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Crónica desde Tinduf Khalil R’Guibi Argelia/Polisario: ¡La vergüenza!

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

 La historia ha dado vuelta (vueltas en plural) a los campamentos y es comentada de diferente tono y con distinta indignación: Una fuente digna de fe cuenta que un oficial del ejército popular argelino bofetea a un dirigente del Frente Polisario ante su gente.
La fuente afirma que no era la primera vez. “Que esto es frecuente y que nadie responde”.
¿Por dónde ha pasado la dignidad saharaui o esta gentuza no es saharaui? Efectivamente ningún saharaui de pura cepa y no los sahrauizados  en los laboratorios militares argelinos puede soportar tanta humillación y tanta vergüenza. “de todas formas humillación estamos, acostumbrados desde hace 41 anos”, se quejaba un anciano sin percatarse de la gravedad de sus palabras. El hombre parecía harto de tanta vergüenza… tanto que se ha atrevido a recordar a quien lo había olvidado que “tenemos país y patria y nadie nos ha echado de ellos”.
Una idea que germina entre la juventud de los campamentos que comienzan a exigir, a suyos y en voz baja como es habitual en los campamentos argelinos de Tinduf, la verdad… la pura verdad y no la verdad de Argelia y sus sirvientes.
“Tienen un país y tienen una patria y nadie les obligó a autoexiliarse”. Es más que este país y estas patria es clemente y misericordiosa y no espera más que el momento del reencuentro y en los que nadie bofetea a nadie y nadie puede despreciar o humillar al prójimo.
 
 
 
 
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