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“El Aguador » de Jean Tarrit: Una Oda Esculpida a la Vida Cotidiana en el Marruecos del Siglo Pasado. Por Fikri SOUSSAN

Reflexiones

Fikri SOUSSAN
Profesor en el Departamento de Estudios Hispánicos de Dher El Mehrez en Fez

En la monumental presencia de « El Aguador » de Jean Tarrit, la esencia de la vida cotidiana en el Marruecos del siglo pasado cobra vida de manera tangible. Esta escultura, que retrata a un agotado guerrab con los ojos cerrados y la espalda arqueada bajo el peso del odre de piel de macho cabrío, se erige como un símbolo palpable de la lucha diaria.

Fruto del viaje de Tarrit a Marruecos en 1910, la obra despliega un respeto profundo hacia la autenticidad de la vida en ese momento y lugar. Desde la textura minuciosa de la piel del odre hasta la expresión fatigada del aguador, la meticulosa atención a los detalles atestigua el compromiso inquebrantable del artista con la veracidad y la representación fiel de la realidad.

A través de la figura del aguador, Tarrit sumerge al espectador en una época en la que el acceso al agua era un tesoro preciado confiado a hombres como él. La escultura evoca la memoria de un tiempo en el que los zocos y las medinas bullían con la actividad constante de los guerrabs, emulando a Sísifo en sus interminables recorridos entre el río, la cisterna y la fuente para asegurar la distribución del líquido precioso por cada rincón de la ciudad.

La postura del aguador, con sus rasgos fatigados y la carga simbólica que lleva, trasciende la mera representación realista para convertirse en un elogio conmovedor a la resistencia y dignidad inherentes a aquellos que desempeñaban esta labor agotadora. La escultura invita a una profunda reflexión sobre la conexión humana con los elementos esenciales de la vida y el trabajo incansable de aquellos que garantizan su distribución.

En « El Aguador », Jean Tarrit fusiona su destreza técnica con una comprensión cultural profunda, abriendo una ventana a un capítulo olvidado pero esencial de la historia. La obra, con su narrativa visual potente, se alza como un testimonio perdurable de la labor callada y vital de los portadores de agua en el Marruecos de tiempos pasados.

Jean Tarrit es un escultor francés nacido en Châtillon-sur-Chalaronne en 1865, estudió en la École des Beaux-Arts de París bajo la tutela de Gabriel-Jules Thomas y Jules Dalou. A partir de 1910, su viaje a Marruecos y sus bronces orientalistas le valieron reconocimiento, instalándose en Tánger y exponiendo en los Salones de la Sociedad de Artistas Franceses. Falleció en París en 1950, dejando un legado artístico apreciado por su realismo, atención al detalle y capacidad para capturar la esencia de la vida humana.

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