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Educar para pensar y enseñar para inspirar, Iliass Ben Abdennour 

Opinión

Cuando pedimos a nuestros alumnos que nos presten atención tenemos que ser conscientes de que nos han dado su tiempo y su confianza, por eso debemos responder a sus expectativas y devolverles su atención de manera enriquecida. 

En las escuelas hay que trabajar cada vez menos con el conocimiento inerte y empezar a generar curiosidad, motivación, entusiasmo y creatividad mediante actividades que impliquen al alumno y hacerle participe directo de su desarrollo personal y profesional. El mejor maestro es aquel que tiene la valentía de sentarse al lado de su alumno, cambiar su mentalidad y alentar a otros alumnos a que tomen las riendas de su propio aprendizaje y hacerles creer en sus habilidades.

Es necesario que el docente fomente en clase hábitos intelectuales como la lectura y el diálogo productivo como herramientas de aprendizaje, y dotar al estudiante de estrategias mentales para que aprenda a seleccionar la información y ser inmune al engaño y la manipulación con el desarrollo del pensamiento crítico.

En cada aula hay por lo menos un estudiante con unas capacidades impresionantes y un talento único, si no llegamos a amar lo que hacemos difícilmente podremos crear lazos afectivos con nuestros estudiantes, enseñarles a ser creativos y hacer que brillen.

Como docentes debemos tener la humildad de reconocer que todos los que estan a nuestro alrededor tienen cosas interesantes que enseñarnos.

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