Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.
Una nueva fuerza política en el escenario saharaui, más cedible y de la que se espera la liberación de estos rehenes de este gulag argelino de Tinduf.
Otra en Tinduf, y una tercera y cuarta y quinta en el Sahara marroquí. Además del PUNS, única fuerza política durante la era del protectorado español del Sahara marroquí. De/por ello, España tiene una deuda hacia los saharauis. Los verdaderos y del único partido que existía durante su siniestro colonización de la zona.
Junto a esto: ¿Y si los padres fundadores del auténtico Polisario en Marruecos decidieran recuperar lo que habían creado?
Ayoub Lahbib, padre del llamado ejército popular saharaui, el cerebro gris de la creación del Polisario junto al Uali y Ghali, Omar Admi, alias Hadrami, Bachir Edjil etc… Todos vueltos a su país: Marruecos. ¿Quién se ha quedado en Tinduf?. La población de los campamentos los conocemos, conocemos lo que eran y en lo que se han convertido por obra y gracia de la inteligencia militar argelina.
Hoy emerge una nueva fuerza política saharaui que reivindica realismo, democracia y autenticidad. Para ello debe desmarcarse total y literalmente de toda la línea y todo el proyecto del Polisario, autoritario y antidemocrático y sobre todo su humillante tendencia de servilismo a Argelia y su espejismo separatista.
La historia absuelve a los justos. La autonomia se debe negociar con otros.
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