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DESDE MI OBSERVATORIO: ISLAS Y ARCHIPIÉLAGOS: AGRAVIOS COMPARATIVOS Ramón Moreno (Canarias)

Tribuna infomarruecos.ma

Así como la regulación de los Archipiélagos viene recogida con nueve artículos en la Parte IV Estados Archipelágicos. Artículos 46 al 54 a.i. de la vigente Convención de Jamaica de 1982; las Islas están reguladas con un solo artículo en la Parte VIII Régimen de las Islas. Artículo 121.1.2.3. Ello demuestra de forma inequívoca que el concepto de Archipiélago tiene mayor entidad y peso específico político-jurídico que la propia Ínsula.

Por tanto, y como Canarias es un « Archipiélago costero » africano situado a solo 96 Km (unas 52 millas marinas) de la costa marroquí, y no un « Archipiélago oceánico » como Azores y Cabo Verde, pese a pertenecer ambos a la Macaronesia; bueno será hacer un breve análisis comparativo de estos entes dada la enorme importancia adquirida por los territorios insulares en el ámbito internacional, y que ha dado lugar a no pocas controversias.

En primer lugar, se impone una verificación del concepto y condición de Isla y Archipiélago en el Derecho Marítimo Internacional; y en segundo lugar, y una vez clarificadas la relación especial Isla-Continente, y la teoría de la contigüidad en artículos anteriores, conocer las enormes diferencias existentes entre el Archipiélago canario y otros Archipiélagos e Islas. En efecto:

Uno de los campos del Derecho Internacional en el que se ha puesto de manifiesto la necesidad de conceptuar y delimitar jurídicamente la noción de isla y archipiélago es en el Derecho Marítimo contemporáneo. El inusitado interés de los Estados en aprovechar y proteger al máximo sus recursos naturales marinos y delimitar sus zonas de pesca, motivado por el progresivo uso económico de las fuentes de riquezas del mar, ha contribuido enormemente a la conceptualización de isla y archipiélago que trasciende los tradicionales criterios geográficos de considerar a las primeras como simples « porciones de tierra rodeadas enteramente de agua » y a los segundos como « la parte de mar poblada de islas » (Pueyo Losa J.: « El Archipiélago oceánico.

Regulación jurídico-marítima internacional ». International Law Association).

Una primera definición jurídica de la Isla, la encontramos formulada en el Artículo 10 de la Conferencia de Ginebra de 29 de abril de1958 sobre el Mar Territorial y Zona Contigüa, según la cual: « Una isla es una extensión natural de tierra rodeada de agua, que se encuentra sobre el nivel de ésta en pleamar ». Añadiendo además, que « el mar territorial de una isla se mide de acuerdo con las disposiciones de la presente Convención, es decir, de la misma manera que el del continente sin ninguna consideración especial ». Se trata en definitiva de una definición geográfica; sin embargo, en ella ya se establecen dos requisitos: uno, que « la isla ha de ser natural »,

con lo que se excluyen las denominadas islas artificiales; y dos, « ha de emerger continuamente », excluyéndose también a los bajíos que solo emergen en marea baja. De esta forma, conforme ha destacado Dubner, « parece que aunque nada se especifique en la definición, no obstante se puede afirmar en principio, que ni la habitabilidad, ni la configuración geográfica, ni los kilómetros cuadrados, ni la composición del suelo de una isla son considerados por el derecho convencional como criterios delimitadores del mar territorial ». (Dubner,B.H. »The law of territorial waters of mid-oceam archipelagos and archipelagiestates ». La Haya,1976).

Otra interesante cuestión a tener en cuenta es la noción de archipiélago con gran auge en el actual Derecho Marítimo especialmente evidenciado a través de la « reivindicación archipelágica », la cual, y según Jimenez Piernas, « puede reducirse al principio de considerar al conjunto de aguas y tierras que componen un archipiélago como una unidad y deducir de este hecho los oportunos efectos jurídicos ». (Jimenez Piernas, C.B. « El proceso de formación del Derecho Internacional de los Archipiélagos ». Tomos I y II. Tesis Doctoral, editorial UCM, 1982).

Uno de los factores que más han influido en la búsqueda de una conceptualización actual del término « archipiélago » es el cambio operado en el propio contexto internacional plasmado en el hecho de que muchos se habían convertido en Estados independientes y, en consecuencia, sujetos de Derecho Internacional con plena capacidad de obrar en el plano de las relaciones internacionales. De ahí la moderna distinción entre « Estados archipelágicos » y « archipiélagos de Estado », entendiendo por estos últimos a « aquellos archipiélagos no soberanos cuyos intereses están determinados y protegidos por el poder central y por las autoridades del Estado al cual pertenecen jurídicamente (caso de Baleares).

