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“Dejemos de hablar de la ciudad inteligente, revisemos nuestro patrimonio urbano: La medina, una ciudad racional, verde y resiliente” Por Mustafa Akalay Nasser (*)

Opinión

 

    Durante este último año en Marruecos estamos hablando de proyectos de ciudad inteligente en Casablanca y Tánger, la promesa es hacer más llevaderas estas dos ciudades y aportar tecnologías de vanguardia que puedan hacer posible dar el giro digital. Ante esta actitud que conviene consolidar aún más, conviene tener cuidado y creo que como urbanista es necesario ir más allá de los efectos de anuncio y encontrar el modelo de ciudad que se adapte a la realidad marroquí: Revisitando la medina, una ciudad racional, verde y resiliente.

   El marco en el que se enmarca este texto parte de un estudio de campo relacionado con el desarrollo de un curso de urbanismo sobre la ciudad resiliente. Este estudio toca de cerca el tema de la adaptación y la resiliencia de la ciudad árabe-musulmana. Para ello, nos parece necesario prestar atención a este urbanismo del signo, que es la medina (del árabe Al Madina). Para ser más precisos, nuestro campo de investigación se limita únicamente a la medina de Fez.

   El campo semántico de la resiliencia se ha extendido a la planificación urbana árabe-musulmana, ¿hablamos de resiliencia urbana o medina resiliente? ¿Podemos reivindicar y promover la medina como símbolo de especificidad cultural y resiliencia ante inundaciones, terremotos, pandemias de todo tipo que sacuden nuestro entorno?

   La respuesta es sí, y durante este encierro nos dimos cuenta de que la medina de Fez, una ciudad a escala humana, se adapta mejor que la nueva ciudad y los barrios periféricos. A partir del toque de queda del 16 de marzo, la población se refugió detrás de las murallas y abandonó el laberinto de los callejones confinándose a casas, negocios cerrados, riads o pensiones canceladas sus reservaciones.

  Así, la medina se ha convertido en un cordón sanitario que detiene la propagación de esta enfermedad virulenta y sumamente contagiosa, cortando así las comunicaciones con la zona donde se desarrolla dicha epidemia. Durante este encierro, las afueras de la ciudad de Fez, en cambio, son redescubiertas como vulnerables y deben apretar sus cadenas operativas, a fin de garantizar la seguridad de esta migración rural. Las poblaciones urbanas pobres atraviesan un ciclo de acumulación de riesgo y vulnerabilidad creciente, impulsadas por una situación de insolvencia crónica y la falta de infraestructura que caracteriza a los distritos habitacionales subintegrados. Hablar de ciudad, en estas condiciones, aparece un enfoque retrógrado, un intento de desenterrar un tema que tiene visos de nostalgia según el geógrafo Naciri (Désirs de ville, 2017).

   La ciudad vieja de Fez es una de las más grandes, e incluso la medina más grande del mundo árabe-musulmán, aparte de algunas transformaciones ocasionales, no ha cambiado demasiado. Aunque esta última ha experimentado un declive en las últimas décadas, ha mostrado una gran resiliencia, lo que no es el caso de la nueva ciudad. Su topografía es compleja, llena de subidas y bajadas, pero que sin embargo te permiten orientarte por la red de callejones. De lo abierto a lo cerrado, de lo extrovertido a lo introvertido, la ciudad termina trazando un espacio entre los dos, donde la historia y el sitio describen la « La unidad eminente de la medina debe su salvaguardia a la gran mezquita, hacia cada confluencia, y de donde todo fluye, como si fuera un corazón:

   Primera línea, Segunda característica:

  La existencia de los barrios (Hawma) de color familiar, con niveles sociales jerárquicos.

   Tercer rasgo:

  Extrema continuidad inmobiliaria, estabilidad casi ancestral. Los cambios en el edificio, en el cuerpo de la ciudad, obedecen a reglas delicadas: por ejemplo, incluso hoy en Fez, no se puede construir, ni siquiera levantar un edificio, sin pedir permiso a los vecinos. La definición de la ciudad musulmana es funcional, según la ética musulmana es un lugar de intercambio y testimonio. La medina es el lugar donde el testimonio se convierte en arquitectura.»(Jacques Berque: un urbanismo de signo).

