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EL CÁLCULO DE LAS EMISIONES DE CARBONO DEBE CAMBIAR YA Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD – Docente – Chile

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Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. – Docente, Chile

Las emisiones de carbono representan, en la actualidad, un importante costo social para los habitantes del presente y del futuro, en términos del costo del cambio climático que produce inundaciones, sequías, pérdidas agrícolas, muertes por hambrunas, desaparición de fauna, etcétera.

Trump, siendo presidente de Estados Unidos (EE.UU.) lamentablemente, minimizó los costos de la contaminación por carbono. “Estas funciones de daño aún conllevan grandes incertidumbres”, dice Ben Groom, economista de la Universidad de Exeter. “Las capas de hielo podrían colapsar más rápido de lo previsto, las costas inundadas o podrían surgir nuevas tecnologías para ayudar a mitigar o adaptarse al cambio global, reduciendo su daño económico”.

Por otro lado los científicos sociales no tenemos la menor idea de los modelos que puedan llevar felicidad a la gente, en especial en estos momentos que tratamos de sobrevivir a la pandemia del Covid-19. Trump, equivocadamente y bajo sus pensamientos anómalamente ignorantes bajó las estimaciones del costo del carbono en la naturaleza, desechó abiertamente regular los gases de efecto invernadero, ya sea normando las emisiones de las centrales eléctricas, o normando los estándares de eficiencia de los aparatos electrodomésticos. Por ahora, el precio por tonelada de dióxido de carbono (CO2) emitido, metano y óxido, aumentará drásticamente.

El nuevo presidente de EE.UU en el primer día en el cargo, creó un grupo de trabajo interinstitucional (IWG, por sus siglas en inglés) ordenándole actualizar el costo social en no más de 30 días, del carbono. La gran mayoría de los economistas estadounidenses creen que el costo, fijado tan bajo como US.$ 1 durante la administración Trump, aumentará hasta $ 125 en el próximo mes, y aún más alto en enero de 2022, cuando el IWG deba proporcionar un número final.

Las regulaciones que seguramente serán más estrictas sobre gases de efecto invernadero serían, obviamente, producto de las actualizaciones ordenadas por la nueva administración. Hace mucho tiempo, « Ha habido un gran cambio en la ciencia que no se ha reflejado en las políticas », dice Tamma Carleton, economista de la Universidad de California (UC), Santa Bárbara.

El gran problema de los economistas y econometristas  es, sin duda, calcular los costos sociales del carbono los cuales deben basarse en docenas de ítems complicados que en demasiadas ocasiones incluyen juicios de valor. De esta manera, los calculistas de costos, la mayoría de las veces, deben utilizar modelos de evaluación integrados (IAM, por sus siglas en inglés)

Los modelos de evaluación integrados (IAM) son herramientas usadas por primera vez por William Nordhaus de la Universidad de Yale quien ganó en 2018 el Premio Nobel de Economía por su trabajo, el cual es usado en la actualidad por la mayoría de los economistas. Estos modelos poseen un fundamento matemático que logra representar interacciones complejas entre diferentes escalas espaciales y temporales, procesos y actividades.

“Los IAM proporcionan un esquema relativamente simple para abordar el problema multidimensional de cambio climático, mediante la generación de escenarios posibles que asistan a la toma de decisiones y a la evaluación de políticas”.(Ver:http://www3.epa.gov/climatechange/EPAactivities/economics/scc.html) Estos modelos producen información que difícilmente podría obtenerse con otros enfoques de evaluación y, por eso, han sido frecuentemente utilizados por diversas dependencias gubernamentales para evaluar los costos de los impactos del cambio climático y de las acciones para reducirlos.

En su forma más general, estos modelos pueden incluir: factores socioeconómicos, demográficos, tecnológicos, de producción y de consumo, que intervienen en la generación de emisiones de carbono; representaciones simples de la bioquímica del ciclo de carbono y la química atmosférica que determinan las concentraciones atmosféricas de éstos y otros gases trazando módulos simples de clima para estimar el forzamiento radiativo y los cambios en el clima global y regional al igual y; módulos para estimar los impactos en sistemas biofísicos y en la economía regional y global” (Parson y Fisher-Vander, 1997; Hope, 2006).

En otras palabras, los IAM proyectan la población, el crecimiento económico y las emisiones de gases de efecto invernadero a varios cientos de años en el futuro, y utilizan un modelo climático simple para estimar el calentamiento en esos escenarios. Además, calculan el daño económico que resulta de este calentamiento (inundaciones, muertes por calor y más) y el costo resultante en el producto interno bruto (PIB) de una nación. Esto se traduce en un precio presente utilizando una tasa de descuento, o tipo de descuento o coste de capital que se aplica para determinar el valor actual de un pago futuro. que representa tanto el mayor poder adquisitivo esperado de las generaciones futuras (que rebaja el precio actual) como el valor que le damos a evitar daños (lo que lo eleva).

Durante el gobierno de Obama, el IWG después de considerar el daño global y aplicar una tasa de descuento estándar del 3%, obtuvo una cifra de US.$ 53 por tonelada (en dólares de 2020). Pero en 2017, Trump disolvió el IWG y reajustó su costo de carbono para que solo tuviera en cuenta los daños futuros a Estados Unidos, no a nivel mundial, y también aumentó la tasa de descuento al 7%, un nivel que devaluó muchos daños futuros y redujo drásticamente la cifra de costos sociales.

Por su parte Biden ha dicho que volverá a incluir los daños globales en su estimación de costos, teniendo el apoyo científico de muchos economistas que están a favor de reducir drásticamente la tasa de descuento. Los bonos del Tesoro de EE. UU. A 10 años protegidos contra la inflación ahora promedian solo un rendimiento del 1%, una señal de que el poder adquisitivo futuro puede no crecer tan rápido como antes.

Una tasa de descuento del 2% refleja mejor la necesidad de evitar responsabilizar a las generaciones futuras. Los economistas también han sugerido que Cuando Nueva York estableció su propio costo de carbono a fines de 2020, utilizó una tasa del 2%, lo que elevó el costo a US.$ 125 por tonelada. El IWG, incluirá personal de ocho agencias federales, debería también considerar la adopción de un estándar provisional similar, « Según el rendimiento del capital que estamos viendo, existen buenas razones por las que esas tasas deberían revisarse a la baja », dice Fran Moore, economista de UC Davis.

También es probable que las mejoras en otros componentes de IWG aumenten el costo social del carbono. Anteriormente, cada IAM se basaba en una simulación climática simplista, escrita por un economista, en la que el globo tendía a calentarse más lentamente, para las mismas emisiones, que en modelos climáticos más realistas. Ahora, los IAM se pueden vincular a modelos creados por científicos del clima, que se ajustan mejor a la ciencia actual.

De esta manera, Resources for the Future, un grupo de expertos ambientales que ha servido efectivamente como un IWG en el exilio, ha patrocinado un trabajo para mejorar las proyecciones económicas base utilizadas por los IWG. Un equipo, liderado por el economista Ulrich Müller de la Universidad de Princeton analiza las tendencias a partir de los datos del PIB de 113 países entre 1900 y 2017, proyecta el crecimiento económico a nivel de país, aunque con gran incertidumbre, hasta 2100. También se está realizando un trabajo similar para el crecimiento demográfico energía usada. Sería muy conveniente que los expertos de cada país contacten a este grupo de estudios.

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