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“EL CIELO LLORA” Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna de infomarruecos.ma

Llora el cielo en la oscura noche. La lluvia le presta sus lágrimas frías. El viento, su lamento de hojas y ramas. El mundo está golpeado y ellos lo saben, por eso comprenden al cielo que llora desconsolado inundando los surcos de la tierra fértil cuya piel fue quemada por la mano del hombre que la cubrió de insecticidas. Pero no sólo por eso llora el cielo. Lo hace por la vida desperdiciada por el ser humano, por la ignorancia  y la rebeldía de aquellos que se entregan como mansos locos a las manos asesinas de un desconocido que no logra ser derrotado por la ciencia del mundo. Sus lágrimas no hablan, tratan de ahogar al fantasma. Nadie comprende que ese DIOS al que  pedimos o rogamos protección para la humanidad no puede hacerlo si no estamos todos de acuerdo en que necesitamos su milagro, y la vida se escapa en el desafío del barbijo o no barbijo, del mate compartido o no compartido, del bailable a escondidas o no, de la distancia conveniente o no, de la vacuna o no, y ríen  junto a la muerte  que espera agazapada la complicidad del fantasma que le regala paquetes de vidas como cajas de bombones. El cielo sigue llorando de impotencia por aquellos que abandonados por sus pares, cada mañana arriesgan su existencia por el futuro de sus hijos, por el medicamento para continuar viviendo, por un pedazo de pan sobre la mesa familiar, que salen a la calle desafiantes aún temerosos, pero defendiendo la vida y por los que se arriesgan hasta a perderla  para salvar la de otros. Yo comprendo las lágrimas del cielo, lo que no entiendo es por qué algunos seres humano, se creen omnipotentes ante lo potente y a esta pandemia que arrasa país tras país en el mundo entero sin distinción de raza, religión, idioma ni banderías políticas le facilitan el camino de su meta: “Destruir sin piedad, (SEGÚN DICEN),  la más excelsa obra de DIOS, EL HOMBRE”. En este momento parece que la consigna de los que cómo Pilatos  se lavan las manos, fuera: “sálvese el que pueda y sálvenme los que puedan” el cielo sigue llorando y las nubes no le prestan su capa para que no sienta frío, ni su pañuelo para que seque sus lágrimas, no puedo prestarle el mío por eso a modo de cariño lo miro en silencio y le arrojo un beso al infinito, para que sepa que no todo está perdido, aún hay seres benditos que luchan para derrotar al virus.  Por favor, no lo hagas por mí, sino por ti y los que te aman. “cuídate”, “cuídate”, recuerda que: “A la vida te la dan, pero tú la haces”. Por eso en estos días de  aislamiento y restricciones por doquier BRINDO POR LA VIDA.  Brindo con un vaso de buen vino,  para que después de la tormenta  llegue la calma. Para que la sed de los malos recuerdos tengan lluvia de olvido. Brindo para que a este tiempo difícil le aguarde el color  de la ilusión. Brindo para que se apague el cañón de la violencia y sembremos piedras de amor, dejando atrás el no puedo más y él no te metas.   Brindo por el verdor de los cuerpos, el sexo de las flores, el polen de la risa y todas las estrellas confundidas como  gotas de lluvia. La naturaleza ante el enemigo invisible se revela y estalla en  un brindis que comparte con el hombre su sabiduría, su tiempo sus orillas. Entrega sus formas sus colores y nos alienta a no desperdiciar el instante en que la boca busca el zumo con una sonrisa  Brindo para  que la bienaventuranza se  anide en el corazón de cada uno.  La vida es lluvia, fuego que arde, viento, trueno y sol que da luz.  Vive mi querido amigo en estos tiempos aciagos al máximo potencial, y lucha siempre por tus sueños. Brindo por la vida para que el CIELO DEJE DE LLORAR.

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