De todos se aprende Por Iliass Ben Abdennour

Más allá de los títulos.

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Iliass Ben Abdennour Escritor
Highlights
  • La vida también es una escuela.
Trabaja de sol a sol como agricultor. La vida no le concedió la oportunidad de acceder a una educación de calidad. Cuando apenas tenía ocho años, las circunstancias le obligaron a empezar a trabajar y, desde entonces, el campo se convirtió en su escuela, el esfuerzo en su rutina y la necesidad en una prematura forma de aprendizaje.
No domina ninguna rama del saber. No sabe leer ni escribir. Desconoce los nombres de los políticos de su país y es imposible que mantenga una conversación sobre filosofía, literatura, economía o historia. Tampoco posee títulos, diplomas ni reconocimientos académicos. Y, sin embargo, es un SEÑOR de los pies a la cabeza.
Respeta al prójimo, no necesita humillar a nadie para sentirse importante, no se detiene en frivolidades ni convierte la vida ajena en materia de conversación. Desconoce el significado de la envidia y del rencor. Es capaz de celebrar sinceramente los logros de los demás con elegancia, humildad y nobleza. Empatiza, ayuda, colabora y da sin esperar nada a cambio.
Mi intención no es restar valor a la educación, a los estudios o al conocimiento académico, pero existe otra clase de formación que no siempre aparece en los programas educativos. Hay una educación y unas enseñanzas que se aprenden tratando con los demás. Una sabiduría que nace del esfuerzo, de las dificultades, de la convivencia y de la capacidad de ponerse en la piel del otro. Hay personas que jamás estudiaron en una universidad pero poseen una extraordinaria capacidad para comprender la vida.
Quizá uno de los errores de nuestros tiempos es no distinguir entre títulos y calidad humana, porque saber mucho sobre el mundo no significa necesariamente saber vivir y convivir en él.
El origen, la profesión o el estrato social de una persona no determinan su valor. A veces, las personas que menos saben tienen que enseñarnos mucho sobre la vida.
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