    Esta medina brutalizada en su estructura – (un laberinto organizado) – y en crisis de la vida de la ciudad, se ha convertido en objeto de fascinación para muchos arquitectos y urbanistas occidentales que, decepcionados por el simplismo y la legibilidad geométrica de los planos del urbanismo moderno, encuentra en ella un símbolo de ciudad resiliente y sostenible, que intenta imitar la densidad del tejido urbano. Ya en 1916-17, Albert Laprade, inspirándose en el casco antiguo de Fez, proyectó la Cité des Habous en la periferia de Casablanca.    El arquitecto franco-suizo Le Corbusier fue el primero en reinterpretar el urbanismo musulmán para integrar algunos de sus principios en la arquitectura moderna. Así, con su Unidad de Vivienda en Marsella, ha creado una especie de barrio árabe vertical, con sus 360 apartamentos dúplex, unidos por “calles” interiores, sus comercios y equipamientos públicos en una azotea.

   Ha llegado el momento de un cambio de modelo urbano y el mundo urbanístico marroquí debe cambiar su visión para reparar este urbanismo sin urbanidad perpetrado en forma de nuevas ciudades. Lanzadas a toda prisa en los años del boom inmobiliario de principios de la década de 2000, estas nuevas ciudades experimentaron un lamentable fracaso. De ciudades dormitorio, han pasado al estado de ciudades fantasma. ¿Qué decir ante el angustioso espectáculo de las casas cúbicas sin preocuparse por la belleza o el estilo? ¿Qué hacer ante la desolación de los barrios semi construidos sin mínima infraestructura, ante la mediocridad arquitectónica de estas ciudades desalmadas? Los arquitectos atraídos por las ganancias no son los únicos cómplices de este lío urbano. Hay otros culpables: tomadores de decisiones megalómanos, propietarios incompetentes, empresas deficientes, concursos sesgados, especulación de tierras, jurisdicción pesada y corrupción a todas las escalas.

  La crisis de salud provocada por covid-19 es un terremoto que ha volcado todas las ideas recibidas de las últimas décadas y nos obliga a revisar nuestra forma de pensar y trabajar. Surge así la pregunta: ¿Qué será el día después del covid-19 y cómo prepararlo? En términos de planificación del uso del suelo: ¿Qué modelo de ciudad deberíamos implementar?

   El gran desafío de las próximas décadas para los urbanistas será introducir la urbanidad en este urbanismo sin arquitectura. Para ello, deben volver a visitar su pasado, reinterpretar su tradición urbana encarnada por la ciudad tradicional que es una organización racional, verde y resiliente. Aprender del pasado para proyectos urbanos modernos es la verdadera utilidad de la historia para practica el urbanismo de reparación. El papel del urbanista marroquí es ante todo estar en sintonía con las ideas de su tiempo, es cierto que su primera tarea es conocer su tiempo. Sin embargo, si quiere actuar en una cierta continuidad de la historia; inevitablemente debe analizar las obras del pasado para transmitir a sus contemporáneos las huellas de la memoria colectiva. “La ciudad necesita ser revisada, ajustada y transformada continuamente, sin que ello genere trastornos. Prueba de ello es el fracaso del famoso Le Corbusier y sus seguidores cuando operaron ignorando la ciudad vieja, tratando de construir una nueva completamente diferente; fracasaron porque la ciudad rechazó « la tabula rasa », la ruptura. La continuidad es su esencia y excava su profundidad existencial y humana. No se trata de un apego nostálgico a la historia, sino de un perpetuo despertar de la conciencia, a partir del cual debemos salir adelante para afrontar los cambios de la historia. Parece que en lo que a la ciudad se refiere, hemos pasado por alto esta observación”. (A.Mountassir: La ciudad feliz, 2012).


(*) Mustafá Akalay Nasser: Docente-investigador de la universidad privada de Fez

Fuente: La Depeche

Traducción: Mokhtar Gharbi

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