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EL CAMINO DE LA EXISTENCIA Elías D. Galati (La Argentina)

 

La vida de los hombres es un camino que cada uno recorre con sus alforjas, pero en un sendero común y acompañado de sus semejantes.

El relato y la comprensión de ese camino es la Historia, nuestra historia y la de la humanidad.

En su transcurso hay hitos importantes, momentos que por su trascendencia actual, o por la proyección futura en la humanidad, han marcado con su estigma y su sello una época.

Es por ejemplo El advenimiento de Cristo, la Revolución Francesa, y tantos otros.

Este año 2020 seguramente será conocido como el año del virus y de la pandemia, y también porque no de la crisis sanitaria mundial.

Las grandes crisis de la historia generan un proceso de cambio tanto en las personas como en la sociedad, y esta situación sanitaria mundial es una de ellas.

Sin embargo desde el inicio de esta pandemia, se ha producido una situación que excede el cambio y ha revolucionado nuestro comportamiento, nuestras ideas y nuestras proyecciones.

De improviso, sin tener en cuenta la aceptación  individual o no, de las nuevas normas, el individuo se vio compelido a adoptar comportamientos, situaciones y relaciones, que no tenía previstas, y que si hubiera sido preguntado quizás se hubiera opuesto.

La vida personal y social, verdaderamente se revolucionó.

Cambió en todo sentido, en la forma de ser, en la forma de estar, en la forma de relacionarse, en la manera de trabajar, estudiar, vincularse con la familia, con las comunidades tanto escolares, laborales, culturales y deportivas.

Nada de lo que se hacía, se hizo de la misma forma.

El cuidado personal pasó a un primerísimo plano y las condiciones de la higiene y vestimenta también.

Esta circunstancia fue imprevista, no dejó opción, los que acuerdan o desacuerdan están en la misma situación, y el camino de la existencia transcurre marcado por la intromisión de un elemento extraño al ser, que lo condiciona totalmente.

Es un proceso no tradicional, revolucionario por los efectos producidos, no en el sentido común de la revolución.

Estamos en ella, desde el comienzo; nos ha sacudido trágicamente, con la enfermedad, la muerte, el confinamiento, la falta de libertad de elección, los condicionamientos en todas las áreas de nuestra vida.

Fundamentalmente en las relaciones humanas, en  la conformación de nuestra vida con el otro, en el contacto personal y en la convivencia con nuestros afectos.

Pareciera que no podemos salir de ella, y que depende del factor externo, el virus y su desarrollo, la salida, a pesar de los esfuerzos de la ciencia y de la técnica en la concreción y proyección de la vacuna que pueda inmunizarnos contra el agente viral.

Pero es sabido que los procesos son largos, que quedan secuelas, y por la experiencia de todas las epidemias anteriores, nunca es absoluto el control sobre ellas.

Este proceso extraño nos plantea una cuestión inédita; queremos salir de la situación que padecemos, pero el proceso en el cual fuimos obligados a entrar, nos ha cambiado drásticamente la vida.

Es decir intentamos salir del proceso en medio de una conmoción personal y social.

Los cambios se nos impusieron obligadamente por las circunstancias, y ahora debemos lograr la forma de adaptarlos a un nuevo orden, que en sí es una revolución.

Los cuidados personales y las relaciones sociales están  marcados por el estigma de la pandemia, la forma de trabajar, de estudiar, de ir a la escuela, de hacer deportes y la recreación también.

Hemos visto exponenciar la revolución informática hasta en los más reticentes.

Las reuniones, las clases, los trámites administrativos, judiciales, culturales, los congresos, los encuentros han sido virtuales, y seguirán siéndolos.

Todos los agentes sociales, y todas las relaciones de cualquier índole se han tenido que adaptar a ello.

El desafío es como salir, y para ello hay que tener en cuenta que la proyección se hace en base a los principios y valores que detentamos.

En ese sentido hay que priorizar la educación y la honestidad, es decir combatir la ignorancia y la corrupción; y que la dignidad del hombre sea esencial, y de dicha dignidad salga la libertad personal que significa, la posibilidad de elegir como crecer como persona y como desarrollarse socialmente.

Sólo saldremos y construiremos un mejor camino de nuestra existencia si respetamos la libertad, la justicia, la honestidad, la armonía, la solidaridad, la paz y la felicidad de todos

Hermandad

Soy aquel que surge del encuentro

de la potencia interior que lo consume

con la vida que fluye en el momento

que le toca vivir, el cual asume 

como una forma de ser, es el sustento

del alma personal, es su perfume

encarnado en el otro, que presiento

es la forma de ser hombre, y presume

el ideal, la libertad echada al viento

razón poderosa que se sume

al don divino compartido en el aliento

vital, condición que la resume 

porque no hay vida posible si no siento

la hermandad, relación que no se esfume

Elías D. Galati

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