CrónicasFeaturedSociedad

El cine y La emigración Ahmed Elamraoui

Tribuna infomarruecos.ma

 

La emigración, es una fuente muy rica para los cineastas y los guionistas. Pero sus opiniones sobre ese fenómeno, dependen de sus ideologías y de las corrientes políticas o intelectuales a las que pertenecen. A partir de ahí, elaboran sus mensajes al telespectador. Se añade a ello otro dato que es la particularidad del país donde se produce la película; porque hay diferencia entre país acogedor y otro exportador de la emigración.

            En España, que es un país acogedor de una masa muy importante de emigrantes, aparecieron algunas películas de este tipo en la primera década del actual siglo. Citamos como ejemplo: las Hijas de Mohamed (de Silvia Mont 2003), y también otro trabajo cinematográfico titulado: Un Franco, 14 Pesetas, dirigido por Carlos Iglesias, y con la participación como actores: del mismo director y Javier Gutiérrez, Isabel Blanco y Nieve De Medina. Y eso se realizó  con la colaboración de la televisión de Galicia en 2006.

La salida de estas películas, se coincidió con la subida notable del número de los extranjeros en España. Esta nueva situación hizo que la emigración ocupara el segundo lugar entre las preocupaciones de la sociedad española después del terrorismo interior o exterior que este país sufrió a la sazón. Y en aquellos años (2005) también, hubo una regulación de millares de residentes ilegales, decretada por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero; cosa que provocó el enfado y el desacuerdo de la derecha política liderada por el PP que rechazaba lo que entonces llamaba “el efecto llamada de la emigración”, sobre todo la arabo-musulmana.

Lo que caracteriza la película: un franco 14 pesetas, es su manera de elaborar el tema de la emigración española hacia fuera en la época dictatorial del Caudillo en los años sesenta. Su importancia pues, está en su tratamiento universal de la emigración y sus motivos, y es ¬ en mi opinión¬ una bofetada artística a la derecha política, porque este trabajo hizo hincapié en las condiciones donde vivía el pueblo español bajo la dictadura que alimentó las ideas racistas altaneras del partido popular.

En este papel que no pretende ser una crítica cinematográfica (porque se escribió mucho sobre esta película desde aquel punto de vista), voy a comparar el contenido del escenario con situaciones semejantes, en las que fui testigo siendo emigrante en España hace tiempo. Y mi objetivo es decirles a los de la derecha que lo que hacen o hacían algunos inmigrantes, ya lo habían hecho sus compatriotas estando fuera de España, y que a fin de cuentas, se trata de diferencias y choques entre culturas emigrantes y otras autóctonas, y no de la superioridad de una raza sobre otra.

 Recapitulamos la historia en pocas palabras: había dos jóvenes españoles casados (Martin -Carlos Iglesias-, y Marcos -Javier Gutiérrez-) quien decidieron irse a Suiza en los años sesenta, porque en su país les echaron del trabajo. Y después de algún tiempo sus mujeres les alcanzaron.

Al comienzo de los hechos, el cineasta nos demostró cómo vivía una clase de la sociedad española¬ entre pobre y media¬. Algunos escritores de la época como Juan Goytisolo, describieron también como algunas zonas y ciudades eran marginadas: Andalucía y Almería por ejemplo. Los emigrantes de estas zonas hacia ciudades como Madrid y Barcelona vivían incluso en chabolas, excluidos y marginados.

Cabe, aquí, destacar la semejanza de los motivos que empujan a los seres humanos a pensar en cambiar de sitio y buscar otros horizontes; porque España era un país exportador de la mano de obra por culpa de la política dictatorial, y la guerra civil y el modesto nivel de vida de entonces.

Los hechos reales según el crédito de la película, pueden ser divididos entre  los espacios donde se desarrollaron: Madrid y otra ciudad Suiza cuyo nombre no pudieron pronunciar bien los personajes. El cineasta eligió también algunos sitios por su gran importancia en la vida de los emigrantes.

Madrid o la ciudad amada :(en la vida de cada emigrante hay un punto de salida que a veces jura que no vuelva a verlo nunca, pero al final vuelve)

En Madrid se ven las crisis de entonces: el sufrimiento de hombres y mujeres en los medios de transporte público, más la crisis de vivienda. Al mismo tiempo la cámara se mueve entre la túnica de las monjas  y el tacón alto de una mujer, como señal del inicio del cambio social.

Estas circunstancias más el desempleo, son el motivo de la reunión familiar para decidir sobre el futuro; y como es habitual, la madre se opone a la partida de su hijo diciendo lo de siempre: lo que come uno, lo comen seis. Mientras que el padre se pone al lado del hijo. Lo que hizo la familia española así en los sesenta, lo hicieron las familias de las zonas pobres de marruecos, de otra manera en los noventa, apretando el cinturón para recoger el dinero para la emigración clandestina y rezando que las cosas pasaran bien, o recaudando un dineral para un contrato de trabajo (muy a menudo como pastor en Cantabria).

