“EL AMOR A CAMBIO DE LA GUERRA”
Había una vez una sombra.
No era noche ni penumbra,
sino un hombre que olvidó la Paz
y se vistió de pólvora.
No era noche ni penumbra,
sino un hombre que olvidó la Paz
y se vistió de pólvora.
Inventó fronteras con cuchillos,
tiñó de sangre las oraciones,
y escribió en las paredes:
“Patria o muerte”,
como si no supiera que la tierra entera
es de Tata Dios.
tiñó de sangre las oraciones,
y escribió en las paredes:
“Patria o muerte”,
como si no supiera que la tierra entera
es de Tata Dios.
Allí comenzó la guerra:
con niños comiendo insectos,
con madres abrazando fantasmas,
con ancianos sin pasado ni futuro.
Y nosotros, los de la trinchera de las palabras,
gritamos desde las letras:
¡Basta!
con niños comiendo insectos,
con madres abrazando fantasmas,
con ancianos sin pasado ni futuro.
Y nosotros, los de la trinchera de las palabras,
gritamos desde las letras:
¡Basta!
Cada flor que nace sobre una mina
es un milagro.
Cada verso que tiembla en la garganta
es un fusil que no mata.
Cada lágrima que no se seca
es un grito que pinta la esperanza.
es un milagro.
Cada verso que tiembla en la garganta
es un fusil que no mata.
Cada lágrima que no se seca
es un grito que pinta la esperanza.
Porque el amor no se grita: se siembra.
Porque la paz no se ordena: se construye.
Como quien intenta atrapar una mariposa
sin romper sus alas.
Porque la paz no se ordena: se construye.
Como quien intenta atrapar una mariposa
sin romper sus alas.
Los que escriben decretos de muerte
desde sus escondites de acero
jamás conocerán
el calor de una risa,
la dulzura de un canto,
la mirada de un niño que aún cree en la vida.
desde sus escondites de acero
jamás conocerán
el calor de una risa,
la dulzura de un canto,
la mirada de un niño que aún cree en la vida.
¿Dónde está la vacuna contra la ambición?
¿Quién nos libra del poder sin alma?
San Agustín ya lo dijo:
“La Paz es un bien tan noble
que no hay sonido más grato,
ni deseo más dulce.”
¿Y no es eso, acaso,
una forma de nombrar al Amor?
¿Quién nos libra del poder sin alma?
San Agustín ya lo dijo:
“La Paz es un bien tan noble
que no hay sonido más grato,
ni deseo más dulce.”
¿Y no es eso, acaso,
una forma de nombrar al Amor?
Entonces propongo que encendamos velas.
Una por cada vida salvada.
Una por cada poema compartido.
Una por cada gaviota
que lleve nuestra súplica al horizonte.
Una por cada vida salvada.
Una por cada poema compartido.
Una por cada gaviota
que lleve nuestra súplica al horizonte.
Sí, es posible cambiar la guerra por amor.
Y si es utopía,
que sea la más excelsa de todas.
Porque vale la pena soñar
aunque el mundo arda.
Y si es utopía,
que sea la más excelsa de todas.
Porque vale la pena soñar
aunque el mundo arda.
Escribamos con tinta de espuma
y lágrimas de oro.
Pintemos con palabras
la única bandera
que no divide:
la PAZ.
y lágrimas de oro.
Pintemos con palabras
la única bandera
que no divide:
la PAZ.

