassan II. Desayunaron juntos y discutieron sobre cuestiones ideológicas. Posteriormente el rey de Marruecos describió a Castro como un hombre terco: «C’était un homme têtu et borné […] Je pense qu’il est allé trop loin dans ses engagements, et il pensait qu’échouer à tenir ses promesses est souvent plus dommageable que simplement se maintenir à une option particulière», expresó Hassan II. Meses después de la visita de Castro estalló la Guerra de las Arena entre Marruecos y Argelia, Fidel Castro se posicionó del lado argelino. Sin embargo, fue hasta 1980 cuando Rabat rompió relaciones con el régimen de Fidel Castro. La relación entre Cuba y Marruecos se restableció en 2017.
[4] El régimen de Francisco Macías Nguema (1968-1979) recibió 400 expertos chinos en Guinea Ecuatorial, además de armamento y consejeros militares de la Unión Soviética, firmó un acuerdo para la cooperación educativa con Cuba a finales de 1971 y recibió consejeros militares de Corea del Norte. Reconoció a la RASD el 3 de marzo 1978.
[5] Guinea Ecuatorial es un país de África Central, fue la única colonia española en África, además del régimen de protectorado español al norte y al sur de Marruecos y de los otros territorios que siguen bajo ocupación española (Ceuta y Melilla). La ciudad de Bata, donde recibían instrucción los miembros del Polisario, es la capital de la región continental del país, donde vive el 75% de la población guineana. La capital Malabo está ubicada en la Isla de Bioko, frente a Duala (Camerún).
[6] El 13 de agosto de 1984 Marruecos y Libia firmaron el acuerdo de Oujda, ciudad al este de Marruecos y fronteriza con Argelia. El acuerdo dio lugar a la unión temporal que Marruecos canceló dos años más tarde, el 29 de agosto de 1986. Esa unión permitió cerrar el grifo de la ayuda del dictador libio Muamar el Gadafi al Polisario. Recuérdese que Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi gobernó Libia durante 42 años (1969-​2011).
[7] Francisco Macías Nguema había instaurado un régimen comunista de partido único en Guinea Ecuatorial, a través del partido que creó, Partido Único Nacional de los Trabajadores (PUNT) y gobernaba su país con mano de hierro apoyado por otros regímenes comunistas, a saber: Cuba, China, Corea del Norte, Rusia y Libia. Probablemente, el papel desempeñado por la Guinea Ecuatorial de Macías hizo que Marruecos apoyase al golpista Teodoro Obiang Nguema con el envío, solamente un mes después del golpe, el 21 de marzo de 1979, de un contingente de unos 300 expertos militares marroquíes. A este respecto es de subrayar que unos 60 militares de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos dejaron Guinea Ecuatorial el 29 de abril de 2012.
[8]Mathieu Kérékou fue presidente de Benín dos veces, la primera durante 19 años (1972-1991) y la segunda durante 10 años (1996-2006). Benín reconoció a la RASD el 11 de marzo de 1976, solamente cinco días después de que lo hiciera Argelia. Angola y Burundi reconocieron a la RASD unos días antes que Benín, el 1 de marzo de 1976. En la primera parte de su mandato Kérékou fue un hincha ardiente del Frente Polisario y recibía generosa compensación de Argelia por jugar este papel partidario de la causa separatista. En su primer mandato acusó a Marruecos de organizar un golpe de Estado contra su régimen junto al presidente de Gabón Omar Bongo. En su segundo mandato (1996-2006), Kérékou cambio de rumbo y abrió una embajada en Rabat.

Rabat, Reino de Marruecos, abril, 2020

Mohamed Bendriss Alami (Magreb)

Ex Director Regional Adjunto de UNICEF para el Oriente Medio y el Norte de África (MENA). Fue Representante Delegado de UNICEF en Guinea Ecuatorial (1994-1998), experto internacional en Camerún (1990-1994) y Director de operaciones (en terreno de emergencia) en Sudán (1998-2000) y en varios…

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