Después de obtener los contratos de la empresa helvética, y visto que los papeles del consulado suizo tardaron en salir, se preparaba el viaje hacia fuera fingiendo el turismo. Y luego se pasó por la aduana con todos los problemas, que los dos hombres confrontaron: desconocer la ley, la lengua, incluso la geografía, desconocían también que el jamón ibérico no estaba bien recibido en Suiza. Al igual que el Kordas marroquí (las vísceras del cordero secadas en el sol y recogidas por tripas también secas) cuando se lo lleva el emigrante marroquí, después de visitar a su tierra, eso llama la atención de los funcionarios de la seguridad en el puerto: agentes y perros.

El tren en Suiza: espacio cerrado, elegante y lujoso.

Los dos hombres empiezan a comer lo que pudieron hacer escapar del registro aduanero, pero cuando acabaron, arrojaron los restos en el suelo del apartamiento; entonces se levantó una anciana sin decir ni una palabra para poner orden de limpieza en un gesto civilizado y elegante, pero reprochador, ante las miradas de los dos españoles que al parecer no estaban acostumbrados a hacer tales gestos. Eso pasó en un espacio cerrado…

Nos dirigíamos, Ponce y yo, en el coche para hacer una faena del verano, cuando abrí una lata de bebida fresca y me la tomé, al acabar me la eché por la ventanilla. Ponce grito como si fuera un terremoto: ¿qué has hecho? ¿No me lo esperaba de ti?

  • Estamos casi en el desierto, hombre. Es una carretera rural.

  • Y qué?

El reproche es uno, pero los medios son diferentes.

El hostal suizo: el lujo

Al llegar, los dos hombres se quedaron boquiabiertos cuando compararon entre los dos países: cuando hay mucha diferencia, la comparación es inútil. En aquel momento vuelve el problema de la comunicación, entonces empezaron a comparar las fonéticas de ambos idiomas para sacar algún sentido o significación, todo eso con la ayuda de gestos mímicos.

Aquí me acuerdo de un amigo del trabajo, quien se fue a una tienda de alimenticios para comprar huevos: en la vida del recién emigrante, los huevos tienen muchísima importancia y valor. Pues cuando se cansó de explicar, puso un dedo encima de la nariz (el pico), y puso la otra mano en su trasero, como sacando algo de ahí, añadiendo el sonido de cococo. La asistenta le entendió enseguida. Y a decir la verdad, los comerciantes españoles te ayudan así hasta lograr tu objetivo.

En el hostal, van a descubrir por primera vez a unos grifos, de donde sale dos tipos de agua: fría y otra caliente, en dos sencillos gestos: derecha e izquierda. Además descubrieron un papel mágico bienoliente para limpiarse después de entrar al servicio en vez de usar papel de periódicos como en España.

Un emigrante  empieza, siempre su nueva vida, austero porque no sabe lo que se avecina. Por eso Marcos advierte a su amigo sobre el posible elevado precio del desayuno, y que por lo tanto había que comer poco para ahorrar. De la otra parte, la camarera estaba enfadada por el desconocimiento de la lengua. Entonces les informó luego que el desayuno era gratis. El problema de la lengua les dejó también en apuros dentro de la habitación, porque en vez de cubrirse con las sabanas blancas, se durmieron por encima de ellas y se cubrieron con las chaquetas.

Finalmente aparece en el hostal alguien que hablaba castellano, para decirles que la empresa se encargó de pagar su alojamiento en el hostal, pero la alegría de superar el dilema de la lengua no duró mucho. Después de que el salvador se diera cuenta de que eran de Madrid, dijo secamente: yo soy de Barcelona, lo de que sois oficiales de primera lo sabremos en el taller.

Aquel era de Barcelona, o sea republicano, y encima es responsable en el taller donde iban a trabajar diariamente. Pues las cosas no iban a ser fáciles para ellos. En la escalera de la oficina para cobrar, el catalán les sorprendió diciendo:

  • ¡Daos prisa! bajitos de Madrid.

El emigrante a pesar de todo tiene un orgullo para defender si no es de uno los pelotas que adulan y hacen reverencias,  Martin reaccionó:

  • Somos bajitos porque tenemos un solo padre, no como algunos.

 Esta era una respuesta tan violenta, que huele a algo político implícito, porque se puede leer que Martin refiere al comunismo del sexo en el pensamiento marxista comunista tan floreciente en aquellos tiempos, mientras que en España había una educación conservadora. También puede aludir a las muchas nacionalidades que se atrincheraron al lado republicano frente a Franco y sus falanges.

Muchas son las situaciones como esta, en la vida laboral de los trabajadores marroquíes; es que cuando uno de ellos se hace responsable, empieza a actuar como si fuera el verdadero jefe, más que eso se endiosa. Yo vi e escuché en dos ocasiones, en dos diferentes sitios, como los dos encargados marroquíes insultaba a los trabajadores, insultos e injurias que te hacen sudar por sus gravedades, que ni siquiera el dueño del trabajo puede decir.