Ha sido justamente la observación de este fenómeno, lo que indujo a Syatawn a afirmar que « no obstante la influencia de otros factores de índole económico, tecnológico y estratégico en la regulación marítima internacional de los archipiélagos, el criterio predominante es el político ». En este sentido, viene a indicarnos que la distinción entre archipiélago costero y oceánico, la cual, según este autor, es básicamente geográfica y de irrelevante importancia política, tiene actualmente un valor muy limitado. El criterio predominante es el de la « adquisición de soberanía política ». (Sytawn, J.J.G., »Revisiting the Archipelago and old concept gains new respectabiyt en India quarterly », 1973). « Soberanía política » que, en el caso de Canarias, hay que subrayar una vez más que fue « adquirida » mediante un cruento proceso de conquista y evangelización por la fuerza de las armas, a la que siguió un depredador proceso de colonización que dura ya más de 600 años.. Criterio de « soberanía política » que, por otra parte, es contrario y opuesto al principio emergente de « localización geográfica » consagrado en el Derecho Internacional, y que dio lugar al proceso de descolonización e independencia de los llamados países del Tercer Mundo finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Si bien es cierto,conforme a destacado Amerasinghe (representante de Sri Lanka, antiguo Ceylan, que presidió la Tercera Conferencia del Mar hasta su muerte, siendo sustituido por O. Koh, representante de Indonesia), que los Estados archipelágicos ocupan hoy por hoy un lugar minoritario en la comunidad internacional actual y que éstos no constituyen, en su mayoría, grandes potencias ni importantes Estados marítimos que mantengan una posición política en el concierto de las naciones. Sin embargo, señala este autor, que « dado que estos Estados encuentran aparentemente un considerable apoyo por parte de otros miembros de la comunidad internacional, no hay razones para que no pueda acordarse a los Estados archipelágicos un tratamiento especial, desde el punto de vista práctico ». (Amerasinghe,C. F.: « The problem of archipelagoes in the international law ofthe sea »,1974).

Como así sucedió finalmente en las Resoluciones de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, consagrando el « principio archipelágico » a instancias de Filipinas, Indonesia e Islas Fiji que, como ya hemos dicho, es exclusivo y potestativo de los Archipiélagos constituidos en Estados libres y soberanos y, por ello, sujetos activos del « decision making » internacional.

Cuestión aparte, es que al amparo de la definición de isla se genere un desproporcionado espacio oceánico contrario a las razones de « justicia y equidad », que propugna Marruecos, y que ya tratamos en un artículo anterior.

Pues bien, para un pertinaz e impenitente estudioso del Derecho Marítimo Internacional, como el que suscribe, resulta absolutamente inconcebible que existan territorios insulares de menor entidad que el Archipiélago canario constituidos en Repúblicas independientes que forman parte de la comunidad internacional sin ningún problema. ¿No es un inasumible agravio comparativo y un intolerable insulto a la inteligencia constatar esta realidad; máxime, cuando las Islas Canarias constituyen el Archipiélago más grande e importante de la Macaronesia?

En el impuesto escenario europeo, en el cual España nos considera una eufemística « Comunidad Autónoma » (status no reconocido por la ONU), y donde Europa nos denomina RUP (territorio de ultramar; o sea, colonia), existe un minúsculo Estado Insular (Chipre) y un pequeño Estado archipelágico (Malta). Y aquí abajo, en el inequívoco escenario africano, donde estamos situados geográficamente, localizamos el Estado archipelágico de Cabo Verde. Veamos:

En el caso de la República de Chipre (9.251 Km2), capital Nicosia, estamos ante un

Estado Insular miembro de la Unión Europea, considerada siempre un puente de unión entre los continentes Europa, Asia y África,que tuvo que pedir el rescate de la UE, con la intervención de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Chipre forma parte de la Commonwealth, Consejo de Europa, BERD, UNCTAD, FMI, OMC. .. Pero lo más importante es que los chipriotas (1,2 millones) se gobiernan solos y deciden por si mismos. Justamente lo contrario que los canarios (2,16 millones) supeditados a decisiones foráneas, contrarias a sus legítimos intereses, que se toman en la metrópoli española a 2.000 km de distancia.

Por su parte, la República de Malta, capital La Valeta, independiente desde 1964, es un Estado archipelágico (formado por cinco islas: Malta, Gozo, Comino, Cominotto y Filfla), miembro de la UE; situado en el centro del Mar Mediterráneo a unos 93 km de Sicilia y a 290 km de Libia. Malta pertenece al FMI, OMC, BM, MIGA y BERD. Los aproximadamente 475.700 malteses tienen asimismo la capacidad de decidir solos en función de sus legítimos intereses. Y fue, precisamente, Arvid Pardo, representante maltés en la Tercera Conferencia del Mar, el autor e impulsor de la declaración de « Patrimonio Común de la Humanidad » a los espacios marítimos más allá de la jurisdicción nacional de los Estados.

Respecto a Cabo Verde, España, que en 1493 se repartiera con Portugal la mar océana más allá del Estrecho de Gibraltar, sigue estando en entredicho como retrógrada potencia colonial; ya que Portugal dio la independencia a todas sus colonias (la última, Timor Oriental en 2002), y España sigue pensando que su « imperio » permanece, manteniendo férreamente a Canarias (la primera y última colonia de África), haciendo caso omiso a la Resolución 1514 (XV) de Naciones Unidas que, sin embargo, pretende aplicarle a Gibraltar.

La independencia de CaboVerde data del 5 de julio de 1975, mediante la lucha

armada contra Portugal liderada por Amilcar Cabral, artífice de la independencia de Guiea Bissau y Cabo Verde. La República caboverdiana, capital Praia, es un Archipiélago compuesto por 10 islas de origen volcánico y 8 islotes. Situado en el Océano Atlántico, en el flanco Sur de la Macaronesia, a 500 km (269,98 millas marinas) de Senegal, tiene una superficie total de 4.033Krn2, mientras que su Zona Económica Exclusiva abarca 734.265 km. Cabo Verde forma parte de la UA, CEDEAO, UNCTAD, BM, FMI, BAFD, Acuerdo de Cotonou (Países ACP de la UE) y, obviamente, de la ONU.

¿No es el Archipiélago Canario un caso paradigmático del colonialismo europeo en África, y un impresentable agravio comparativo en pleno siglo XXI?

Canarias, 25 de septiembre de 2020                             Ramón Moreno [email protected]

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