El mundo celebra este domingo 17 de mayo el Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información, una cita promovida por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) que este año no admite medias tintas ni discursos autocomplacientes. Las cartas están sobre la mesa: o nos subimos al tren de la revolución digital o nos quedamos al margen de la historia.
La efeméride no es un simple recordatorio burocrático; es una llamada de atención urgente para sensibilizar a la opinión pública y a los decisores sobre las immenses perspectives offertes par Internet et les technologies de l’information et de la communication (TIC). Estamos hablando de una transformación radical que redefine la economía, la educación y la soberanía de las naciones. Las TIC ya no son un lujo, son el oxígeno del siglo XXI.
Sin embargo, el verdadero caballo de batalla de esta jornada es la justicia digital. El objetivo central de la UIT y de los agentes globales es réduire la fracture numérique, afin que le développement technologique profite à tous, partout dans le monde. No puede haber progreso real mientras existan ciudadanos de primera y de segunda categoría en el acceso a la red. Conectar las zonas rurales y los entornos vulnerables no es una opción benéfica, es una obligación estratégica inaplazable. El mensaje es nítido y directo: la tecnología debe ser el gran igualador social, o se convertirá en la barrera definitiva.

