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Crisis de Guerguerat: La falsa guerra del Polisario Por. Juan Carlos Moraga D. Sub director DHSF.

Tribuna infomarruecos.ma

 

Juan C. Moraga D.
Sub Director
Derechos Humanos Sin Fronteras.

Desde hace mucho se ha dicho que el conflicto del Sahara es más artificial que real. La pasada crisis del paso fronterizo de Guerguerat, que une Mauritania con Marruecos en la antigua colonia del Sahara Occidental, donde se había bloqueado esta vía comercial lo confirma. Como dice un prestigiado analista, “observamos una guerra mediática que con desinformación sobre los hechos, apunta al plano emocional sobre lo racional”, en cuyo contexto se inscriben las grandilocuentes declaraciones de Brahim Gali, anunciando que “considera roto el alto el fuego firmado con Marruecos en 1991” y responsabiliza a este  país de “las consecuencias del ataque en el paso fronterizo de Guerguerat”. Sin duda y conociendo los personajes, las amenazas del jefe polisario no responden a su “idealismo”, como se le presenta,  por la simple razón que el Polisario no puede lanzarse por su cuenta en esta peligrosa aventura sin consultarlo, lo que nos indica que ella responde a “órdenes superiores”, provenientes de oscuros personajes que en la capital de Argelia y por todos los medios se aferran al poder pero eso, como diría kiepling, es otra historia.

 Aprovechando  la cobertura de estos hechos Gali lanza otra mentira que ya ni los ingenuos creen al afirmar que “las fuerzas armadas saharauis asumen el pleno control de la seguridad nacional y decreta el estado de guerra” anunciando, de paso, un toque de queda en los campamentos de refugiados de Tinduf donde, según testimonios de las víctimas, además de cárceles secretas y centros de tortura, miles de personas sobreviven sin derecho a opinar ni a elegir sus dirigentes, muchos de los cuales, en la actualidad, se encuentran  procesados en tribunales internacionales por delitos comunes y atropellos a los derechos humanos. Esta situación, insoportable al interior del Polisario, genera una crisis que culmina con un nuevo referente que surge desde el interior de este grupo: el Movimiento Saharaui por la Paz, que propone convertirse en alternativa política al  polisario y terminar con este conflicto que ya dura más de 40 años.

Como en las peores dictaduras, el polisario monta provocaciones e inventa conflictos para mantener una estructura cada día más débil y con ello distraer la atención de lo realmente importante, como es terminar en forma seria este conflicto y rescatar del sufrimiento a quienes sobreviven en los campamentos. Para lograr su objeto utilizan campañas mediáticas donde se combina la imagen trucada con el titular que produce el efecto. Como dice un analista, “el uso simplista de titulares y contenidos de lectura rápida se combina con memes y la producción de videos o fotos en un claro intento de tergiversar los acontecimientos, no importando que después la supuesta noticia o información resulte falsa”, lo que hemos visto  con el titular de los “combates” entre militares del Polisario y el ejército marroquí.

Lo cierto es que las FAR concurren a una zona ubicada geográficamente dentro del territorio de Marruecos, porque el tránsito de personas y vehículos se encontraba bloqueado desde el 21 de octubre pasado. En menos de 24 horas las FAR, ajustada a normas internacionales y con gran profesionalismo, restablecen la normalidad, dando seguridad y garantías a quienes utilizan  ese paso fronterizo, lo que se logra sin tener que lamentar pérdida de vidas.

Una vez más queda en evidencia que la provocación del Polisario, consciente de que en términos militares poco o nada puede hacer frente al ejercito de Marruecos,  no es otra cosa que una bravuconada con la mirada puesta en sus jefes de Argel más que en Rabat, ya que es allí donde se analiza si continúa o no el apoyo  a este grupo que, para mantenerlo, tiene para Argelia un elevado costo económico, político y diplomático, cuestión que nos lleva a concluir que la solución efectiva del conflicto pasa, entonces, por un diálogo directo entre los interlocutores verdaderos, como son Argelia y Marruecos, escenario donde también deben ser escuchadas las organizaciones y personas representativas del mundo saharaui, cuyo primer y buen punto de partida, como dice el MSP, es la propuesta de autonomía regional para el Sahara presentada por Marruecos en Naciones Unidas.

