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DONDE Y COMO VIVIR, Elias D. Galati (Argentina)

Reflexiones

 

Donde vivir es el lugar y el tiempo en el cual se desarrolla nuestra existencia; el hábitat y el momento histórico en el cual transcurre nuestra vida.

Cómo vivir es la forma en que desarrollamos nuestro camino en la vida, cuales son nuestros principios, nuestra conducta, como nos comportamos, que hacemos de nosotros, del mundo que habitamos y nuestra relación con los otros hombres.

Donde vivir no depende enteramente de nuestra voluntad, porque si bien es cierto que podemos cambiar de sitio, mudarnos a otro lugar, elegir otra comunidad y otros compañeros de ruta, hay algo que escapa a nosotros y es el tiempo histórico en el cual nacimos.

Además también podemos cambiar de ubicación, migrar a otro país, o ciudad, pero cargaremos con la condición de emigrante, y llevaremos encima el desarraigo que significa salir de las fuentes y del origen.

Cómo vivir depende casi enteramente de nosotros.

Es nuestra decisión y nuestra voluntad la que determina la manera de afrontar la vida y de relacionarnos con ella, con la naturaleza y con nuestros hermanos.

Sin embargo hay una relación entre el dónde y el cómo de la vida; es como si el uno determinara al otro, como si el lugar y el tiempo fueran un elemento esencial en el cómo elegido.

En efecto, el hábitat y el tiempo histórico conforman un sustento de nuestro carácter y de la formación de la personalidad.

De cómo sean dependerán el abordaje a realizar para enfrentar la vida, y las cuestiones que formarán la problemática a enfrentar para realizarla.

Nuestra mente y nuestro espíritu se forman y se perfeccionan con los estímulos que reciben del exterior, en primer lugar de aquellos que se ocupan de nuestra crianza y nos ponen pautas o comportamiento, las que desconocemos y no podemos en primera instancia discutir, juzgar o rebatir y también de las costumbres, tradiciones y el folclore local, muchas veces determinado por el hábitat, en especial la forma de nutrirse, de vestirse, de relacionarse que dependerá del clima, de las aptitudes y de las características del lugar.

Todo ello impostado en un ser en blanco, en un espíritu virgen, que sólo tiene la experiencia de la vida intrauterina, y desconoce toda relación con el exterior.

Mientras se va formando nuestro espíritu, se va despertando la conciencia, y la experiencia de lo que nos rodea, hace que veamos diferencias, algunas muy profundas y opuestas, y sintamos a partir de otros, las comparaciones, los juicios y la valoración de la conducta.

Aprendemos que no todo es igual, que hay hechos y actitudes acertadas o desacertadas, correctas e incorrectas y buenas o perversas.

Se nos presenta de repente la valoración, comprendemos que además de la existencia, existe en cada hecho  y en cada cosa, un valor, algo que la hace valiosa o disvaliosa, algo que la determina, y que esa condición se transmite al hombre en relación a su comportamiento.

Vislumbramos la posibilidad de elegir, y ello nos lleva al concepto de responsabilidad, ya que si la elección es nuestra, libre y voluntaria, más allá de la formación que tenemos, somos responsable de lo que hacemos.

Intuimos y luego comprobamos que la valoración nos lleva a un concepto superior que es la virtud, y sentimos casi instintivamente que hay virtudes que forman parte de la condición humana, pero que son  libres y electivas y que dependen de nosotros tomarlas o dejarlas.

Empezamos a valorar la realidad, y llegamos a lo bueno, lo correcto, lo equilibrado, lo solidario, como también vemos que a su lado existe lo perverso, lo incorrecto, la diferenciación, la indiferencia que lleva al egoísmo, la soberbia, el autoritarismo, la corrupción y la violencia.

Que hay virtudes que honran la vida, y hay actitudes que son destructivas de la existencia.

De a poco y sin darnos cuenta y a pesar de no entenderlo, vamos dando forma a nuestra vida, vamos creando el cómo vivir.

Más que desde el conocimiento racional, ya  que a veces no somos conscientes que estamos eligiendo, sino desde la emoción y sobre todo de la voluntad.

Porque la virtud que nos lleva a los valores, hay primero que sentirla en nuestro interior, como un deber, como una necesidad y después accionarla en nuestra forma de actuar con una firme voluntad de proceder a pesar de todo, en el contexto que sea y que nos tocó vivir y de las dificultades que nos pueda acarrear.

Allí elegimos el cómo, desde la bondad o desde la perversión, desde la correcto o lo incorrecto, desde lo solidario o lo indiferente, desde lo pacífico o lo violento, desde lo bueno o lo corrupto.

De ese cómo por ser una elección libre y voluntaria, surge nuestra responsabilidad y nuestra capacidad de señalar la dignidad humana.

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