La esposa de Martin visitó sorprendentemente con su pequeño al marido, después de ser estafada por un empresario hipotecario, perdió el dinero que ahorró durante años de trabajo. En la aduana muestra al pequeño trucos para engañar a los funcionarios y hacer pasar una caja de comida española para el marido. Era una verdadera sorpresa, porque Martin no quería que viniera, pero ella insistió para quedarse sobre todo cuando vio como se vivía en Suiza, incluso prepuso salir al trabajo, cosa que la mentalidad del hombre español no aceptaba entonces.

La estancia de la mujer al lado del marido en el extranjero es un factor de estabilidad, porque con su buena gestión, y su comunicación rápida con otras mujeres, pudo ahorrar el dinero del alojamiento en el hostal para vivir en un piso menos caro. Pero esto no fue fácil ante el rechazo de las autóctonas para alquiler pisos a extranjeros españoles.

El problema de estafar a emigrantes sigue todavía en Marruecos. Y lo de alquiler pisos en España, también es un gran problema. Una periodista española cuenta en un programa televisivo sobre el racismo, que su llamada telefónica fue bien recibida dado que hablaba igual que los dueños, y luego cuando se vistió como mujeres musulmanas se negaron a concluir el contrato con ella, nada más ver el vestido.

La escuela: la esperanza en una enseñanza mejor.

El emigrante tiene que pensar en la escuela para el futuro de sus hijos. Martin insistió en que su hijo estudiara ahí, porque es buena y gratis. En este sitio también se chocan las culturas sobre todo lo que concierne la educación sexual; porque en Suiza se aprendía a pie de letras en total libertad, mientras que en España se tendía más a una educación tradicional que cuenta con la metáfora en vez de la ciencia, el chico español dijo a la profesora que lo que dice era diferente de lo que tenían en España: allá, la cigüeña trae a los niños desde parís, esto levantó una ola de risas y comentarios.

A veces vienen noticias malas para el emigrante de su propia tierra, como cuando un pariente esta muriéndose. Es lo que pasó a Martin; quien se obligó a incorporarse a la familia en estos dolores momentos. Y noticias como estas sacuden al emigrante, y le empujan a pensar en la vuelta definitiva a su tierra puesto que es algo inevitable. Entonces Martin convenció a su mujer para regresar a vivir en el nuevo piso de Madrid.

Madrid otra vez: la vuelta del pájaro

Cuando el emigrante se ve obligado a regresar a su tierra, su gente y a su barrio, este momento es el más duro en su vida, sobre todo si tiene hijos nacidos o educados fuera. La familia de Martin volvió después de despedirse de la amigos, ¿qué  es lo que encontró?

El gran impacto se lo llevó el pequeño, cuando vio que iban a vivir en un pobre barrio de Madrid, donde su abuelo se dedicaba a varear lana y hacer colchones, entre polvo y suciedad, y además su pierna artificial pegada a la pared. La mala pierna del abuelo asustó al chico, quien no se atrevió a acercarse a él para saludarle. A su lado un par de chiquillos perseguían un pobre perrito con piedras. Esta suciedad como indican los pucheros en su cara, no la veía en Suiza. Es que había dicho a su padre Martin que él no era emigrante como él.

Uno de mis conocidos en España, me contó que viajó con sus hijos pequeños a Marruecos, y nada más ver lo que vieron (de diferencias), el menor dijo:

  • Papa ¿Este es tu país?

Cuando se instalaron en el piso, Martin decidió salir a buscar trabajo para sostener a los suyos. Pues pensó visitar al taller donde aprendió y trabajó antes de que le echaran a la calle. No se cambió nada. Es lo que vio con sus propios ojos. Además vio a su maestro sufriendo como siempre:

  • ¿Por qué vuelves ahora? Crees que las cosas están bien? En este jodido país siempre estamos en crisis. Ojala no hubieras vuelto. ¿Acaso has venido a pedir trabajo? No le des oportunidad al jefe para vengarse de ti.

Pero la opinión del borrachero jefe vuelto de la taberna, fue agresiva y fuerte:

  • ¿No has jurado que no volvieras a pisar este taller? ¿Porque has venido?

Me parece que el cineasta eligió al jefe para que representara al mismo Franco, y el taller era España que necesitaba reformas y cambios, pero él se negaba tajantemente, y actuaba como si las cosas fueran bien.

En lo que al emigrante marroquí concierne, pues la decisión de volver al país para siempre, es algo que su entorno rechaza rotundamente. Y es objeto de muchas burlas y comentarios.

En plena crisis de 2008, muchos trabajadores perdieron sus puestos de trabajo. Uno de ellos decidió devolver el piso al banco y enviar su familia a su tierra para ahorrar el dinero de la hipoteca; pero la mujer se negó y se quedó mientras que él viajó a Marruecos. Cuando volvió, vio como su mujer pedía limosna delante de los comercios.

La última y dolorosa palabra que podemos recordar vino en la película así:

  • ya no somos de ninguna parte.

Cuando el emigrante es marginado en el extranjero, y cuando se siente extranjero en su propia patria, ya es apátrida.

 

Afficher plus

Articles similaires

Laisser un commentaire

Votre adresse e-mail ne sera pas publiée.

Bouton retour en haut de la page