Si bien la convocatoria puede ser amplia, claramente en estas conversaciones no puede haber espacio para quienes, hasta hoy, se han opuesto a una solución, cometen delitos contra las personas y se alimentan y viven del conflicto.

En esta mesa, amplia, transversal y representativa, donde es importante la  presencia de Argelia, el primer objetivo es lograr un acuerdo digno y humano para los saharauis donde, por higiene y moral, deben estar excluidos los delincuentes y criminales acusados del robo de ayuda humanitaria y de  violentar los derechos humanos.

Hace poco, en un programa de Televisión transmitido en Libia se debatía la crisis de Guergarat, ocasión en que un ex presidente de la comisión de exteriores del Parlamento argelino dijo que “Argelia no está con el Polisario, sino con el pueblo saharaui”. La presencia del ex presidente Rodríguez Zapatero en el congreso del Movimiento Saharaui por la Paz es significativo por la cercanía de Zapatero con Cuba y Venezuela que, históricamente, han sido los apoyos del polisario en América Latina. Estos hechos son indicativos de que algo está ocurriendo, frente a lo cual el polisario se victimiza y recurre al show mediático para justificar su existencia, tal como lo hemos visto  en Guergarat.

Todo indica que en las oficinas que resuelven estas cosas en Argel se analiza con cuidado la carga que significa para ellos el Polisario. También se sabe de miradas y tonos  distintos para el mismo problema en otras instancias del gobierno argelino, donde constatamos que la sensatez, cada día, gana más espacio en los círculos donde realmente importa, quienes tienen conciencia que el Polisario hoy es un serio problema político y diplomático para las autoridades de Argelia, herederos de una lucha anticolonial admirable que no puede ser desnaturalizada por quienes, en su gobierno y manteniendo añejos códigos de la guerra fría, ensucian su propia historia al mantener, en su territorio, a un grupo de desalmados que, con su actuar, ofenden a sus mártires y a los nuestros.

La situación de Guergarat, donde los provocadores después de anunciar la guerra piden la intervención de la ONU para que los defienda, refleja su cobardía. En la “hora de los hornos” como diría Martí, simplemente se victimizan y huyen.

El 7 de septiembre de 1973 el canciller Clodomiro Almeyda, convocó en Argel a los dirigentes que en esos días cumplían funciones en Europa o África para informar de la delicada situación en Chile, entre los que me encontraba. Al finalizar y en una recepción en casa del embajador chileno Eduardo Salum, consulté al canciller de Argelia ¿Cómo el FLN había logrado unirse para triunfar?

Bouteflica, sin ayuda de traductor y en medio de un silencio general dijo: “Durante años y con más de 20 organizaciones y grupos, hicimos esfuerzos por la unidad. Nunca lo logramos. Entonces decidimos imponer la unidad, nos costó 10 mil muertos, y así triunfamos”.

Hoy, en ese país, el frente Polisario, con la protección y complicidad de algunos miembros de su gobierno, desarrolla actividades que no tienen nada que ver con luchas de liberación y, por el contrario, amenazan la seguridad regional, no solo de los países del Magreb, sino mucho más allá, lo que hace por desesperación ante su inminente derrota política, constatar un evidente aislamiento internacional, además del procesamiento y castigo a sus principales dirigentes, cuestión que los empuja a medidas desesperadas, donde no miden consecuencias, para lo cual muestran armamentos, despliegues militares y lanzan amenazas de guerra como parte de su show mediático, donde incluso utiliza niños.

Lo ocurrido en el paso de Guerguerat es grave, donde nos alegra que la normalidad se ha restablecido, pero también es posible que esto pueda repetirse, prolongando una crisis artificial            y el sufrimiento de quienes habitan en los campamentos de Tinduf, lo que nos exige, como defensores de los derechos humanos,  denunciar esta situación y  terminar, de una vez por todas, con esta verdadera amenaza a la paz y la seguridad de las personas.

Hemos dicho durante años que valoramos por sobre cualquier consideración al ser humano y sus derechos como persona. Claramente estamos y estaremos siempre por la paz en lugar de la guerra, pero todo tiene un límite y a veces, como nos decía en 1973 el entonces canciller de Argelia, hay que imponer algunas cosas para resolver los problemas y asegurar el bienestar y la seguridad de las personas.

En este caso, el Polisario es el problema.

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