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DESDE MI OBSERVATORIO:  CANARIAS-MARRUECOS, ¿EL EJE ATLÁNTICO?  Ramón Moreno                                               

Anàlisis geopolitico

Ramón Moreno Castilla
Periodista/escritor

La historia, como cómplice, termina en muchos casos siendo encubridora de la realidad. El pasado, y también el presente, son tergiversados de acuerdo a una lógica contraria a la veracidad de los hechos. Quién no esté advertido de esta cuestión, siempre confundirá la realidad con la ficción. Ya lo decía George Orwel (seudónimo del escritor y periodista inglés Eric Arthur Blair, (1903-1950): « quién controla el presente controla el pasado, y quién controla el pasado controla el futuro »…

Y eso es así, porque la historia, de ahí su manifiesta complicidad, siempre la ha contado el vencedor obviando a propósito la verdadera realidad. Por ello, quien no conozca su verdadera historia y su realidad geográfica no sabe quién es, de dónde viene y a donde va. Ello le confiere al « factor geográfico » una enorme importancia en el Derecho Internacional. En efecto:  fue el principio emergente de « localización geográfica », que tiene primacía y preponderancia sobre cualquier otro argumento político-jurídico, el que dió lugar finalizada la II Guerra Mundial al proceso de descolonización  e independencia de los países del llamado tercer mundo, sobre todo en África, al poner de relieve la existencia de otros factores que hasta la fecha habían sido deliberadamente ignorados en virtud del decimonónico criterio de « soberanía política » mediante el cual las potencias coloniales europeas daban visos de legalidad a la apropiación de territorios por la fuerza de las armas, como fue el caso inequívoco de Canarias.

Esos factores son fundamentalmente el binomio « población y territorio », que al ser considerados parte esencial del concepto de « independencia política » consagraron el derecho inalienable e imprescriptible de los pueblos a la libre determinación e independencia, y a disponer de los recursos naturales de su territorio. Estos dos principios, estandartes del Derecho Internacional contemporáneo, tuvieron su más álgido protagonismo en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar firmada en Montego Bay (Jamaica) el 10 de diciembre de 1982, de la mano de los países que se habían incorporado como Estados libres y soberanos a la Comunidad Internacional.

En este contexto geopolítico, varios son los argumentos sobre todo geográficos (marítimos-terrestres), que justificarían la implementación de ese Eje geoestratégico Canarias-Marruecos / Marruecos-Canarias. En primer lugar, la condición de las Islas Canarias de « Archipiélago costero » africano, a escasos 96 Km (59,65 millas marinas) del Estado ribereño, Marruecos; y en segundo lugar, el hecho indisociable, por esa razón, de que Canarias y Marruecos comparten aguas adyacentes. Sin olvidarnos, de la clara evidencia de que el espacio vital de Canarias se agota inexorablemente; y el Sahara marroquí es un inmenso territorio que tenemos enfrente y pudiera constituir la « continuidad territorial » que las Islas necesitan, con todo lo que ello implica.

Estos hechos incontestables nos llevan indefectiblemente a la « solidaridad geofísica », que no es un tema menor, si tenemos en cuenta que destacados juristas marroquíes como el Príncipe Moulay Abdallah y Alderkader Lahlou (citados en mi artículo anterior, « No son aguas españolas »), sostienen que: « la Plataforma contienental marroquí se extiende hasta las Islas Canarias, lo que supone una prolongación natural del dominio terrestre bajo el lecho del mar, ya que la contigüidad geográfica en el espacio es tambien geológica. Idea de ‘solidaridad geofísica’ que fundamenta los derechos del Estado marroquí para proclamar y delimitar sus espacios marírimos ».

En este punto, y con independencia de la Legislación que recoge la vigente Convención de Jamaica de 1982 en la Parte IV. Estados Archipelágicos, Artículos del 46 al 54 a.i.; conviene hacer un breve repaso histórico (para descubrir la realidad) de las diversas teorías sobre la « contigüidad » y la « continuidad », que nos llevan a la relación especial Isla-Continente. Así vemos, que diversas teorías toman como punto de partida el « concepto de la próximidad del territorio insular frente al continente del que dependen jurídicamente ». Y donde se pone de relieve la influencia que el ya periclitado criterio de « soberanía política » ha ejercido continuamente sobre el ente insular; hasta el extremo, de relegar a un segundo plano otros factores como el geográfico. Ambas teorías, inspiradas en una idea de próximidad geopolítica fueron formuladas para proporcionar validez a determinados títulos de « adquisión de territorios » (entiéndase apropiación de territorios por la fuerza de las armas).

