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DÍA INTERNACIONAL DE LA PAZ Elias D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

El 21 de setiembre se celebra el Día Internacional de la paz.

Si bien es cierto que no hay vida digna ni verdadera de los hombres, sin un estado de paz, la historia nos ha demostrado que el estado de beligerancia es permanente, en todos los lugares y en todas las épocas.

Hay que entender al hombre, conocer su condición, sus tensiones y sus deseos, para poder encauzar y proyectar el problema de la paz.

Porque la paz, también es un problema; un problema crucial en la historia de las sociedades que buscan estabilizarse, crecer y ser mejores.

Hay dos tensiones que debemos considerar para abordar el tema; la primera es la tensión interior de cada hombre, la segunda es la tensión del individuo con los semejantes como la tensión de los grupos sociales entre sí.

Esas tensiones se producen por la dilucidación del entredicho entre el derecho y el deber, como también entre el deseo y la virtud.

Sin pretender hacer una génesis de la formación mental y espiritual de cada individuo, es evidente que la impronta, lo que cada uno ha recibido ab initio, marca determinantemente al ser.

Es cierto que todos tenemos una conciencia,  y que en algún momento de nuestra existencia, aflora la necesidad de saber si estamos procediendo correctamente o no, de acuerdo al orden natural de la raza.

Pero también es cierto que no todos la enfrentamos de la misma manera ni con los mismos elementos.

Cuando uno tiene conciencia para juzgar, ya ha realizado un trayecto de su vida, con lo que ha sido puesto en su alma y en su ser, y lo ha realizado, casi siempre inconscientemente, pero ya ha pasado a formar parte de su historia, y ha creado una costumbre, un hábito difícil de desarmar.

Los derechos y los deberes fueron aprendidos, no siempre de la misma forma y no siempre de manera correcta, más allá que luego la persona tiene capacidad para entender y determinar que está bien y que no, que es lo correcto y que lo incorrecto, cual lo beneficioso y que es lo pernicioso, tanto para sí como para  sus semejantes.

Por eso para abordar el problema de la paz, es imperioso, abordar la formación y la educación del niño y del infante desde antes de su nacimiento.

Porque en el momento de la comprensión y en el de tomar decisiones, ya hay en nosotros toda una serie de elementos, morales, sociales, políticos, culturales y existenciales, que nos han acompañado desde nuestro nacimiento y a los cuales hemos adherido per se, sin condición, por la imposibilidad de cuestionarlos en el momento de su puesta.

De  allí surgirá la forma de elección de nuestra conducta y de nuestras relaciones.

Todos tenemos deseos, es el motor de la vida, todos queremos ser los mejores, estar en primer lugar y superar a los demás.

Pero ese sentimiento es válido, es el correcto, lo merecemos, ocupamos realmente el lugar que nos corresponde, o es fruto de nuestro egoísmo, de nuestro orgullo, de la falta de sensibilidad y colaboración para los otros, o de nuestras trampas y tramoyas armadas con otros iguales, para beneficiarnos por encima de los demás.

He sostenido que la miseria y la injusticia, son las patas de la violencia, es decir su origen profundo.

Si me considero mejor sin serlo, si ocupo los mejores lugares, me quedo con las mejores cosas, me enriquezco a costa de la debilidad o la desolación de los otros; si acepto nada mas que mi criterio, si no creo en la igualdad, ni en los valores de todos por igual, entonces provocaré un descalabro social, que tarde o temprano desatará una reacción, primero tímida, después enérgica y por fin violenta

De un lado y del otro estamos promoviendo la contienda, estamos iniciando la guerra, y pisoteando la paz.

Esa tensión social que existe entre dos individuos o entre grupos sociales, si no esta regida por el respeto mutuo, por  la consideración de la dignidad de todos y cada uno de los integrantes, es un choque de deseos, de poder, de posesiones materiales y culturales, que deviene inexorablemente en un conflicto y termina con la paz.

La paz es el estado natural del hombre, no se puede vivir verdaderamente sin paz, pero la paz debe estar primero en el corazón de cada uno de nosotros.

Si ponemos nuestros derechos por encima del deber; si desnaturalizamos la igualdad sosteniendo que nos corresponde más que a otros, si pretendemos digitar la vida, la concepción y la forma de vivirla de otros, si nos ocupamos sólo de nuestros problemas y dejamos de lado el de los demás, caminamos hacia la violencia y no hacia la paz.

La paz sólo se consigue a partir del interior de cada uno, y de la comprensión y la firme voluntad de ser equilibrados, generosos, solidarios, magnánimos y guardianes de las virtudes y de los derechos que a todos nos corresponden.

Pero también con la acción, con nuestra conducta que nos señale por nuestras obras quienes somos y que queremos.

Es posible la paz sobre la tierra, a pesar de todo, pero se necesita la conformidad y la voluntad de todos los hombres.

MEDITACION

La ultima carroza

del triste cortejo

avanza cadenciosa

hacia el destino avieso

 

la vida generosa

la alegría, el festejo

trocó por dolorosa

vuelta hacia lo viejo

 

tu voluntad es ociosa

reacciona, no es eso,

el futuro avisora

 

quizás no esté tan lejos

la felicidad que llora

el pueblo que la añora.

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