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DIA DE LA MADRE 2020 Elias D. Galati (La Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

La maternidad es uno de los conceptos más trascendentales en cualquier análisis que se realice.

Desde el punto de vista de la mujer, portadora de ese portento extraordinario que es gestar la vida, es una vivencia, el hecho biológico de ser madre.

Esa vivencia genera un sentimiento que se desarrolla a partir de la concepción y el embarazo, aunque con anterioridad es frecuente que la mujer sostenga un instinto maternal, en el deseo de tener un hijo, cuidarlo y educarlo.

Este instinto va más allá del ser humano, y es común a casi todos los mamíferos.

El instinto es una perspectiva interior, una situación íntima que a partir de emociones personales, se proyecta en comportamientos que hacen al amor y la protección.

Si bien el modelo es el de una madre y su bebé, la maternidad es un concepto amplio, el hijo lo será toda la vida, y aún habrá un sentimiento, que expresará ese instinto, fuera del hecho biológico, como la adopción de un hijo, y proceder con el otro con el amor y la protección propia de una madre.

El amor y la protección que detenta el instinto maternal, marca al ser desde su gestación y lo acompaña toda su vida.

Todo hombre está señalado por su condición de hijo, que ha tenido una madre, que ha merecido el cuidado y el amor propio de su condición, aquella que hace al hombre indefenso e indemne durante su gestación y durante su primera etapa en la vida.

Que hace que sin ese cuidado fruto del amor, sería imposible e inviable que continuara su vida, y pudiera subsistir.

Este es el modelo de la vida de la humanidad, el amor y el cuidado.

Debemos considerar que ha pasado en la historia  y en la evolución de la humanidad para que en realidad este valor, que más que valor es una vivencia, fuera hoy en día cuestionado, desechado y hasta tergiversado como una cuestión emocional, sin razón de ser, que ha permitido la guerra, la violencia, la tortura, el terrorismo, el odio y el rencor.

Que sucedió con ese ser que durante los meses de su gestación y durante sus primeros pasos en la vida exterior, fue amado, cuidado, sostenido y educado en los valores esenciales de la bondad, la verdad, el honor, la solidaridad y la responsabilidad de los otros como extensión de ese amor y ese cuidado recibido.

A pesar de todo el instinto que ha marcado a todos los seres, impone un cuestionamiento, una pulsión a veces insostenible, crítica  y desgarradora.

Hay un instinto esencial y profundo en la condición humana, y es el amor.

Aún en aquellos que hacen un culto de la violencia, del odio y del rencor, puesto que en algún momento quieren vivir en paz, despojarse de sus pasiones desairadas y tener la tranquilidad de quien ama.

Por eso es imprescindible que todos los niños se sientan amados y sean felices.

Porque es la condición de madre el amor y la protección.

Y si esa condición se transparenta, se proyecta y se encarna en sus hijos, biológicos o no, en quienes están a su cuidado, o en la gente que depende de otros, el mundo tendrá el amor necesario para que pueda vivirse en paz y con la armonía y felicidad necesaria para la convivencia.

La madre, ama, siempre, a despecho de no ser amada, de no ser comprendida, de ser olvidada o desairada.

Es su condición, su instinto, su sentimiento, que debe transmitir y enseñar a sus hijos.

A costa de cualquier sacrificio, aún dando la vida en el intento, porque ese es el mayor amor y el amor verdadero, darse por el otro, amar y cuidar al semejante como si fuera uno mismo, con la misma intensidad y con el mismo amor.

Benditas sean las madres que señalan nuestro camino, nuestro deber en la historia de la humanidad, que es  promover y realizar el amor y el cuidado de todos los hombres.

Elias D. Galati

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