La teoría de la continuidad establece que « cuando un Estado ha ocupado permanentemente un territorio, adquiere derechos para ocupar otras tierras que rodean al ocupado ». Mientras que la teoría de la contigüidad, aplicada especificamente a los territorios insulares, afirma que « la soberanía del Estado ocupante puede extenderse hasta las islas o tierras cercanas. Los territorios insulares pueden ser considerados naturalmente, como dependientes de otros territorios insulares o continentales más vastos » (A. Pérez Voituriez: « Problemas jurídicos internacionales de la conquista de Canarias », ULL 1958). Al ponerse de manifiesto la contraposición del título de vecindad de las islas al mcontinente « con la propia valoración política de la unidad archipelágica », Pérez Voituriez destaca que « si bien es necesario tener en cuenta la proximidad de la costa vcontinental, al mismo tiempo hay que considerar la unidad natural del archipiélago »; como indicaría Levi Carneiro, juez del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, ante el caso de las islas Minquiers y Echreous.

En la estrategia de conquista y apropiación de terrotorios por la fuerza de las armas, es sumamente capciosa la combinación del dato histórico de retrotraer la dependencia de la « provincia » de Tingitania Mauritania al imperio romano y a la subsiguiente sucesión de los reyes godos y al castellano, con la proximidad geográfica puesta de manifiesto por Alonso de Cartagena. Este erudito castellano (1384-1456), parte « de la teoría general de la primacía del Continente sobre las islas que considera accesorias ». Esta novedosa concepción la plantea en el Concilio de Basilea (1434); formulación, que trasladada al plano de la « adquisión de territorios » de la época, subraya el criterio de que « las islas periféricas aún no conquistadas, pertenecen al reino cristiano cuya costa sea la más cercana ».

Esos fueron los presupuestos que Alonso de Cartagena planteó en sus « Alegaciones » a favor de la soberanía de Castilla sobre Canarias. Para llegar hasta las Islas formuló una compleja y rocambolesca argumentación consistente en combinar los « derechos históricos » de la supuesta sucesión del rey de Castilla al último rey godo, a quién perteneció en su día el territorio de Tingitania Mauritania, con el de la « proximidad geográfica ». Y así vino a concluir que pertenecen a Castilla, « porque las Islas Canarias están más cerca de África (Tingitania Mauritania) que de Europa (litoral portugyés) ». De esa forma, ya fue tomando cuerpo la artificiosa e impuesta « españolidad de Canarias », que en la actualidad es una eufemística RUP de la UE. Alonso de Cartagena, por otra parte, no desconocía el criterio de ocupación, sino que le da un sentido dinámico; de tal forma, que crea un claro precedente de las teorías clásicas utilizadas en la colonización europea de África (teorías de los sectores y del hinterland).

A partir del siglo XIX se consolidan las teorías del Derecho Internacional clásico. Así, en la Conferencia de Berlin de 26 de febrero de 1885 la ocupación efectiva alcanza un particular relieve, y si bien posteriormente se alegan otros títulos, la posesión real es el único título incuestionable. Como ha destacado Bowet, ciertamente no existe ninguna diferencia entre un territorio continental y un territorio insular a la hora de « adquisición o pérdida de soberanía de uno de estos territorios en cuestión ». Sin embargo, afirma este autor, que dado que las controversias sobre territorios insulares a menudo versan sobre cuestiones de soberanía, ha hecho que los principios jurídicos que pesan sobre la soberanía de las islas hayan de ser demostrados dentro de las pautas del Derecho Internacional. De este modo indica que en Derecho contemporáneo un título de « adquisición » de un territorio insular no puede basarse en el mero descublimiento o en un acto meramente simbólico, como la implantación de una bandera « per se ». La legalidad del título para que surta efectos dependerá, en consecuencia, de la ocupación efectiva ». Igualmente, el Derecho contemporáneo rechaza cualquier título basado en la « contigüidad per se ». (Bowett D. W. : « The legal regime of Islas ». 1979).

Ya modernamente, reaparece la conexión de las islas con el continente como es el caso de la concepción de la descolonización africana que considera integrante de la unidad continental a las islas costeras. De este modo, conforme han puesto de relieve Ban Aallah y Abdallah, la noción de contigüidad vuelve a cobrar actualidad, especialmente apartir de la reunión de expertos africanos sobre el Derecho del Mar celebrada en Abdis Abbeba (Etiopia) en 1978 bajo los auspicios de la entonces OUA, en la cual los Estados africanos pusiron de manifiesto la necesidad de reconocer « la pertenencia de las islas africanas a África »

En consecuencia, y a tenor de la exposición anterior y de los argumentos esgrimidos por los reputados juristas marroquíes que destacan  el innegable componente geomorfológico de su PLataforma Continental respecto a Canarias, situada en lo que sería su « dominio marítimo-terrestre »; es más que evidente que ese Eje estratégico Canarias-Marruecos/Marruecos-Canarias tiene poderosas razones de ser. Por tanto, desde una dimensión geoestratégica y desde el más puro pragmatismo, ¿no sería bueno para Canarias formar parte con Marruecos de ese « Eje Atlántico »?

Canarias, 8 de septiembre de 2020                        Ramón Moreno

                                                                             [email protected]          

  

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