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EL AMOR Y LA GENITALIDAD Elias D. Galati (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

 

No llegaron al amor, se quedaron en el coito. ¡Qué pena!

Preguntar por el amor significa tratar de descubrir su verdadera esencia, su concepto primordial, o las características de las diversas formas de entenderlo.

En realidad nos enfrentamos a una cosmovisión, tan universal que abarca la totalidad de la existencia, ya que podemos decir que todo es amor.

Una de las formas de abordarlo, es a través de la explicitación de la forma “hacer el amor”, señalada como la concreción de la copulación sexual en la pareja humana.

Hay una profunda diferencia entre el amor y hacer el amor, y hay también una gran confusión en la concepción de lo sexual como el acto copulativo.

Así como el amor es inconmensurable, y abarca diversas formas, el maternal, el paternal, el de los esposos, la amistad, el deseo, el filial, la gratitud y tantos otros, la sexualidad también abarca la totalidad del ser.

El varón actúa, piensa, trabaja, proyecta, vive desde su sexualidad y con su sexualidad, y la mujer del mismo modo.

Otra cosa es la genitalidad, el componente específico de la relación material de la pareja.

La sexualidad abarca a la totalidad del hombre, varón o mujer, y se expresa en su comportamiento, en su pensamiento y en su trascendencia.

Decía una famosa bailarina clásica, que se baila primero con el sexo, después con el corazón y por último con los pies.

La culminación del amor, en toda su extensión, es la comunicación íntima entre los seres, que hace que se fundan en uno, como si la posesión fuera completa y se desplegaran en el ser del otro.

Pero no es sólo el componente genital, no es sólo la acción del coito, que llega a ser la culminación, el absoluto del amor en una relación que todo lo expresa, todo lo posee, porque lo da y lo deja en el otro.

Así como la sexualidad va más allá de la genitalidad, el amor va mucho mas allá que la sexualidad.

En el amor está la vida, lo totalidad de lo que soy, de lo que pienso, de lo que siento, de la humanidad y del universo que me rodea.

Además su trascendencia es tal, que nos pone al alcance del infinito

La Flauta Magica de Mozart, una de las maravilas musicales de todos los tiempos y una culminación de un proceso que según Barenboim después de su partitura pareciera que no hace falta más, toda otra composición sería superflua, escrita sobre un libreto de Schikaneder, expresa en el aria del Supremo Sacerdote y Guardián del Templo, Sarastro “el amor verdadero entre dos seres, es el origen de la sabiduría”, y también “no se conoce la venganza… el amor conduce de nuevo al deber”.

Si dos seres se aman realmente, como amantes, como amigos, como hermanos, como padres e hijos, están potenciando mutuamente sus emociones y sentimientos; ese sentir guía la razón, no hacia la negación del otro, sino a la contemplación del otro como parte de sí mismo.

Esa es la diferencia esencial entre el amor y hacer el amor, cuando éste último esta despojado de las cualidades del primero.

La sabiduría es saber vivir, conocer e interpretar el deber en las contingencias de la vida, actuar correctamente en cada acto de nuestro existir, adecuar nuestra conducta a lo que debe ser, y hacerla justa, equitativa, correcta y bondadosa.

Asi aprenderemos a ser sabios.

Por eso el saber escapa a la inteligencia, no tiene relación directa con la capacidad; en cualquier nivel y con cualquier intelecto un hombre puede ser sabio.

Con una condición primordial, ser bueno y saber amar.

La bondad es la justicia misericordiosa, es el respeto a la libertad y al disenso, es la corrección legítima para que uno pueda ser mejor.

Platón comparó el amor al conocimiento, lo señaló como un dios poderoso, pero no a todo amor, solo al amor que se manifiesta como deseo del bien, el amor a los seres como reflejo del bien y de la belleza absolutos.

Si la sociedad estuviera organizada respetando el principio del amor verdadero, otra sería la vida sobre la tierra.

Solo se necesita la aprobación de la voluntad de cada uno de nosotros para que nuestro comportamiento sea acorde a él.

La reflexión inicial, tiene que ver con la pena de quedarse sólo en hacer el amor; es muy poco, es mezquino, intrascendente, si no va acompañado del sentimiento y de la emoción de los seres que se comprometen a amarse de verdad, a que su relación los haga crecer, los haga mejores, les permita entenderse y trascender esa maravilla del amor, hacia los demás, hacia los semejantes, hacia sus hermanos en un acto total y universal del amor.

Amemos de verdad, y como decía San Agustín, ama y has lo que quieras, porque desde el amor lo habrás hecho bien.

 

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