DESDE TAFÍ DEL VALLE Carta a la Pachamama Por Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Reflexiones

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Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón Poeta y escritor (Argentina)
Highlights
  • Una reflexión sobre la Pachamama, la fe y el deber de cuidar la Tierra

A la Madre Tierra, memoria viva de los pueblos andinos

Hay montañas que hablan en silencio. Hay valles que guardan la memoria de los siglos. Y hay una madre antigua que los pueblos andinos aprendieron a escuchar mucho antes de que la historia escribiera sus primeras páginas. A esa presencia milenaria la llamaron Pachamama.

No es solamente la tierra que pisamos. Es el nombre que la gratitud le dio a la creación cuando el hombre comprendió que ninguna semilla germina sin esperanza, que ningún fruto madura sin paciencia y que ningún pueblo sobrevive si olvida el suelo que le dio origen.

Como una inmensa nube de ternura extendida sobre la faz del mundo, abrazas montañas, quebradas, ríos, bosques y desiertos. En tu inmenso regazo florecen los colores de las flores silvestres, el canto de los pájaros, la danza de los vientos, la lluvia fecunda y el pan que cada día llega a nuestra mesa.

El sol te despierta. La luna parece acariciarte. Las estrellas custodian tu sueño mientras el hombre, casi sin advertirlo, deposita sobre tu piel las semillas de su futuro.

Recibes en silencio el trabajo de los campesinos. Guardas cada grano como quien custodia un milagro. Luego devuelves multiplicado aquello que recibiste: trigo convertido en pan, uvas transformadas en vino, árboles cargados de frutos y campos vestidos de esperanza.

Pero también conoces el lenguaje del dolor. Hay días en que tus vientos rugen con la fuerza de la historia, tus ríos desbordan su cauce y tus tempestades nos recuerdan que la naturaleza no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la naturaleza.

Entonces comprendemos que no somos dueños de la Tierra, sino apenas peregrinos sobre ella.

Los pueblos andinos levantaron piedras sagradas y lugares de oración para agradecerte la vida recibida. Porque toda cultura necesita símbolos para expresar su gratitud y porque cada generación busca una manera de honrar aquello que la sostiene.

Desde mi fe cristiana te contemplo como la maravillosa obra del Creador, la tierra bendecida que Dios entregó al hombre para que la cultivara, la cuidara y jamás la destruyera. Cuidar la creación es también una forma de amar a Dios.

Hoy, cuando tantas veces confundimos progreso con devastación y riqueza con explotación, vuelves a hablarnos con la voz del viento que desciende desde los cerros de Tafí del Valle.

Nos recuerdas que un árbol tarda décadas en crecer y apenas minutos en caer; que un río limpio vale más que cualquier tesoro; que el aire no tiene dueño; que el agua no reconoce fronteras; y que la verdadera grandeza de una civilización se mide por el respeto hacia la tierra que heredó y hacia la que dejará a sus hijos.

Bendita seas, Pachamama.

Humilde madre de los caminos, silenciosa compañera de nuestras alegrías y nuestras lágrimas.

Que nunca olvidemos que de tu seno recibimos el alimento cotidiano y que, cuando termine nuestro peregrinar, volveremos a descansar en la misma tierra que durante toda la vida nos sostuvo.

Que Dios, Señor del Universo y Creador de todas las cosas, bendiga siempre esta tierra generosa y nos conceda la sabiduría para custodiarla con amor, humildad y gratitud.

Porque quien aprende a respetar la Tierra, aprende también a respetar la vida.

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