Campamentos argelinos de Tindouf: una verguenza institucionalizada
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Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.
En su tentativa de comercializar le nefasta actitud de los acusados en los tristes acontecimientos del desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik en las cercanías del Layun en el 2010, la, cada vez, menos sacro-santa alianza argelino-polisarista ha creado un humor macabro en los campamentos.
Nihilista en que se está convirtiendo la población de estos tristes campamentos, la gente suelta riendas a su imaginación y a su ironía, no siempre “potable”.
La última es que los asesinos de Gdeim Izik serán utilizados por el Polisario cuando Argelia decida desmantelar los campamentos de Tinduf para degollar y orinar sobre los cadáveres de sus víctimas argelinas.
Una manera como cualquier otra de reconocer el carácter criminal de la acción de los acusados en el tribunal de apelación de Salé en vez de erigirles estatuas en estiércol.
Casi dos semanas de intensas campañas de propaganda y de intoxicación han desembocado en un desastre de indiferencia y de valoración literalmente inversa.
Los campamentos de Tinduf son, cada vez, menos polisaristas.
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