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Desierto con visos a ser vergel Por Dr Mohamed Bouissef Rekab

Reflexiones

Dr. Mohamed Bouissef Rekab
Profesor/Analista

El agua nutre todo lo viviente en la tierra. El preciado líquido da el sustento necesario a las plantas para un adecuado desarrollo. Es por lo que la gestión del agua,  junto a un apropiado trabajo de la tierra, se hace decisiva para asegurar buenas producciones agrícolas abriendo el cauce a una vida próspera y en paz.

Cuando Marruecos recuperó su Sahara (1975), se enfrentó a una tierra árida, con un sistema agrícola totalmente desfasado y que llamaba a gritos la instalación de novedades que dieran a esa tierra una nueva cara. Lo primero que Marruecos debía hacer era encontrar los medios necesarios para obtener agua. No malgastar ni una sola gota que cayera en las manos de los responsables. La decisión estaba tomada y el trabajo empezaría sin demora para la obtención de agua que dieran vida a esa región marroquí.

El avance marroquí en todos los frentes bajo los auspicios de SM el Rey Mohamed VI es muy importante, por lo que el país, para mantenerse enérgico, ha tomado la opción de acercarse a Europa

En efecto, para hallar una salida airosa, el país necesitaba aliados. No estaban muy lejos: la Unión Europea se enfrascó en esta labor y firmó el Acuerdo de Asociación UE-Marruecos, que otorga a nuestro país numerosas ventajas arancelarias. De esta manera, se consigue que Marruecos sea un país fuerte para que luche –junto a los países democráticos del mundo- contra el problema de la migración y de la inestabilidad del Sahel, donde se está notando una actividad terrorista en aumento y que debe erradicarse lo antes posible. Estas relaciones entre Bruselas y Rabat están sustentadas en el Acuerdo Euro mediterráneo de Asociación EU-Marruecos que se ha firmado en 1996 y que entra en vigor hasta el año 2000. El Acuerdo sigue en vigor hasta el presente.

 El sitio Web de la Comunidad Europea publica en uno de sus artículos lo siguiente: “… apoyar las reformas, el desarrollo inclusivo y la gestión de las fronteras, así como a fomentar una asociación euro marroquí de prosperidad compartida”. Estas palabras explican el objetivo del acuerdo de la CE y Marruecos y dejan clara la apuesta de Europa por un desarrollo serio y firme de nuestro país.

Como era de esperar, la EU puso el énfasis de esta relación comercial en la pesca; Marruecos insistió y fue más allá e incluyó la agricultura en los artículos del Acuerdo en todas sus vertientes, lo que le permite a nuestro país tener preferencia oficialmente y no pagar aranceles por sus productos agrícolas desde 2012.

Habiendo solucionado gran parte del problema del agua en el Sahara –construcción de desalinizadoras como principal solución-, donde nuestro país ha decidido levantar miles de hectáreas de invernaderos  según el programa conocido como Generation Green y que irá de 2020 a 2030; no quedaba más que ponerse manos a la obra. La mayoría de estas tierras van a conocer el cultivo y exportación del tomate hacia el resto del mundo; la tarea sobre el terreno respetará el sistema de regadío por goteo para asegurar que el agua va bien administrada.

En virtud al acuerdo que une EU y Marruecos, el plan presentado por nuestros responsables respeta el Convenio acordado entre ambas partes en todas sus cláusulas. Cualquier país que se sienta molesto por esta realidad, sólo tiene que releer los artículos del Acuerdo y darse cuenta que Marruecos no vulnera ninguno de ellos.

El Sahara marroquí entra de lleno en estos acuerdos porque es posesión marroquí; tierra que podemos utilizar como creamos conveniente. Si Marruecos desea hacer de sus tierras desérticas un vergel, nadie tiene derecho a contestarlo.

 

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