América LatinaCrónicasFeaturedFin de Trayecto

EL ASOMBRO DEL NIÑO, Elías D. Galati (Argentina)

Reflexiones

Asombro es el pasmo o admiración que provoca una persona, un objeto o un acontecimiento.

Aquello que estimula nuestros sentidos y nuestra mente, muchas veces nos

asombra.

Asombrarse es una condición natural de los niños, ya que la mayoría de los

estímulos son nuevos.

Para la psicología es un estado emotivo provocado por objetos desconocidos,

aparentemente importantes y desconcertantes.

El grado superlativo del asombro es estar atónito, vale decir sin capacidad

de reacción.

La capacidad de asombro del niño es la estimulación temprana natural» que

el niño lleva dentro y que lo impulsa a descubrir el mundo que le rodea, a

motivarse por sí mismo.

Ya en la Grecia Magna se señalaba que el motor del niño era algo intangible,

llamado alma, inteligencia, energía, espíritu entre otras denominaciones.

Asimismo señalaban que el principio de la filosofía era el asombro, como se

expresaba esa condición inmaterial que mueve al hombre.

Es por ello que el mejor aprendizaje se produce cuando se infiere sobre el

propio ser y su asombro, por encima de los estímulos, la excitación de los

sentidos y el modelo de la emulación.

La pedagogía y la neurociencia han reconocido al asombro como la cuestión

primordial en la educación.

María Montessori fue pionera en dicha cuestión, cuestionando paradigmas

educativos y el neurocientífico estadounidense Dan Siegel en el siglo XX,

señaló que no hace falta bombardear a los niños con excesivas

estimulaciones sensoriales para mejorar su cerebro, ya que el cerebro se

desarrolla adecuadamente dentro de un entorno medio que proporciona la

cantidad mínima de estimulación sensorial.

Por ello el protagonista no es el método ni la cantidad de estímulos, sino el

hombre, desde niño y también desde adulto, que desarrolla sus facultades a

partir del asombro.

La vida fluye a nuestro derredor, y es nuestra capacidad la que determina la

forma de receptar sus estímulos, codificarlos sensorialmente y aplicarlos a

nuestra existencia.

Es el sentido griego de la sabiduría, que no es otra cosa que saber vivir, saber

aplicar nuestros conocimientos a los hechos y circunstancias de la vida, y

elegir las mejores opciones.

La naturaleza nos asombra, la existencia nos asombra, los hombres nos

asombran, permanentemente, y sin límites.

La actitud del niño es recibir esa impresión tal como es, en su estricta

realidad, sosteniéndola y aplicándola a su vida.

Sin tener conciencia todavía, que ha aplicado el concepto de verdad, porque

no tiene la condición del adulto que la tamiza con sus intereses, sus

preferencias y sus conveniencias

Es la impresión pura la que provoca el asombro del niño y también del

adulto.

Qué es lo que hace con ella, como la incorpora a su vida es la cuestión.

La verdadera sabiduría consiste en la exacta aplicación de los estímulos a

nuestra vida, en la aceptación de la verdad, de lo real, de lo que es,

aplicándolo a nuestro comportamiento, a nuestra forma de ver la vida, y de

ser nosotros y nuestra conducta.

En el niño es natural, en nosotros los adultos exige un acto de humildad, de

sentirnos falibles e imperfectos, de creer que tenemos siempre que aprender

y que el asombro es la puerta para ser mejores, vivir una mejor comunidad y

poder cambiar las condiciones de nuestras relaciones.

Asombrémonos, aceptemos el pasmo de lo nuevo que se acerca a nosotros,

nos toca, nos interpela y nos conmueve.

Seamos plásticos en nuestra condición, no nos cerremos y encasillemos en

situaciones rígidas, aceptemos que es posible ser mejores, que hay lugar para

el progreso y para constituir relaciones más certeras y acertadas.

Miremos el mundo con esa cara de niño que se emociona, se alegra y tiene

la intención de lanzarse a la acción, con aquello que ha aprendido e iniciar

un camino hacia la paz y la felicidad.

Asombrarse, aceptar la realidad es un acto de amor, reservado para los

humildes, los sinceros, los honestos, los justos, los pacíficos, los que desean

que todos los hombres vivan en un marco de alegría y de felicidad.

MEDITACION PARA FIN DE AÑO

Suave brisa que acaricia

mi rostro al despertar

como fuera quien inicia

la manera de expresar

no tiene ninguna prisa

no llega a ningún lugar

la divinidad realiza

su obra sin esperar

que comprenda la pericia

de su paso tan fugaz

rememorando delicias

dándole al hombre solaz

es el tiempo sin codicia

es el amor que nos da

es la existencia propicia

que nos permite alcanzar

la belleza, la justicia,

el don de la hermandad,

la relación sin malicia,

la paz, la felicidad.

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page