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DESAFÍOS PARA LOS DERECHOS HUMANOS EN EL MAGREB: EL CASO DE LIBIA   Dra. Elisa Walleska Krüger. Directora. Centro de Estudios del Magreb

Especial para infomarruecos.ma

 

 El escenario internacional asiste a una nueva ola de conflictos en territorio del Magreb: el pueblo libio sigue sufriendo con la inestabilidad política y económica de la región. Sin embargo, para que podamos comprender mejor la situación actual, es necesario echar una mirada a la historia. Libia tuvo, desde la antigüedad, embates con los Fenicios, los Romanos y el Imperio Otomano, entre otros. A principios del siglo XX, su territorio fue invadido por Italia y durante la Segunda Guerra Mundial, también fue escenario de conflictos y ocupaciones con Francia y el Reino Unido. La independencia sólo ocurrió en 1952, cuando el líder religioso, emir Sidi Mohamed Idris, fue coronado rey con el nombre de Idris I.

En 1953, tras su admisión en la Liga Árabe, Libia elaboró ​​acuerdos que aceptaban la implantación de bases extranjeras en su territorio. Al año siguiente, se iniciaba la concesión de bases militares y aéreas a Estados Unidos. Sin embargo, el descubrimiento de yacimientos de petróleo, poco después, se convirtió en un factor decisivo para que el gobierno libio exigiera la retirada de las fuerzas extranjeras, lo que provocó graves conflictos políticos con esas dos potencias y también con Egipto. A principios de los años 70, acusaciones de corrupción contra el rey, además de otros intereses, mueven la creación de un grupo de resistencia que acaba por derribar la monarquía bajo el liderazgo de Muammar al Gadafi.

Durante su gobierno, alianzas fueron hechas y deshechas y países y grupos tenidos como aliados, fueron considerados como una amenaza. Este va-y-viene político minó las alianzas del país, llevando a su población al descontento y consecuente rebelión. Una era que se inició llena de esperanzas, de ser un período de paz y prosperidad para el país, termina después de cuatro décadas de un gobierno acusado de tiranía y vínculos con el terrorismo. En 2011, bajo la influencia de la primavera árabe, manifestaciones contra el gobierno causaron otra lucha sangrienta en el país. En febrero, diferentes facciones de la oposición libia forman el Consejo Nacional de Transición con el objetivo de administrar las áreas del país controladas por opositores y también con el propósito de derribar el entonces régimen libio. Poco después, Francia se convierte en el primer país en reconocer la legitimidad de esta organización. La liberación de Libia fue oficialmente proclamada el 23 de octubre de 2011, después de que al menos 30.000 personas murieron en el conflicto. Con el fin de la guerra civil, el país pasaría a ser oficialmente una república parlamentaria.

Desde entonces, a pesar de los innumerables esfuerzos internacionales para encontrar un denominador común que pudiera retirar el país de las ruinas en que se encuentra, Libia todavía se encuentra sumida en rebeliones, atentados y fuertes conflictos armados. Después de las primeras elecciones parlamentarias, ocurridas en 2012, el Consejo Nacional de Transición repasó el poder al electo Congreso General Nacional, encargado de la formación de un gobierno interino y de la elaboración de nueva constitución que debería ser aprobada por medio de un referéndum general. En agosto de ese mismo año, hombres no identificados demolieron una mezquita, a la luz del día, en Trípoli. Un mes después, se produjo el ataque de Bengazi, cuando rebeldes atacaron el consulado de EEUU para matar al embajador estadounidense en el país, J. Christopher Stevens. En octubre, el primer ministro electo, Mustafa A. G. Abushagur deja el poder tras fallar, nuevamente, en la obtención de la aprobación parlamentaria de nuevo gabinete. Entonces, el Congreso Nacional eligió al abogado de derechos humanos, Ali Zeidan, como primer ministro designado. En marzo de 2014, el gobierno libio inició las discusiones sobre la posibilidad de restauración de la monarquía en el país, por creer que esta solución garantizaría el retorno de la seguridad y la estabilidad.

Sin embargo, en mayo de 2014, el general libio jubilado Khalifa Haftar coordinó un ataque aéreo y terrestre a Bengazi, cuyo foco eran grupos de militantes islàmistas atrincherados dentro de esta ciudad. Tal ataque ocurrió sin autorización del gobierno central. Días después, el 18 de mayo, en Trípoli, el parlamento fue invadido por tropas leales a Haftar, hecho que el gobierno libio describió como intento de golpe de Estado. Con el fin de dirigir la violencia y desarmar el conflicto por el poder con el general Haftar, la comisión electoral afirmó, el 20 de mayo, que nuevas elecciones parlamentarias se producirían en el mes siguiente.

Haftar afirmaba “estar limpiando a Libia de elementos militantes islámicos y terroristas”, los cuales eran descritos por él como “habiendo infectado el país.” Él proclamó la disolución del Consejo Nacional General y afirmó que apuntaba a la creación de un gobierno electo, cualquier conexión con esas milicias islámicas. Este acto de Haftar fue recibido con manifestaciones de apoyo por miles de ciudadanos libios.

Sin embargo, de aquí para allá, la Guerra Civil Libia parece lejos de favorecer la unanimidad de un pensamiento social y político que haga que el país pueda finalmente encontrar la paz. Con cuatro organizaciones rivales buscando el control de Libia, la situación demuestra ser bastante compleja.

El hecho es que Libia tiene una posición estratégica tanto en el Magreb, como en relación con Europa y Estados Unidos. Su territorio se encuentra en la ruta de inmigración de diversos países africanos que buscan una vida mejor en Europa. También es ruta para el tráfico internacional de armas y drogas, además de ser objeto de deseo de diversos grupos terroristas que encuentran en los conflictos locales el escenario ideal para el reclutamiento y crecimiento de sus intereses. Rico en petróleo y poseyendo diversas riquezas minerales bajo las arenas del Sahara, Libia es objeto de intereses internacionales que, o bien apoyaron al gobierno de Gadafi, o lo atacaron.

Y es en el centro de este torbellino de intereses que se encuentra el pueblo libio, sufriendo todo tipo de presiones y privaciones. Mujeres, niños y ancianos son blancos fáciles para la violencia, venga de donde sea. Sea cometida por rebeldes o aliados, es ese pueblo que tiene sus familias destrozadas, junto con sus esperanzas de tener en su país un verdadero y estable hogar.

Más que meros intereses económicos o políticos, es el pueblo libio que merece la inversión internacional en la garantía de sus derechos fundamentales.

 

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